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	<title>Memorias de un camello con tres jorobas &#187; Cuba</title>
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		<title>Sábado 15 de marzo: la última noche en Varadero y el día que le tocaron el paquete al Verjas</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Sep 2008 17:25:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Sánchez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Viajes]]></category>
		<category><![CDATA[Cuba]]></category>
		<category><![CDATA[teleco]]></category>
		<category><![CDATA[Varadero]]></category>
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		<description><![CDATA[Un ruido me despierta. Malo. Si no es el “Yves Larock – Rise up” de mi despertador es que es pronto –al menos más pronto de lo que pensaba levantarme. Abro un poco los ojos, lo justo para poder mirar la hora en el móvil. ¡Las 7:30! Abro un poco más los ojos y veo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Un ruido me despierta. Malo. Si no es el “<a href="http://www.youtube.com/watch?v=AjHSu4wNTyw">Yves Larock – Rise up</a>” de mi despertador es que es pronto –al menos más pronto de lo que pensaba levantarme. Abro un poco los ojos, lo justo para poder mirar la hora en el móvil. ¡Las 7:30! Abro un poco más los ojos y veo que David y Kike están vistiéndose y preparando su mochila. “<em>¿Pero a donde coño vais a las 7:30 de la mañana?</em>”, les pregunto. Es Kike quien responde: “<em>pues a dar una vuelta en catamarán y a comer cocodrilo</em>”. “<em>Ah, vale…</em>”. No creo que a nadie que haya dormido dos horas y cuando se despierta le dicen que van a comer cocodrilo se le ocurra algo más ingenioso que responder.</p>
<p>Como no voy a volver a dormirme –yo soy así, una vez despierto no hay manera de dormir de nuevo– pienso en algo para matar el tiempo. Decido que es un buen momento para salir a correr por la playa y quemar las toxinas acumuladas durante todos estos días, que seguro que no son pocas –no creo que beber ron Mulata sea muy sano. Me pongo el bañador, camiseta y crema solar y cojo la toalla. Seguro que un baño después de la carrera me sienta de lujo. Bajo a la playa. No me cruzo con casi nadie por el camino, sólo con los canadienses más madrugadores –o quizás no se hayan ido a la cama aun. Dejo mi toalla en una hamaca, bajo una sombrilla y empiezo a correr. ¡Mierda, no me acordaba de que la arena de la playa está llena de conchas! No me voy a dar la vuelta ahora que ya he bajado así que sigo corriendo.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm4.static.flickr.com/3157/2862438753_cb9521da47.jpg" alt="Playa del hotel. Como no tenía ninguna foto amaneciendo he puesto una anocheciendo" /><br />
<em>Playa del hotel. Como no tenía ninguna foto amaneciendo he puesto una anocheciendo</em></div>
<p>Después de media hora de carrera y de cruzarme con mucha gente que estaba en las playas de otros hoteles –conectadas con la playa de nuestro hotel– decido que es buen momento para ir dando la vuelta. Más bien son mis pies quienes lo deciden pues tienen alguna que otra concha clavada.</p>
<p>En el camino de vuelta, casi llegando a nuestro hotel, encuentro a un cubano pescando desde la orilla. Lanza una y otra vez un sedal de varios metros de longitud mar adentro que recoge con varios peces -cuyo nombre no recuero- enganchados a los diferentes anzuelos distribuidos por el sedal. Un niño canadiense de unos dos años se divierte tratando de coger un pez vivo que no para de dar saltos sobre la arena.</p>
<p>Llego a la playa del hotel y recojo mis cosas. Son las 9:00. Parece que por un día voy a desayunar algo que no sean perros calientes. Antes de subir a desayunar me pego un chapuzón en la piscina para quitarme el calor -en Cuba ya hace calor a las 9:00 de la mañana- y la arena. El agua de la piscina está realmente sucia después del baño nocturno de anoche pero a estas alturas del viaje da lo mismo. Cuando salgo del agua, saludo al Argentino y cambio mi toalla por una limpia, que ya iba haciendo falta.</p>
<p>Subo directamente a desayunar al buffet libre. Hay que ver la de gente -canadienses en su mayoría- que madruga para desayunar “en condiciones”. Dejo mis cosas en una mesa y me dirijo hacia una cola -de gente. La gente está esperando a que un cocinero cubano les haga una tortilla con sus ingredientes favoritos. Después de un rato de espera llega mi turno: “<em>Compadre, si me haces una tortilla de patata me haces la persona más feliz del hotel</em>”, le digo. “<em>Más quisiera helmano pero no tengo papas</em>”, me responde. “<em>Bueno, pues hazme una con todos los ingredientes que tengas</em>”. De perdidos al río. El cubano apenas tarda tres minutos en prepararme una “tortilla bomba”. Espero que comer esto no tenga efectos secundarios.</p>
<p>Voy a mi mesa a dejar mi tortilla cuando aparecen Carlos (Gandalf) y Javi en el comedor. Dejan sus cosas en la misma mesa que yo y van a por su desayuno. Vamos a otra cola -de gente. Al final de esta cola -de gente- dan tortitas. Vemos como una canadiense coge unas ocho tortitas que posteriormente se comerá ella sola -comprobado. Otra canadiense que está en la cola junto a nosotros no puede evitar soltar un “<em>Oh my God!</em>”.</p>
<p>Cuando ya nos sentamos a desayunar aparece Jorge Miguel en el comedor. Coge su “desayuno” y se sienta con nosotros. “<em>Joder. Ya has tenido ganas de salir a correr</em>”, me dice. “<em>Y tú ya tienes ganas de desayunarte una fabada con tomate</em>”, le respondo. No creo que nadie tenga una réplica contra eso.</p>
<p>Decidimos que es buena hora para ir a la playa así que subimos a lavarnos los dientes y recoger cosas varias de la habitación para encontrarnos dentro de diez minutos en el lobby. Pasado ese tiempo nos dirigimos los cuatro a la playa. Hoy hay bandera verde.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm4.static.flickr.com/3015/2862439577_8e00899882.jpg" alt="Bandera verde" /><br />
<em>Bandera verde</em></div>
<p>Como estamos un poco saturados de sol -sobre todo Carlos-, decidimos darnos un paseo en un patín de pedales. Los alquilan gratis en una caseta junto a la playa. Antes de darnos el permiso y los chalecos salvavidas, firmamos un millón de papeles que eximen de responsabilidad al hotel en caso de que naufraguemos o tratemos de ir hasta Miami con los patines. Una vez formalizada la parte burocrática, Carlos y Javi se montan en un patín y Jorge M. y yo en otro. Nos lo pasamos piruleta chocando los patines a toda velocidad. A nuestro lado pasan unas piraguas biplaza. Queremos dar una vuelta en una piragua biplaza así que con las mismas volvemos a la caseta de alquiler y formalizamos los papeles para que nos dejen navegar con una piragua. De nuevo vuelvo a compartir piragua con Jorge M. Hacemos un poco el burro con la piragua y a punto estamos de romper la barrera del sonido. Hay que ver qué velocidad alcanzan esos bichos. También nos cansamos pronto de la piragua y salimos del agua. Ya está apareciendo el resto del grupo por la playa. Yo voy a jugar un basket con Carlos (Tacto) e Iván.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm4.static.flickr.com/3055/2863271006_9bc1d15543.jpg" alt="A la derecha se puede ver la cancha de basket-voley del hotel" /><br />
<em>A la derecha se puede ver la cancha de basket-voley del hotel</em></div>
<p>Después de echar unas canastas, vamos con el resto del grupo a la piscina a tomar unas cañas bien fresquitas. Jorge M. no se pierde su habitual clase de aquagym. Diego, Nacho -ya recuperado de sus fiebres cubanas-, Javi, Jorge, los dos Carlos y yo echamos un partido de waterpolo en las porterías de la piscina del hotel. Jorge hace amistad con un par de chicas canadienses que se unen al partido. También se une al partido John, el chico que siempre gana en los <em>crazy pool games</em> – que ni son <em>crazy</em>, ni son en la <em>pool</em>, ni son <em>games</em>. No puedo parar de reír cuando John me cuenta que es fan de Raúl –el ex-siete de España- y, sobre todo, fan de Pedja Mijatovic. Poco después entra a jugar un gorilón canadiense. Carlos (Madejón) se pica con él en una competición que trata de demostrar quién es más burro de los dos. Ya no tiene gracia jugar -más bien ver a Carlos y al gorilón hacer el bestia- así que la mayoría nos salimos del agua en busca de otra caña. No juntamos con el resto del grupo en la hamacas a jugar un comemierda. Diego nos comenta que los cocolocos -los cócteles que Marta, la comercial de Viajes Eroski, nos dijo que no dejáramos de probar y que encontrábamos en todas partes del hotel sin terminar, lo cual era un claro síntoma de que no estaba muy buenos- los sirve el jardinero-basurero del hotel. También se recurre al pluriempleo en Cuba.</p>
<p>Tras jugar todos un comemierda, vamos a comer al restaurante de la playa. Como dentro no hay sitio para todos, Javi, Nacho y yo salimos a comer a una mesa de las de fuera, en la parte de atrás del restaurante. Terminamos de comer y nos quedamos charlando tranquilamente en la sobremesa mientras tomamos unos juguitos de naranja con un chorrito de ron.</p>
<p>A las 16:30 me dirijo con Jorge M., Javi y Ana a nuestra habitual clase de baile. Hoy falta Iván, que se está echando la siesta. En esta ocasión bailamos merengue y conga. La conga en realidad no tiene ningún misterio aparte de formar un trenecito que la locomotora guía por donde quiere y en el que, tarde o temprano, algún vagón central decide convertirse en locomotora y romper la conga en dos.</p>
<p>Cuando termina la clase, nos damos un chapuzón en la piscina para sofocar el calor. Salimos del agua y nos metemos una sesión de un par de horas de cerveza y comemierda en la hamacas de la piscina. Conseguimos un balón de fútbol de unos chicos de Salamanca -los amigos de David y Kike- y vamos a jugar un fútbol Iago, Carlos (Gandalf), Jorge y yo. ¡Hay que ver que toque y que elegancia tiene Iago, que digo, Iaginho, con la pelota! Después de darnos un par de tarrascadas cada uno, decidimos dejarlo. Mejor, pues Iago está al borde de la deshidratación.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm4.static.flickr.com/3176/2862440191_51f4df02e7.jpg" alt="Iaginho después después de diez regates, tres bicicletas, dos rabonas y media chilena" /><br />
<em>Iaginho después después de diez regates, tres bicicletas, dos rabonas y media chilena</em></div>
<p>Cuando volvemos, ya de noche, a la zona de la hamacas, la gente está echando una parlada junto a la piscina.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm4.static.flickr.com/3054/2862440859_6e5f576b4d.jpg" alt="Javi echando una parlada con Nacho" /><br />
<em>Javi echando una parlada con Nacho</em></div>
<p>Hablamos sobre lo que vamos a hacer por la noche. Nos acordamos de la publicidad de la discoteca la Comparsita que nos dieron ayer unos cubanos cuando salimos de la tienda de puros. Ya tenemos plan para la noche: discoteca la Comparsita.</p>
<p>Decidimos que es buen momento para subir a cenar. Volvemos a coger una mesa al fondo del comedor para sentarnos todos juntos. Iván y yo nos pedimos un plato de espaguetis bomba. Nos los prepara el mismo cocinero que me hizo la tortilla bomba en el desayuno. Pican un poco -mucho- pero se dejan comer. Una vez terminada la cena, subimos a prepararnos a la habitación. Allí encuentro a David y Kike. Han sido previsores y ya han comprado botellas de ron para traer a España.</p>
<p>Termino de prepararme antes de tiempo así que decido bajar a ver el espectáculo de la piscina. Allí me encuentro con Ana, Sara y Jorge M., que ya llevan un rato tomándose unos jugos de naranja con un chorrito de ron y disfrutando del espectáculo de baile. Termina y nos reunimos con el resto del grupo en el lobby. Avisamos a la gente de recepción para que pidan unos taxis para poder ir a la Comparsita. Salimos a la calle para esperar a los taxis. Las tripas de Carlos (Madejón) empiezan a emitir una serie de sonidos preocupantes.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm4.static.flickr.com/3219/2863274440_47e71e1a8f.jpg" alt="Las tripas de Carlos funcionando a 10.000 rpm" /><br />
<em>Las tripas de Carlos funcionando a 10.000 rpm</em></div>
<p>Por fin llegan los tres taxis. Unos canadienses se nos adelantan y nos roban uno de los taxis. Carlos (Madejón) despierta de su aletargamiento y se enfrenta -verbalmente y en castellano- con los canadienses, que ni siquiera le miran. Finalmente se salen con la suya. Llamamos a otro taxi y cogemos los dos que nos han dejado los canadienses. Jorge y Carlos (de la Parra) deciden a última quedarse descansando en el hotel. Salimos siete personas en los dos taxis y tardamos un poco en llegar a la Comparsita ya que está un poco lejos del hotel. Los tres telecos restantes, que se quedaron esperando al taxi en el hotel, tardan unos quince minutos en llegar a La Comparsita. Una vez estamos todos, entramos en la discoteca. Pagamos 5 CUC por la entrada. La discoteca es una especie de anfiteatro con dos alturas. El anfiteatro tiene pocos escalones pero está lleno de mesas y sillas con gente sentada que está tomando unos mojitos mientras ve el espectáculo de la parte baja del anfiteatro. El espectáculo es similar al del hotel Riviera de La Habana, es decir, un tostón. Por suerte, el espectáculo termina a los cinco minutos de haber entrado en la discoteca. Cuando lo hace, unos empleados de la discoteca recogen rápidamente las mesas y sillas de la discoteca para que la gente pueda bailar. Aparece un speaker en un balcón que hay sobre el escenario. Da la bienvenida a la gente española mientras de fondo suena la internacional <a href="http://www.youtube.com/watch?v=9z7t-Ox3XvU">Macarena</a>. Acto seguido, da la bienvenida a la gente canadiense mientras de fondo suena el “<a href="http://www.youtube.com/watch?v=OFnnlFyNcyg">In the navy</a>” de los “Village People”. Curioso cuanto menos.</p>
<p>El deejay empieza, como no podía ser de otra manera, con el “<a href="http://www.youtube.com/watch?v=AjHSu4wNTyw">Yves Larock – Rise up</a>”. Nos pedimos unas Bucanero en la barra y salimos a la pista a bailar.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm4.static.flickr.com/3275/2863275844_d247f83865.jpg" alt="Discoteca La Comparsita, vista desde el escenario" /><br />
<em>Discoteca La Comparsita, vista desde el escenario</em></div>
<p>La pista de baile no tarda en llenarse. La cosa parece animarse gracias al speaker, que no para de animar a la gente por el micrófono: “<em>Que levante la mano la gente que bebe Bucaneroooooo. ¿Dónde está la gente que bebe Cristaaaaal?</em>”. El deejay también hace lo propio, poniendo temazos como el “<a href="http://www.youtube.com/watch?v=qDxJGD1W9pE">Muchachita</a>” –pretty woman en castellano. Cae una Bucanero tras otra. El único que parece no disfrutar es Carlos.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm4.static.flickr.com/3250/2862444829_a096d99ab1.jpg" alt="Las tripas de Carlos ahora están funcionando a 20.000 rpm" /><br />
<em>Las tripas de Carlos ahora están funcionando a 20.000 rpm</em></div>
<p>Nacho y yo decidimos ir a explorar el resto de la discoteca ya que tienen dos plantas y aun no hemos subido a la de arriba. Al subir, pasamos por un pasillo oscuro en el que la gente no para de frotarse. Salimos rápidamente de ese pasillo y vemos una puerta muy iluminada. Nos preguntamos qué hay detrás. No nos lo pensamos dos veces y abrimos la puerta. ¡Hay que joderse, es un karaoke! Bajamos rápidamente a contarle al resto del grupo nuestro descubrimiento. Volvemos a subir todos al karaoke y pedimos turno para cantar una canción pero el encargado nos dice que van a cerrar el breve y ya ha repartido todos los turnos. Vemos como la gente canta típicas canciones de karaoke como “<a href="http://www.youtube.com/watch?v=89pmp-wBBaY">Un velero llamado libertad</a>” o “<a href="http://www.youtube.com/watch?v=bUNbIIHYnx0">El taxista</a>” de Ricardo Arjona. A los veinte minutos de estar en el karaoke alguien se da cuenta de que no estamos todos. ¡Coño, el Verjas! Iván, Iago y yo decidimos bajar en su búsqueda. Empezamos a buscarle por la zona en la que estábamos antes de subir al karaoke. Le encontramos a la primera, bailando como loco, como si nada de esto hubiera pasado y jamás le hubiéramos abandonado. “<em>¿Pero donde coño os habéis metido?</em>”, dice. Cuando le explicamos que estamos en el karaoke de arriba y volvemos a subir, sucede algo inesperado. Una chicha se acerca al Verjas y, sin mediar palabra, le toca lo que vienen siendo la zona genital o lo que comúnmente llamamos “el paquete”. “¡<em>Pero que me ha tocado tol paquete! ¡Vámonos ya! ¡Ya!</em>”, grita el Verjas. Entre risas volvemos a subir al karaoke, donde Jorge M. le relata al resto su aventura, desde su desaparición hasta el tocamiento de paquete.</p>
<p>Al poco rato, la discoteca cierra y nos echan del karaoke. Sucede lo que todos nos temíamos. Todo el mundo –pero cuando digo todo me refiero a todo, literalmente los 6.500 millones de habitantes de la Tierra– está fuera de la discoteca intentando pedir un taxi. Es materialmente imposible coger uno así que decidimos empezar a caminar hacia el hotel mientras intentamos parar los taxis que encontramos de camino. Carlos apenas se tiene en pie. Sus tripas funcionan a más de 50.000 rpm y amenazan con explotar a cada paso que da. Al fin logramos parar un taxi. Lo cogemos <span style="text-decoration: line-through;">Sara</span> Ana, Carlos, Nacho y yo.</p>
<p>Nacho y yo salimos a comer unos sándwiches de jamón y queso al snack bar mientras llega el resto del grupo al hotel. No tarda en llegar. Son alrededor de las 4:00 y la mayoría del grupo se va a dormir. Jorge M., Iago, Sara y yo nos quedamos jugando un pimpón. Sara nos da toda una lección de pimpón. Ahora sí que sí, ha llegado el momento de irse a dormir, la última noche en Cuba.</p>
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		<title>Viernes 14 de marzo: nos vamos de compras o el día que casi hacemos una fogata en la playa</title>
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		<pubDate>Mon, 12 May 2008 16:21:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Sánchez</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Cuba]]></category>
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		<description><![CDATA[Son las 8:00. El móvil de David suena una y otra vez pero David no se despierta. Es Kike quien le tiene que soltar un “el teléfono David, coño” para que reaccione. Parece que en España no se aclaran con la diferencia horaria, vaya horas de llamar. Nos quedamos en la cama pero ya no [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Son las 8:00. El móvil de David suena una y otra vez pero David no se despierta. Es Kike quien le tiene que soltar un “<em>el teléfono David, coño</em>” para que reaccione. Parece que en España no se aclaran con la diferencia horaria, vaya horas de llamar. Nos quedamos en la cama pero ya no nos dormimos. Aprovechamos para contarnos que hicimos ayer. Al parecer, David y Kike estuvieron nadando con delfines. Finalmente decidimos levantarnos. Me doy mi habitual ducha matutina. Son las 10:30. Otro día que me quedo sin desayunar en el buffet. Pego un telefonazo a la habitación de Javi, Nacho y Carlos para ver si bajan a desayunar. Quedo en pasar a buscarlos por su habitación. Cuando salgo de mi habitación, la camarera de nuestra habitación me para y me pide, muy amablemente, que si las puedo subir un sándwich de jamón y queso para almorzar. “<em>Faltaría más</em>”. Como me voy a negar a hacerle ese pequeño favor a la persona que se curra cada mañana figuritas con nuestras toallas.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2339/2486102127_cc162b30ce.jpg" alt="Una flor hecha con toallas" /><br />
<em>Una flor hecha con toallas</em></div>
<p>Cuando llego a la habitación de éstos, Nacho no está. Se ha marchado para hacer la excursión a Santa Clara, a visitar la tumba del Che. Carlos está literalmente achicharrado. Demasiado sol para tan poca crema ayer así que no baja a desayunar. Bajo con Javi al <em>snack bar</em>. Desayunamos nuestro habitual perro (caliente) rodeados de pájaros negros hinchables. Pido un par de sándwich y unas patatas fritas para la camarera (y su amiga). Subimos cada uno a nuestra habitación para equiparnos para la playa (bañador + toalla + crema). Antes de entrar en la habitación les doy el almuerzo a nuestra camarera y su amiga, que están arreglando la habitación de enfrente. Me dan las gracias trescientas veintisiete millones de veces. No ha sido para tanto. Cuando termino de equiparme bajo de nuevo a buscar a Javi y a Carlos, que esta vez sí que baja. Parece que ha llenado la bañera de crema protectora y se ha dado un buen baño. No me extraña. Tiene unas buenas quemaduras.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm4.static.flickr.com/3262/2486102281_de6cebba04.jpg" alt="Las heridas producidas por las quemaduras en el cuerpo de Carlos podrían herir vuestra sensibilidad así que sólo os enseño un pie" /><br />
<em>Las heridas producidas por las quemaduras en el cuerpo de Carlos podrían herir vuestra sensibilidad así que sólo os enseño un pie</em></div>
<p>Vamos directos a la playa. Otro día que llegamos los primeros. Estamos hechos unos madrugadores. Poco después de instalarnos en tres hamacas llegan ambos Jorges, Sara y Ana. Carlos, Javi, Jorge (Regalitos) y yo aprovechamos para ir a por un jugo de naranja con un chorrito de ron al restaurante de la playa. Carlos y Javi deciden quedarse allí, a la sombra, jugando a las cartas. Carlos no aguanta ni un rayo más de sol. Jorge también se queda allí. Mientras estoy pidiendo mi jugo de naranja con un chorrito de ron aparece Carlos (Relojes). Le acompaño mientras desayuna en el <em>snack bar</em>. Le comento que hoy voy a darlo todo en el hotel. Decide apuntarse. Termino mi jugo de naranja con un chorrito de ron y Carlos termina su hamburguesa. Vamos a por dos jugos más y volvemos a la playa con el resto. Hace calor así que nos damos un baño. Como no podía ser de otra forma, vamos a reponer nuestro vaso con más jugo y ron al salir del agua.</p>
<p>Son las 12:00. Va a empezar la clase de aquagym. Ésta no me la pierdo. Vamos todos hacia la piscina pero sólo nos metemos en el agua para hacer aquagym Jorge (Verjas), Sara, Ana y yo. No aparece la profesora de ayer sino un cubano del equipo de animación del hotel. Más que una clase de aquagym parece una exhibición de fulano cubano pues no para de salir del agua para enseñarnos a todos –más bien a todas– lo bien que mueve el culo.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm4.static.flickr.com/3256/2486102419_d6d8f11126.jpg" alt="¿A que se tira un aire a Vin Diesel pero en cubano?" /><br />
<em>¿A que se tira un aire a Vin Diesel pero en cubano?</em></div>
<p>La clase termina bailando un corro de las patatas cubano. Que desastre de clase. Tomo nota mental: mi primera y última clase de aquagym en Cuba. Salgo del agua. Carlos aun está apurando su jugo de naranja con ron cuando aparezco con una nueva ronda. “<em>Empiezo a estar lleno. Que no borracho, eh, que quede claro, sino lleno</em>”, dice Carlos. En ese momento acaba de caer un mito para mí. Decepcionado, busco a otra persona con la que seguir tomando jugos de naranja con un chorrito de ron. Ana parece animarse. “<em>Bien. Pues espera que voy a por otra ronda</em>”, digo mientras apuro mi jugo. Diego e Iván nos enseñan a cantar una pegadiza canción que han inventado: “L<em>aralalala Iago huele a pis, laralala Iago huele a pis, laralalala Iago huele a pis, laralala</em>”.</p>
<p>Pasamos el resto de la mañana entrando y saliendo de la piscina. Encuentro unas gafas de sol en el borde de la piscina y aprovecho para posar con ellas en una foto de grupo.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2163/2486102833_3419fb6c79.jpg" alt="Todo en plan “sanotes”, con nuestros jugos de naranja" /><br />
<em>Todo en plan “sanotes”, con nuestros jugos de naranja</em></div>
<p>Cada vez que salgo de la piscina me doy crema protectora. Gasto casi medio bote de crema en una mañana pero me he propuesto no quemarme en Cuba y así será. Mientras tanto, tomo otro par de rondas más con Ana, que también empieza a estar llena. “<em>¿Tú también?</em>”, comento. Sin casi darnos cuenta –yo sobre todo– llega la hora de comer. Vamos todos a comer al restaurante de la playa. Hoy conseguimos juntar dos mesas para comer todos juntos. Durante la comida, Carlos (Relojes) no para de reírse sin decir nada. “<em>Jijiji</em>”. “<em>En Puntacana esto no pasaba, eh</em>”, dice Diego. Carlos no contesta y se vuelve a reír. “<em>Jijiji</em>”. Ahora no hay duda. Como dirían en cuba, está tomado, es decir, borrachísimo. Aun no me puedo creer que haya bebido mucho más que Carlos y a mí no me haya afectado.</p>
<p>Mientras comemos decidimos que vamos a ir de compras a los mercadillos de  Varadero por la tarde. Una vez terminamos de comer, subimos a nuestras respectivas habitaciones para cambiarnos. Son las 16:00. Hemos quedado en el lobby a las 16:30 para coger el bus de las 17:00 en una parada cerca del hotel. Subo a mi habitación y me tumbo en la cama. La camarera ha dejado sobre la cama una figura de dimensiones desproporcionadas hecha con un edredón, en agradecimiento por el almuerzo de esta mañana.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2053/2486103065_2560175252.jpg" alt="Pájaro gigante hecho con el edredón. No quiero pensar que hubieran hecho si las hubiese subido una hamburguesa en vez de un sándwich" /><br />
<em>Pájaro gigante hecho con el edredón. No quiero pensar que hubieran hecho si las hubiese subido una hamburguesa en vez de un sándwich</em></div>
<p>Ahora sí que sí, los jugos de naranja con un chorrito de ron empiezan a hacerme efecto. Me dejo caer en la cama. Hago malabarismos con los ojos para no dormirme. No paro de repetirme una y otra vez “<em>no te duermas, no te duermas, no te duermas</em>”, pero estoy cayendo poco a poco. Sin pensármelo dos veces, me levanto de golpe de la cama y me meto a la ducha. Justo lo que necesitaba. Salgo completamente nuevo de la ducha. Todavía no son las 16:30 pero como no quiero quedarme dormido en la habitación, bajo al lobby. Me acuerdo de que tengo un encargo de puros que llevar a España. No sé porqué pero tengo un flashback y también me acuerdo de lo mal que me sentó el puro de La Habana. Entro en la tienda del hotel –donde venden puros, ron, etc–. Pregunto por el precio de los puros que me han encargado. Parece que se salen del presupuesto. Mientras estoy pidiendo precio, Diego entra en la tienda. Me enseñan otros tipos de puros. Diego también pide precio. No vamos a comprarlos allí pero al menos ya tenemos un precio de referencia para cuando los compremos. Cuando salimos de la tienda, todo el grupo nos está esperando en los sillones del lobby. Cambio el dinero que he traído para los puros de euros a pesos convertibles. Supongo que me van a dar el palo con la comisión de cambio del hotel pero al final no es para tanto. Ya estamos todos listos. Salimos del hotel y nos dirigimos a la parada del bus turístico, a unos 500 metros del hotel.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2123/2486920608_c14e94794c.jpg" alt="Grupo saliendo del hotel" /><br />
<em>Grupo saliendo del hotel</em></div>
<p>Cuando llegamos a la rotonda donde se encuentra la parada del bus turístico, un policía cubano que anda por el lugar nos dice que el autobús ha salido hace apenas cinco minutos y que tenemos que esperar media hora hasta las 17:30 para coger el siguiente. Vaya mala suerte. Vemos que alquilan ciclomotores. Discutimos sobre si cogemos unas motos para bajar a Varadero pero decidimos que es mejor que no. Mejor esperamos al autobús. Mientras esperamos a la sombra de los árboles de la rotonda, aparece Dengue II, el perro que vimos anoche beber de la piscina del hotel y restregarse por las hamacas. Para hacer tiempo, cantamos la pegadiza canción que hemos aprendido esta mañana: “<em>Laralalala Iago huele a pis, laralala Iago huele a pis, laralalala Iago huele a pis, laralala</em>”.</p>
<p>Por fin llega el autobús. Es de dos pisos; el de arriba es descubierto, como en cualquier bus turístico. Nos soplan 5 CUC por subir aunque con el billete podemos viajar todas las veces que queramos en un mismo día –por eso hemos preferido coger el bus que unos taxis–. Las calles en Varadero no tienen nombre sino números ya que hay una calle principal que recorre de punta a punta la estrecha península de Varadero y el resto de calles –calle 1, calle 2, calle 3, etc– cortan perpendicularmente a la calle principal. Nos bajamos del autobús en la calle 13, junto a un pequeño mercadillo donde venden productor artesanos, sobre todo de cuero y madera. Jorge M. y Iago, asesorados por Sara, compran dos bolsos.</p>
<p>Hace mucho calor. Voy con Diego al otro lado de la calle a comprar unas botellas de agua. Nos volvemos a reunir con el grupo y vamos todos hacia otro mercadillo más grande, un poco más adelante, en la calle principal de Varadero. Empezamos a dar vueltas por el mercadillo, buscando regalos para traer a España. Algunos tienen una habilidad especial para encontrar regalos –o para encontrar a alguien a quién regalarle lo que encuentran–. Después de un rato dando vueltas, el grupo está completamente disperso. Encuentro a Jorge y Javi merodeando entre los puestos del mercadillo. Jorge, al igual que yo, no ha encontrado todavía nada para regalar. De pronto vemos unas cajas de madera con la bandera de cuba en la tapa. Una señora de unos 80 años nos atiende y nos explica que las cajas son un poco caras porque son de fresno –del que cagó el moro–. Intentamos regatear con ella pero no hay manera. Se acerca un chico cubano que está al cargo de un puesto cercano. “<em>No regateéis con ella que no se la da bien. Lo que se la da bien es&#8230;</em>” y el cubano hace un gesto con la mano, como si se estuviera lavando los dientes pero sin cepillo, ya me entendéis –puede haber niños leyendo–. “<em>No veis que no tiene dientes</em>”, añade el cubano. Entonces, fuera de todo pronóstico –en España eso es equivalente a como mínimo un tortazo–, la anciana se echa a reír. “<em>Como son. Os creéis que eso es manera de tratar a una anciana</em>”, comenta entre risas. La mentalidad de esta gente es alucinante. Finalmente compramos dos cajas de fresno, sin regateo.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2230/2486920938_f98f731f28.jpg" alt="Telecos en el mercadillo de Varadero" /><br />
<em>Telecos en el mercadillo de Varadero</em></div>
<p>Busco al resto de gente por el mercadillo. Veo a Diego y Carlos (Gandalf) mirando unas banderas y jarras del Che. Pillo a Diego desprevenido y le doy un susto, agarrándole fuerte del brazo. Veo a Iván con otra caja más grande que la mía. “<em>Es un joyero para mi novia. Me lo han grabado con un dibujo de una puesta de sol por dentro. Lo han hecho con un quemador</em>”, dice. Me gusta. Voy a por otro exactamente igual. El cubano que los graba es bastante simpático. Nos regala un coche de madera pequeñito.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2221/2486921168_bfec8b8e55.jpg" alt="El cochecito que nos regaló el tío que grababa las cajas" /><br />
<em>El cochecito que nos regaló el tío que grababa las cajas</em></div>
<p>Volvemos con el resto del grupo a la parada del autobús. Vamos a adentrarnos un poco más en Varadero, hasta el mercado del Caracol. Nos sentamos en una terraza a esperar al autobús. Diego se pide una cerveza Bucanero y otra Cristal. No es que tenga sed. Tampoco es que se quiera emborrachar a las 19:00. Lo hace porque colecciona botellas y chapas de cerveza de todo el mundo.</p>
<p>Llega el autobús. Cuando pasamos por la calle 44 hacemos la típica broma de la calle 44. Ya sabéis, la canción infantil: “<em>en la calle-lle cuarentra y cuatro-tro se ha cometido-do un asesinato-to porque una vieja-ja mató a su gato-to con la punta-ta del zapato-to</em>”. Está anocheciendo cuando llegamos al mercado del Caracol. El conductor del autobús nos advierte que el último autobús sale a las 20:30. Bajamos y entramos en una especie de estanco, pues venden puros y más cosas de estánco. Le cuento al dependiente el encargo que traigo desde España. Parece que es un tío que entiende bastante de puros pues no para de hablar de ellos. Aprovecho para contarle mi experiencia con el puro en La Habana. Me explica que lo más probable es que fuera tabaco de mala calidad pero que pudo influir el que no esté acostumbrado a fumar puros. También aprovecho para preguntarle si hay tanta diferencia entre unos puros u otros. “<em>Ay amigo, pues como cuando los españoles me hablan de un vino o de otro, si a mí todos me saben igual</em>”. Al final encontramos unos puros que entran dentro del presupuesto que traía: los famosos <a href="http://www.cigars-review.org/Cohiba-Lanceros.htm">Cohiba Lanceros</a>. El resto de gente compra algún que otro puro suelto para llevar de regalo a España. Cuando salimos de la tienda, se nos acerca un cubano y nos ofrece los mismo puros que acabo de comprar, pero a un precio 25 veces inferior. “<em>Seguro que me fumé unos de esa tirada en La Habana</em>”, comento. Los rechazamos. Nos ofrece ron. Lo rechazamos. Nos ofrece droga. La rechazamos. Nos pide dinero. Le damos unos céntimos de peso convertible para que nos deje en paz. Lo hace. Se nos acerca otra pareja de cubanos y nos dan unos panfletos de publicidad de la discoteca La Comparsita. “<em>Mu buena fiesta mañana mi helmano</em>”, nos dicen. Pues si hay tan buena fiesta habrá que ir.</p>
<p>Volvemos a la parada del bus. Cuando llega y montamos, somos los únicos que estamos viajando en el autobús. Subimos al piso de arriba ya que la temperatura es todavía muy agradable. Paramos en un semáforo y Diego aprovecha para hacer una foto a una pintada en una casa.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2057/2486104189_16a6cf63ee.jpg" alt="Pintada en la fachada de una casa en Varadero" /><br />
<em>Pintada en la fachada de una casa en Varadero</em></div>
<p>Cuando ya estamos llegando a la parada del autobús que está cerca de nuestro hotel ocurre algo inesperado. Por el camino bromeamos sobre la posibilidad de que una de las ramas de los árboles  de las calles de Varadero nos golpeara en la cara. De hecho estuvimos gran parte del camino esquivándolas entre gritos y risas. Pero de pronto… ¡Zas, en toda la boca! Carlos (Madejón) se come –literalmente– la rama de una palmera con cáscara y todo. No podemos parar de reír. “<em>Pues no sé de qué hostias os reís porque me he hecho daño de verdad</em>”, dice Carlos enfadado, lo cual provoca más risas en el grupo. Seguro que si se hubiera llevado el ramazo esta mañana, bajo los efectos de los jugos de naranja con un chorrito de ron, hasta él mismo se hubiera reído.</p>
<p>Por fin llegamos al hotel, a eso de las 21:00. Subimos a nuestras respectivas habitaciones a descargar la mercancía que hemos comprado en Varadero. Bajamos a cenar al buffet. Allí encontramos a Nacho, que ya está prácticamente recuperado de su enfermedad. Nos cuenta sus aventuras y desventuras en Santa Clara –más desventuras que aventuras pues quitando la visita a la tumba del Che no han visto mucho más–. Volvemos a sentarnos en la mesa de anoche. En la cena probamos unas extrañas bolas de carne, cuyo sabor aun no podemos identificar. Cuando llega la gente de Magisterio se monta un poco de lío porque parece ser que han reservado unas mesas para cenar todos juntos, ya que están celebrando el cumpleaños de Pablo. El lío no va a mayores porque la gente del hotel les prepara enseguida unas mesas.</p>
<p>Terminamos de cenar y subimos a ducharnos. Antes de subir quedo con Iván a las 22:30 en el bar del lobby para tomarnos unos algos hasta que venga el resto de gente, a las 23:00. Cuando llego a la habitación, me encentro allí a mis dos compañeros de cuarto con un invitado. Al parecer han llegado al hotel unos conocidos de David y Kike de Salamanca. Me quedó un rato hablando con ellos. Finalmente me ducho y me maqueo un poco. Son sólo las 22:00 pero decido bajar al espectáculo de la piscina, que ha empezado a las 21:30. Mientras voy hacia la zona de la piscina, el deejay pone “<a href="http://youtube.com/watch?v=-mXpKPhMlU4">Dj Tiesto – Lethal industry</a>”. Aun no salgo de mi asombro. Es la primera vez que escucha trance en Cuba. La noche promete. Me pido un jugo de naranja con un chorrito de ron en el bar de la piscina y me siento en una silla a ver el espectáculo. Hoy no está bailando la gente de animación del hotel sino que han preparado una especie de competición de chicos –canadienses– contra chicas –una española y el resto canadienses–. Están jugando a un juego que consiste en que la animadora –que curiosamente es la profesora de baile del hotel– dice un objeto y los dos equipos tienen que intentar recuperar la mayor cantidad de ese tipo de objeto de entre el público. “<em>Muy bien chicos, ahora traedme todos los pantalones que podáis</em>”. Los participantes se ponen a correr como locos entre el público pidiéndoles sus pantalones. Un canadiense –con el que más tarde entablaríamos amistad Javi, Iván y yo– viene derecho a mi me pide los pantalones. “<em>Pues va a ser que no artista</em>”, le respondo en español. Parece que ha captado la idea. Después de los pantalones, los equipos también tienen que recuperar condones y sujetadores de entre el público. Gana el equipo de las chicas por goleada.</p>
<p>El espectáculo termina a las 22:45. Cuando llego al lobby me encuentro a Iván y Iago esperándome. Les cuento lo del espectáculo. Nos pedimos unos juegos de naranja con un chorrito de ron y salimos a las hamacas de la piscina a esperar al resto. Aparecen al rato. Nos cuentan que se han acabado los hielos en el hotel –cosa que no he comentado hasta ahora pero que sucede con bastante frecuencia–. Intentamos convencer a un tipo del hotel para que nos pongan algo de música en la zona de la piscina pero no hay forma de hacerle entrar en razón. Como en el hotel de al lado –un hotel de la misma cadena que el nuestro ya que el edificio es exactamente igual al nuestro– tienen música en la piscina, decidimos ir a investigar Iago, Iván y yo. El resto del grupo se queda en la discoteca de nuestro hotel.</p>
<p>De lo primero que nos damos cuenta al llegar al hotel –ya que vemos a varias personas salir de él– es que la pulsera en este hotel es blanca y no verde. Lo solucionamos dándonos la vuelta a nuestra pulsera ya que su reverso es, curiosamente, blanco. En la zona de la piscina tienen montada una especie de carpa con una barra de bar y música. Está muy bien preparado pero no hay nadie. Decidimos arriesgarnos con nuestra pulsera improvisada y pedir una copa en la piscina pero nos dicen que van a cerrar ya. Decidimos dar una vuelta por los alrededores y por el interior del hotel. No tiene nada que ver con el nuestro. En este hotel la petanca tiene todas las bolas, al campo de minigolf le cortan regularmente el césped, el billar tiene bolas y palos, los ascensores funcionan, hay gimnasio, etc. Toda una serie de detalles que marcan la diferencia entre un hotel –éste– y un hotel de mierda –el nuestro–.</p>
<p>Decidimos volver a nuestro hotel. Encontramos al resto del grupo en la discoteca. A la gente le cuesta arrancar pues el deejay no para de poner reggeaton del malo –lo de que hay reggeaton bueno se podría discutir–. También se le va la mano y nos pone cuatro canciones seguidas del amigo Bisbal. A medida que se vacían los vasos, la gente va arrancando. En un momento dado hasta hacemos una conga.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm4.static.flickr.com/3244/2486921554_a2e9648d75.jpg" alt="Javi se equivoca y baila la variante de la conga con el culo en pompa" /><br />
<em>Javi se equivoca y baila la variante de la conga con el culo en pompa</em></div>
<p>La gente va cayendo poco a poco pero los que quedamos lo damos todos. Enloquecemos cuando empieza a sonar el “<a href="http://www.youtube.com/watch?v=AjHSu4wNTyw">Yves Larock – Rise up</a>”. Tampoco falta el “<a href="http://youtube.com/watch?v=aNsmiqmaEWo">Dj Otzi – Hey baby</a>”. A las 3:00 en punto paran la música de la discoteca. La gente quiere más. Un par de canadienses –uno de ellos es el que intentó quitarme los pantalones hace unas horas– se acercan a hablar con Nacho y conmigo. No sé cómo ni por qué, pero los cuatro terminamos gritando: “<em>Fucking shit, fucking shit</em>”. Al cabo de unos segundos lo está gritando toda la discoteca. En ese momento me doy cuenta de lo fácil que es manipular a un grupo de gente que ha ingerido grandes cantidades de alcohol. Alguien sugiere que sigamos la fiesta en la playa. Dicho y hecho. Subo a por el bañador y la toalla. Cuando bajo ya no queda ningún teleco en pie salvo Javi e Iván, que están con el bañador puesto y toalla en mano. Vamos a por unos jugos de naranja con un chorrito de ron para el camino y nos dirigimos a la playa.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2377/2486104537_eabec8cc93.jpg" alt="Dándolo todo en la playa con Javi e Iván" /><br />
<em>Dándolo todo en la playa con Javi e Iván</em></div>
<p>Por el camino hacia la playa nos encontramos a los dos canadienses del “<em>fucking shit</em>” y les invitamos a que vengan a la playa. Uno está bastante borracho y apenas se tiene en pie pero el otro parece que quiere aprender español. No para de preguntarnos cosas. Le enseñamos a decir playa, arena y agua. De repente alguien grita: “<em>¡¡¡al agua!!!</em>”. No sabría decir cuanta gente hay en la playa pero tal vez unas 30 o 40 personas. Dicho y hecho, todos al agua. “<em>A cualquier que le cuente que el primer baño en la playa de Cuba me lo he dado a las 3:30 de la mañana</em>”, nos dice Iván. Salimos del agua. No hace falta que nos sequemos con las toallas porque la temperatura es muy agradable.</p>
<p>Justo en este preciso instante entendemos porque el tipo del hotel nos advirtió el primer día que no hiciéramos fogatas. Apenas podemos resistir la tentación de hacer una pero finalmente nos portamos como chicos buenos y nos la hacemos. Decidimos, como otra mucha gente, ir a quitarnos la arena a la piscina –si ya está llena de mierda qué más da que se ensucie un poco más–. No nos lo pensamos dos veces. Directos al agua. Hoy sí que está buena.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm4.static.flickr.com/3243/2486921838_1126e079d9.jpg" alt="En la piscina a las 4:00 de la madrugada" /><br />
<em>En la piscina a las 4:00 de la madrugada</em></div>
<p>El canadiense que quiere aprender español nos pregunta: “<em>¿cómo show me?</em>”. “<em>Muestra o enseña</em>”, le responde Iván. Y de pronto, sin nadie decirle nada más, comienza a gritar como loco por toda la piscina: “<em>¡Muestra tus domingas! ¡Muestra tus domingas!</em>”. No paramos de reírnos con el canadiense. Tratamos de enseñarle a decir: “<em>Estoy envuelto en llamas y bailo</em>”. Y casi lo conseguimos.</p>
<p>Salimos del agua para secarnos pero no encuentro mi toalla. Iván y Javi se suben a dormir mientras yo me quedo buscándola. Como no aparece decido subir a buscarlos por si la han cogido por error. Iván dice que no. Javi también dice que no pero se cambia otra vez y baja conmigo para ayudarme a buscarla. Aparece debajo de una hamaca, junto a la piscina.</p>
<p>Ya que estamos abajo aprovechamos para tomarnos el último jugo de naranja con un chorrito de ron. Aparecen Kike y David y nos acompañan. También aprovechamos para comernos un sándwich en el snack bar antes de subir a dormir.<br />
Suficiente por hoy. Son las 5:00. Subimos a dormir. En ese momento no sabía que dentro de dos horas y media empezará mi día más largo en Cuba&#8230;</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Jueves 13 de marzo: visita a la discoteca Mediterráneo o el día que Carlos y Sara rompieron la pista de baile</title>
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		<pubDate>Mon, 28 Apr 2008 09:45:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Sánchez</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Cuba]]></category>
		<category><![CDATA[dengue]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Son las 9:30. Un ruido me despierta. Pum pum pum pum. Cada vez suena más fuerte. PUM PUM PUM PUM. Logro distinguir una voz: “<em>My dream is to fly over the rainbow, so high</em>”. ¡No me acordaba de que había cambiado el molesto <em>pipipipii pipipipii</em>  de mi móvil por el “<a href="http://www.youtube.com/watch?v=AjHSu4wNTyw">Yves Larock &#8211; Rise up</a>” como tono de despertador! David y Kike también se despiertan con la música. Nos levantamos bailando y cantando de la cama, la mejor manera de empezar el día. David y Kike van a hacer una excursión pero el resto del grupo no tenemos planes para hoy. Me pego una ducha y llamo por teléfono –el interno del hotel, claro está– a la habitación de Nacho, Javi y Carlos. Me responde Carlos. Me dice que pase a recogerlos por su habitación para ir a desayunar. Me pongo el bañador, me doy crema y cojo la toalla. Bajo a buscar a éstos con el kit completo de piscina-playa. Llegó a su habitación tras la habitual espera de cinco minutos al ascensor. Toc toc. Carlos abre la puerta. Ya están listos –con sus kits completos de piscina-playa– pero Nacho decide quedarse en la habitación porque está bastante fastidiado, incluso tiene algo de fiebre. “Mejor descansar un poco que estar mañana peor”, comenta.</p>
<p>Son las 10:30. El buffet libre del hotel ya está cerrado. Esperamos cinco minutos al ascensor del hotel y bajamos directamente a desayunar al <em>snack bar</em> que está fuera del hotel. Nos recibe una amable camarera. No para de lanzarle piropos a Carlos: pipo, mi amor&#8230; Javi y yo nos reímos y la camarera nos pregunta que por qué. Nos dice que en Cuba todos hablan así, que no nos molestemos. Carlos no parece molesto sino encantado. La camarera nos dice que tenemos para elegir como desayuno: perro (caliente), hamburguesa, sándwich de jamón y queso y bocadillo de atún. Menudo desayuno. Vamos a hacer la dieta del perro en Cuba –sorprendentemente todos volvimos con kilos de menos–. Javi pide un bocadillo de atún y Carlos y yo una hamburguesa. La camarera tarda poco en servirnos y nosotros tardamos menos en comérnoslo. Mientras desayunamos, observamos a unos curiosos pájaros negros que invaden todo el <em>snack bar</em>. Parecen bastante sociables porque se acercan a la gente sin ningún miedo. De pronto, uno de los pájaros comienza a hincharse hasta límites insospechados. Cuando parece que va a explotar deja de hincharse y parece que quiere emitir un sonido. “<em>Por lo menos va a rugir</em>”, comenta Javi mientras no perdemos de vista al pájaro.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2218/2448790682_7ecfbe4f28.jpg" alt="Pájaro hinchable cubano" /><br />
<em>Pájaro hinchable cubano</em></div>
<p>El pájaro negro abre la boca y, contra todo pronóstico, emite un sonido de mierda, casi inaudible. Vaya decepción. Nos levantamos y vamos a la playa. Aun no ha llegado nadie del resto del grupo así que cogemos tres hamacas y empezamos a tostarnos vuelta y vuelta al sol –Carlos lo hace literalmente–. Sara, Ana, Carlos (Relojes), Jorge, Diego y Jorge M. no tardan en llegar a la playa. Nos quedamos un rato charlando en las hamacas de la playa. Hace calor y tengo sed. Me levanto a pedirme un cóctel de algo al restaurante de la playa, que también funciona como bar. </p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2330/2448790780_34eed6d7db.jpg" alt="Bar restaurante de la playa, donde comíamos y bebíamos todos los días" /><br />
<em>Bar restaurante de la playa, donde comíamos y bebíamos todos los días</em></div>
<p>Pido un cóctel de mil colores que creo que todavía no he probado. Me sabe igual que el resto: a azúcar. Veo a Iago e Iván jugando al basket, cerca del restaurante. Me acerco. Están jugando un veintiuno. Me uno. Gana Iván. Deciden jugar una bombilla. Me uno. Gana Iván. Deciden tirar unos tiros. Me uno. Vuelve a ganar Iván. Esta hecho un tío tiote del backet.</p>
<p>Tanto perder me ha vuelto a dar sed así que voy a por un par de cañas al bar de la piscina para Iago y para mí. Mientras estoy pidiendo, me doy cuenta de que hay mucho jaleo en la piscina. ¡Ah claro, es la clase de aquagym! Allí están Sara, Ana y Jorge M. haciendo aquagym. Parece que se lo están pasando piruleta. Tengo que probar esto del aquagym. Quizás mañana. Vuelvo con las dos cañas a la pista de basket. De camino me paro a saludar a mi amigo el Argentino. “<em>Buenos días España</em>”, me responde. Llego a la cancha de basket y nos quedamos tirando unos tiros. Al poco, la megafonía de la piscina anuncia que va a comenzar el bingo matutino. “<em>Habrá que ir a jugar unos cartones, ¿no?</em>”, les digo a Iago e Iván. Cuando llegamos a la piscina, Sara, Ana y Jorge M. están cada uno en su hamaca con un cartón, si es que se les puede llamar así ya que en realidad son unos rectángulos de piel con unas ventanas donde se ven los números, que se pueden tapar con una tapa deslizante de plástico. Que modernos estos cubanos, están a la último en cuanto a bingos se refiere. Sara nos cuenta que ya no hay más cartones así que nos quedamos con ellos mientras cantan los números. “<em>Línea de la b. Bi lain. Veeeeintiuno. Dos uno. Tuentiguan. Chu guan</em>”, comienza cantando por la megafonía de la piscina el cubano encargado de sacar las bolas del bingo. Después de unas cuantas bolas, Sara y Ana no van mal pero Jorge M. apenas ha tapado uno o dos números. “<em>Y ahora el número que todos estabais esperando España. En la línea de la g. Lli lain. Sesenta y nueve. Sisti nai</em>n”. Que cachondos estos cubanos. Después de unas cuantas bolas –yo creo que todas menos media docena– una chica de magisterio canta bingo. ¡Jo que suerte! ¡Se lleva una botella de ron Mulata como premio (sí, ese que sirven en el hotel con todos los cócteles y que sabe a rayos)! Termina el bingo. Sara, Ana y Jorge M. vuelve a la playa con el resto. Un canadiense entabla una conversación con Iván porque lleva una camiseta de Garbajosa. Iván queda con el canadiense para echar un partido de basket España – Canada a las cinco y media de la tarde. Vuelve con Iago y conmigo y nos cuenta lo del partido. El canadiense y sus amigos son enormes pero les vamos a machacar esta tarde. </p>
<p>Como hace mucho calor, nos damos un baño en la piscina. No tarda en unirse al baño Diego, que llega desde la playa. Iago sale de la piscina para pedirle un balón a nuestro amigo el Argentino. Mientras tanto, Diego aprovecha para perrearnos a Iván y a mí en la cara. No se lo recomiendo a nadie. Iago vuelve con el balón al agua y jugamos a “A, E, I, O, U”. El mecanismo del juego es muy sencillo a la par que violento: vamos pasándonos la pelota mediante toques, sin que caiga al agua y cantando las vocales por orden; al que le toque la letra U tiene que rematar el balón contra la cara (o la parte del cuerpo que salga del agua que él prefiera) de uno de los otros tres que esán jugando. Todos (sobre todo Diego y Iago) nos llevamos algún que otro balonazo. Iván incumple las reglas del juego rematando el balón cuando canta la letra O y se lleva una ronda de castigo (saltamos desde el borde de la piscina y le lanzamos el balón a la cara mientras estamos en el aire). Decidimos dejar de jugar porque al final salimos a hostias de la piscina. Iago sale de la piscina. Salimos de la piscina cuando aparece el resto del grupo. No tenemos mucha hambre pero decidimos ir a comer al restaurante de la playa. Hay bastante gente así que nos toca sentarnos separados. Yo me siento con Iván, Diego, Iago y Ana. Mientras estamos comiendo el primer plato (pasta y varitas de merluza Capitán Pescanova, pero de pollo), una chica de la mesa de al lado nos pregunta que si somos de Valladolid. Le respondemos que sí. Nos pregunta que si también hemos venido con Marta de Viajes Eroski. Le volvemos a responder que sí. Entonces nos cuenta que ellos también son de Valladolid y han venido con Marta. Nos dice que la han llamado ayer para contarla que las condiciones del hotel no son las de uno de cuatro estrellas (y tiene toda la razón). Por lo visto Marta les dijo que iba otro grupo de Valladolid para allá en breve (es decir, nosotros) y que ya buscaría alguna solución porque nos le iba a llevar a ese hotel (pues va a ser que sí). Que eficiente es Marta de Eroski&#8230;</p>
<p>Continuamos con la comida. Todos pedimos hamburguesas de segundo plato. Cuando nos las traen, Iván comenta que hay dos tipos de personas: las que se echan el kétchup en la carne de la hamburguesa y las que se lo echan en el pan. Hasta entonces nunca lo había pensado pero tiene razón. Lo que no sabe explicarnos es qué diferencia hay entre esos dos tipos de personas, aparte de que se echan el kétchup en diferentes sitios de la hamburguesa. Terminamos de comer enfrascados en esa discusión filosófica. Yo subo a la habitación a darme crema para no quemarme con el sol y lavarme los dientes. Aprovecho para pasar a ver qué tal está Nacho, que no ha bajado de la habitación en toda la mañana. Tiene mal aspecto, además de fiebre. Le dejo descansando en su habitación y bajo con el resto del grupo a la piscina. Va a comenzar la clase de salsa&#8230;</p>
<p>Mientras espero al ascensor para bajar a la piscina –ya sabéis, la espera es del orden de unos cinco minutos– aprovecho para practicar los pasos que aprendimos en la clase de ayer. Dominados. Me reúno con el resto de telecos en la piscina. Esperamos a que terminen los <em>crazy pool games</em> para comenzar la clase de salsa. El <em>crazy pool game</em> de hoy es una especie de minigolf pero en lugar de meter las pelotas en hoyos hay que pasarlas por unos aguajeros situados en un panel de madera, dónde cada agujero tiene una diferente puntuación. Vuelve a ganar el tal John que ganó ayer al juego de las anillas. Le dan como premio otra botella de ron Mulata –espero que no se esté bebiendo todas las botellas que está ganando–. La clase comienza. Hoy somos mucha más gente que ayer. Volvemos a dar los mismos pasos de ayer, para afianzar conceptos. Al terminar la clase, igual que ayer, Carlos (Relojes) nos enseña algún paso nuevo –básicamente no enseña a dar una vuelta y a hacer una figura llamada <em>Dile que no</em>, aunque, no sé porque motivo, Iván y yo lo llamamos <em>No me mires</em>–. Una pareja de cubanos que trabaja en la animación nocturna del hotel se acerca a nosotros entre risas. Les hace gracia como bailamos. Nos hace una demostración gratuita de cómo se baila la salsa cubana –bailan de lujo– y nos dan algún que otro consejo.</p>
<p>Aun con la musiquilla en la cabeza, nos damos un baño y practicamos salsa dentro del agua. “<em>Estoy en la piscina y bailo</em>”, comenta Iván, haciendo un guiño a la célebre frase de los Simpsons “<em>Estoy envuelto en llamas y bailo</em>”. Nos reunimos con el resto en las hamacas de la piscina. Son las 17:30 y los canadienses no han aparecido. Parece que no hay partido. Pasamos el resto de la tarde jugando a las cartas y tomando cócteles. Probamos, por sugerencia de Carlos (Relojes) el juego de naranja con ron. No sé cómo no se me ha ocurrido antes, si es lo que bebo en Valladolid. Cojonudo. Desde ese momento no bebo otro cóctel en el hotel que no sea jugo de naranja con un chorrito de ron –y que el resto del grupo hace lo mismo–.</p>
<p>Sara y Jorge se van a merendar unas patatas al <em>snack bar</em> donde desayunamos. Uno de nosotros –cuya identidad no revelaré por petición suya– aprovecha para sacar su lado más femenino poniéndose el bikini de Sara.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2199/2447967109_3ccf210483.jpg" alt="¿Quién será el misterioso encapuchado?" /><br />
<em>¿Quién será el misterioso encapuchado?</em></div>
<p>Pasamos lo que queda de tarde jugando al comemierda. Ya es el juego oficial de teleco en Cuba. Cuando son las 20:30 decidimos subir a la habitación para darnos una ducha y arreglarnos antes de cenar. Hoy hay fiesta en una discoteca que se llama Mediterráneo. Parece ser que los animadores del hotel nos llevan allí –seguro que les dan una buena propina por llevarnos a esa discoteca–. Hemos quedado con ellos a las 23:00 en la puerta del hotel. Entro en el hotel con Iván y Iago. Esperamos al ascensor. Bailamos salsa mientras esperamos –como no–. El ascensor llega al lobby y montamos. Monta mucha más gente. El ascensor está lleno y se enciende el cartel luminoso de exceso de peso. Una señora gorda –canadiense para más señas– comienza a gritar como loca: “<em>¡¡Chuuuuuuufuuuuuul chuuuuuuuufuuuuuuuuul!!</em>”, es decir <em>too full</em> –demasiado lleno–. Una pareja de españoles –los últimos que han subido al ascensor– se baja para que el ascensor se pueda poner en marcha. Subimos a nuestras habitaciones y nos duchamos y arreglamos. </p>
<p>Como la tele de mi habitación no funciona, decido bajar al bar del lobby a tomar un juguito de naranja con un chorrito de ron mientras espero al resto del grupo. No tardan en aparecer. Subimos a cenar. Conseguimos una mesa al fondo del comedor para cenar todos juntos. Aparece Nacho, que ya se encuentra algo mejor pero no va a salir por la noche. No cenamos mucho. La comida no ha mejorado mucho al llegar a Varadero. En el buffet conozco a una pareja de españoles muy simpática que también están pasando unos días en Varadero. Terminamos de cenar. Subo a lavarme los dientes antes de salir. También suben Diego, Iago e Iván. Cuando llego a mi habitación, Kike y David se están preparando para salir. Los dos llevan puesta la misma camiseta. Original por cierto. David me explica que es una técnica para ligar.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm4.static.flickr.com/3186/2447967197_7c079626af.jpg" alt="¿Funcionaría la técnica para ligar?" /><br />
<em>¿Funcionaría la técnica para ligar?</em></div>
<p>Termino de lavarme los dientes y voy a recoger a Iago, Diego e Iván a su habitación. Mientras esperamos al ascensor para bajar al lobby, Diego nos graba a Iván y a mí bailando una salsa. Aun nos queda mucho que repasar.</p>
<p>Como todavía son las 21:30 y no hemos quedado hasta las 23:00 para ir a la discoteca, vamos a ver el espectáculo de baile que organiza el hotel en la piscina. Mientras disfrutamos del espectáculo, nos tomamos un juguito de naranja con un chorrito de ron. El espectáculo no está mal aunque damos alguna cabezada que otra –como cuando vimos el espectáculo del hotel La Riviera en La Habana, pero menos–. En el espectáculo actúa la pareja de cubanos que nos ha dado los consejos de salsa por la tarde.</p>
<p>Vamos a hacer tiempo hasta las 23:00 al bar del lobby. Cae algún juguito de naranja con un chorrito de ron más. Por fin son las 23:00. Nos dirigimos a la puerta del hotel aunque hay bajas de última hora. Parece que, de nuestro grupo, sólo vamos a la discoteca Jorge M., Sara, Ana, Carlos (Relojes), Iván, Javi, Iago y yo. La recepcionista se ha encargado de pedir unos cuantos taxis. Nosotros nos repartimos en dos taxis: Jorge M., Carlos, Ana e Iván en uno y Javi, Iago, Sara y yo en otro. El taxi de Jorge M. y compañía va adelantando como un loco al resto de taxis por lo que llegan a la discoteca en un tiempo record. Nosotros tardamos algo más en llegar. Los taxis en Varadero funcionan con taxímetro –nada de negociar precio– así que pagamos 7 CUC por la carrera. Esperamos a que llegue el resto de gente del hotel que también viene a la discoteca. Mientras esperamos vemos como el taxi que ha traído a Jorge M. y compañía hace el doble de carreras que el resto. Que bárbaro.</p>
<p>En la puerta de la discoteca hacemos un repaso rápido con Carlos de los pasos básicos de la salsa. Mientras me lo explica, se le cruce un cable, me agarra y me echa hacia atrás, haciendo la típica figura para acabar un baile.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm4.static.flickr.com/3090/2448791066_5167256577.jpg" alt="No somos Carlos y yo (por si había dudas) pero así es como Carlos cargó con mis 72 kilos" /><br />
<em>No somos Carlos y yo (por si había dudas) pero así es como Carlos cargó con mis 72 kilos</em></div>
<p>El codo de Carlos emite un sonido un tanto desagradable, como cuando algo se rompe en mil pedazos. Parece que se ha hecho daño de verdad. Aun así no me ha dejado caer al suelo, lo que dice mucho sobre su profesionalidad a la hora de bailar. Carlos hace un movimiento brusco con el brazo y el codo parece volver a su sitio con otro <em>crack</em>. Arreglado. Ya no le duele.</p>
<p>Por fin llega todo el mundo y entramos en la discoteca. Nos clavan 10 CUC por entrar –y sin derecho a consumición–. Cuando entramos nos sentimos un poco decepcionados. La discoteca no es más que un patio –es a cielo abierto así que menos mal que la temperatura es agradable– con árboles y un escenario al fondo. La cabina del deejay es la típica cabaña en el árbol de las películas americanas y se sube a ella por una escalera de madera. Al lado del escenario hay una barra más o menos grande, atendida por dos camareras. Alrededor de la pista de baile hay mesas y sillas de plástico. Nos hacemos con una mesa y ocho sillas. Discutimos sobre si merece la pena comprar una botella de ron y unas latas de Tukola entre todos y decidimos que sí. Carlos parece emocionado –siempre que hay alcohol de por medio Carlos parece emocionado–. Vamos a pedir Javi, Carlos y yo. Mientras estamos en la barra empieza la actuación: un grupo de cubanos toca música y canta en directo.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm4.static.flickr.com/3050/2448791136_41734e691b.jpg" alt="Escenario de la discoteca Mediterráneo" /><br />
<em>Escenario de la discoteca Mediterráneo</em></div>
<p>La actuación dura una hora y media aproximadamente –justo el tiempo que tardamos en bebernos la botella–. Cuando termina, el deejay empieza a pinchar house. Después de un rato de house, el grupo quiere bailar salsa –no hemos estado practicando mientras esperábamos al ascensor para nada–. Decido subir yo mismo a hablar con el deejay. Me juego el físico al subir por las escaleras de la casa del árbol a la cabina. Allí arriba me recibe el deejay con una sonrisa. Que simpáticos estos cubanos. Le voy a pedir un poco de salsa pero me lo pienso en el último momento. En lugar de eso le pido que me deje ponerme un par de discos, para matar el mono –en España soy deejay en mis ratos libres–. “<em>Sin ningún problema helmano</em>”. No me cansaré de repetirlo: ¡que gente tan simpática, coño! Me pongo un par de discos para matar el mono. El equipo que tienen nos es gran cosa pero me apaño. Le doy las gracias una y mil veces y bajo a la pista con el resto del grupo. “<em>Que has hecho ahí arriba tanto rato. Nos tenías preocupados</em>”, me comentan. Vaya, al final se me ha olvidado pedir salsa pero el deejay parece leernos el pensamiento porque en ese instante empieza a ponerla. Empezamos a darlo todo, todos con nuestros pasos de las clases del hotel. De pronto, Carlos y Sara empiezan a bailar. A los dos o tres minutos, toda la discoteca les hace un corro. Están partiendo la pista de baile. Una vuelta por aquí. Otra vuelta por allá. El paso secreto de Carlos de tocarse los talones. Increíble. Otra pareja que está bailando por la discoteca se acerca y se mete en el corro para hacerles la competencia a Carlos y Sara. Ella es cubana y él extranjero. Más que bailar se están restregando. No tardan en abandonar el corro, humillados. No tienen nada que hacer contra Carlos y Sara. A las 3:00 en punto, una cubana pega un berrido –parece la sirena de un barco– indicando que es la hora de cierre de la discoteca. Volvemos al hotel en taxi.</p>
<p>Ya en el hotel, decidimos darnos un baño nocturno así que subimos a ponernos el bañador. Jorge M. y Ana se van a dormir. Yo me juego el físico y subo por la escalera de incendios. Llego sano y salvo a mi habitación. Me pongo el bañador, cojo la toalla y bajo con el resto a la piscina. Allí encontramos a un perro, pariente de Dengue, que está bebiendo agua de la piscina y restregándose por las hamacas.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2232/2447967431_315139a58a.jpg" alt="Dengue II" /><br />
<em>Dengue II</em></div>
<p>Mientras decidimos si nos metemos al agua o no –ya que está más fría de lo que nos imaginábamos– llega un grupo de unos diez canadienses a la piscina, todos con sus enormes jarras de cerveza llenas. Se meten al agua sin pensárselo dos veces. Cuando el más gordo –o uno de los más gordos porque todos son de buen comer– se tira en plancha, todos los canadienses gritan desde el agua: “<em>¡¡¡Tsunami!!!</em>”. Al final Carlos y Javi se animan y se tiran al agua. Yo estoy a punto de tirarme también pero que a Carlos le castañeen los dientes no me parece una buena señal así que me lo pienso dos veces. En lugar de eso me voy a por un sándwich con Sara y Iago al <em>snack bar</em> donde desayunamos. Cuando volvemos, Carlos y Javi están saliendo del agua. No pasan mucho calor que digamos.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2270/2448791284_ec83ccf1e5.jpg" alt="Carlos jodido de frío" /><br />
<em>Carlos jodido de frío</em></div>
<p>Se terminan de secar. Vamos todos a por otro sándwich. Decidimos que ha sido suficiente por hoy. Todos a dormir.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Miércoles 12 de marzo: el viaje a Varadero o nuestro primer día de playa</title>
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		<pubDate>Wed, 09 Apr 2008 22:28:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Sánchez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Viajes]]></category>
		<category><![CDATA[Argentino]]></category>
		<category><![CDATA[Cuba]]></category>
		<category><![CDATA[piña colada]]></category>
		<category><![CDATA[teleco]]></category>
		<category><![CDATA[Varadero]]></category>
		<category><![CDATA[viaje]]></category>

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		<description><![CDATA[Pipipipii pipipipii. Hoy no me molesta el ruido del despertador de mi móvil. Son las 9:00. He dormido unas trece horas –salvo el susto que me dieron mis tripas por la noche–. Aun así éste sería el último día que me despertara ese dichoso ruido –el de las tripas y el del móvil–. Hoy toca [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Pipipipii pipipipii</em>. Hoy no me molesta el ruido del despertador de mi móvil. Son las 9:00. He dormido unas trece horas –salvo el susto que me dieron mis tripas por la noche–. Aun así éste sería el último día que me despertara ese dichoso ruido –el de las tripas y el del móvil–. Hoy toca cambio de aires: abandonamos el Deauville en La Habana para alojarnos en el Punta Arenas en Varadero, un hotel con 24 horas todo incluído, o eso nos hicieron creer al contratarlo. Carlos y Nacho también se levantan. Les pregunto cómo les fue anoche. Me cuentan que estuvieron en Coppelia –una famosa heladería– comiendo un helado y que algunos (ellos no) volvieron en Cocotaxi. Vaya, parece que me voy a ir de La Habana sin montar en uno.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2290/2401183881_67f2de6112.jpg" alt="PCarlos y Nacho me cuentan que estuvieron en Coppelia y que algunos volvieron en Cocotaxi" /><br />
<em>Carlos y Nacho me cuentan que estuvieron en Coppelia y que algunos volvieron en Cocotaxi</em></div>
<p>Por lo visto Carlos, Nacho y Javi estuvieron visitando la oficina de interesas americanos en La Habana antes de volver al Deauville. Otra cosa que me quedo sin ver.</p>
<p>Nos duchamos y bajamos a desayunar la misma <del datetime="2008-04-09T21:47:32+00:00">mierda</del> comida de cada mañana. Tomo mi habitual tazón de leche con chococereales y mi sucedáneo de jugo de naranja. Subimos rápidamente a la habitación ya que tenemos que abandonarla antes de las once. Hacemos las maletas. Yo no lo tengo muy difícil ya que no he sacado nada, sólo lo que he ido usando cada día. Aún así me cuesta cerrarla. No he metido nada que no trajera de España y me cuesta cerrarla. ¡Qué va a ser de mí cuando tenga que hacerla en Varadero! Revisamos una y mil veces la habitación: debajo de las camas, en los cajones del armario, en las sillas, de nuevo debajo de las camas… Parece que no nos dejamos nada. Antes de abandonar la habitación, una de las camareras va a pasar por ella para comprobar que no hayamos roto nada y podamos recuperar la fianza de 15 CUC por barba que depositamos al llegar al hotel. Me doy cuenta de que faltan los dos vasos que saqué de la habitación el lunes por la noche. Como los bajé a la habitación de Sara y Ana no sé me ocurre nada mejor que bajar a su habitación a preguntarlas por los vasos. Al llegar a la quinta planta me encuentro a Sara y Ana, maletas en mano, esperando el ascensor. “<em>¿No sabréis dónde están los dos vasos que bajé el lunes por la noche?</em>”, pregunto. “<em>Ni idea pero Jorge M. se acaba de subir dos a su habitación</em>”, me responden. El rastro de los vasos me lleva directamente a la habitación 1309. Le pregunto al Verjas por los vasos que ha cogido de la habitación de Sara y Ana y me asegura que son suyos y que todavía les falta uno. Puede que sí, puede que no. Aun así decido ir a buscar un par de vasos a la habitación que más vasos ha reunido jamás en la historia del Deauville: la famosa habitación 302 –el centro de la fiesta por uno momentos el lunes por la noche–. Cuando llego a la tercera planta, un grupo de magisterio está en la puerta de la 302. Les pregunto por los vasos. Me dicen que tenían una montaña de ellos pero los han ido saqueando a lo largo de toda la mañana y no les queda ninguno. Mierda. Decido probar suerte en la 1308. Toc toc. Diego me abre la puerta. Le pregunto por los vasos. No tiene ni idea de donde pueden estar pero ellos tienen tres en su habitación. Le como un poco la oreja –en el buen sentido de la palabra– para que nos dé uno ya que sólo tenemos uno en nuestra habitación. Se hace de rogar pero termina cediendo. Vuelvo a subir a mi habitación con Nacho y Carlos a esperar a la camarera. En menos de cinco minutos vuelve aparece Diego reclamando su vaso ya que su camarera se ha puesto <em>un poco cabrona</em> con ellos. Se lo devolvemos. Tenemos que pensar en algo y rápido para convencer a la camarera de que no se chive a la recepción de que faltan dos vasos –quién sabe, a lo mejor nos quitan los 45 CUC de fianza por dos vasos–. No tardamos en encontrar una solución: una generosa propina seguro que la convence. Dejamos unos 10 CUC en la mesita de la habitación junto con una nota: “<em>Perdón por los dos vasos que faltan. Esperamos que no haya ningún problema</em>”. El mensaje no puede ser más claro: ¡te estamos comprando para que no te chives, coño! La camarera no tarda en llegar. Esperamos fuera de la habitación mientras ella la inspecciona. Cuando termina el registro sale y nos dice que faltan dos vasos. ¿Acaso nos está pidiendo más dinero? Nos hacemos los orejas: “<em>Ya lo sabemos. Esperamos que no haya ningún problema</em>”, dice Nacho. La camarera nos pregunta donde pueden estar los vasos. Parece que va a hacer todo lo posible por recuperarlos. Le decimos que es posible que estén en la 302 pero que ya hemos mirado. Entonces la camarera se asoma por las escaleras de la planta once y grita: “<em>Maríaaaaaaaaaaaaaaaa, ¿hay dos vasos de sobra en la habitación tres cero doooooooooooooooooooooooos?</em>”. Tras unos instantes de silencio se escucha desde la tercera planta a María: “<em>Nooooooooooooooooooo</em>”. Aun estamos convencidos de que nuestra camarera va a hacer todo lo posible por conseguir dos vasos pero todas nuestras esperanzas se van a la mierda cuando nos dice: “<em>Pues lo siento mucho muchachos pero tendréis que pagarlos en recepción. Creo que son unos 65 kilos cada uno</em>”. Será zorra. Encima 65 kilos por vaso. Mientras bajamos con las maletas a recepción y nos preguntamos qué coño son 65 kilos, Nacho sugiere volver a la habitación y pagar los vasos con la propina que le hemos dejado a la camarera. Sólo se queda en una sugerencia. Al llegar a recepción y devolver las tarjetas nos dicen que se van a quedar con 2 CUC de la fianza en concepto de dos vasos que hemos perdido. Bueno, tampoco ha sido para tanto.</p>
<p>Salimos del hotel con Iago, Iván y Diego. El resto ya se ha marchado en el primer autocar pero antes le han hecho una última foto al Deauville. </p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2257/2402012934_2a6ac57e6a.jpg" alt="Todavía sigo preguntándome como el Deauville aguantó de pie las cinco noches que pasamos allí" /><br />
<em>Todavía sigo preguntándome como el Deauville aguantó de pie las cinco noches que pasamos allí</em></div>
<p>Antes de montar en nuestro autocar compramos agua en la tienda que está junto al hotel –la que nos ha provisto de ron y Tukola todos estos días–. Ahora sí que sí, subimos al autocar y arrancamos rumbo a Varadero. Avanzamos durante todo el trayecto por una carretera paralela a la costa. Por el camino, el señor conductor nos obsequia con una colección de los grandes éxitos cubanos del momento. Si tengo que elegir uno, sin duda alguna me quedo con el del celular, cuya letra no tiene desperdicio.</p>
<div style="text-align:center;"><object width="425" height="355"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/s6k7NCmib_w&#038;hl=en"></param><param name="wmode" value="transparent"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/s6k7NCmib_w&#038;hl=en" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" width="425" height="355"></embed></object></div>
<p></p>
<p>También suena el “<a href="http://www.youtube.com/watch?v=AjHSu4wNTyw">Yves Larock – Rise up</a>” –desde mi móvil–. Nacho y yo pegamos una cabezadita para que el viaje se haga más corto. Después de una hora y media de viaje –aproximadamente– nos detenemos en un mirador para descansar. En realidad nos han parado para comprar artesanía variada y consumir piñas coladas pero la mayoría aprovechamos la parada para descansar. Nos hacemos una foto en el mirador.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm4.static.flickr.com/3169/2401184105_50570f7173.jpg" alt="Parada en el mirador de la piña colada" /><br />
<em>Parada en el mirador de la piña colada</em></div>
<p>Entonces Diego e Iván deciden pedirse una piña colada. Me comentan que está muy rica. Yo ya estoy bien –aparentemente– de la tripa pero decido no jugármela con la piña colada. Diego e Iván insisten en que la piña está cojonuda. Me la juego y la pruebo. Mmm. La vuelvo a probar. Mmm. Una vez más. Decido pedirme una. Al carajo la tripa, tengo Fortasec de sobra. Cuando voy a pedir mi piña colada, Nacho y Javi ya tienen la suya. Nacho la añade <del datetime="2008-04-09T21:59:03+00:00">un poco</del> bastante más ron. Yo espero mi turno para pedir pero se ha acabado la piña colada y tienen que hacerla. No puedo esperar tanto porque el autocar se va así que voy a gorronear un poco de piña colada a Nacho y Javi. Creo que desde ese momento soy adicto a la piña colada.</p>
<p>Se acabó el tiempo de descanso así que volvemos a montar en el autocar. No tardamos en llegar a Varadero –apenas una hora–. El paisaje es completamente distinto al de La Habana: casas de una altura, pavimento en buen estado, etc. Se nota que esta ciudad vive exclusivamente del turismo. Cuando llegamos al hotel, el responsable de Angalia que viaja con nosotros en el autocar –el mismo con el que tuve la bronca por el autocar en la excursión de Viñales, aunque ya hemos limado asperezas– nos recuerda una y mil veces que no nos olvidemos nada en el autocar, que no vamos a volver a viajar en él y que probablemente no recuperemos nada de lo que nos dejemos. Supongo que en el otro autocar hacen las mismas advertencias pero aun así Ana decide olvidarse la cámara en el autocar –evidentemente fue más tarde cuando se dio cuenta del despiste–. El responsable de Angalia tiene razón; las cosas que se olvidan en un autocar cubano jamás vuelven junto a su dueño. Echamos un primer vistazo al edificio del hotel. No es que sea una maravilla pero venimos del Deauville, no puede ser peor.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2290/2401184197_b5d24ece74.jpg" alt="Hotel Punta Arenas 24 horas todo incluido hasta que se acaba, en Varadero" /><br />
<em>Hotel Punta Arenas 24 horas todo incluido hasta que se acaba, en Varadero</em></div>
<p>Bajamos nuestros equipajes del autocar. Por suerte –para él– no hay ningún maletero estafador esperándonos para ayudarnos con el equipaje a cambio de 10 CUC. Entramos en la recepción del hotel y nos ofrecen un cóctel de bienvenida –un refresco de color rojo que yo no probé–. Nos repartimos las habitaciones. En este hotel voy a compartir la habitación 1510 –en la quinta planta, no en la quince– con David y Kike. Nos entregan las tarjetas de la habitación y nos ponen la pulsera verde que nos dará acceso a todos los servicios de “<em>24 horas todo incluido hasta que se acaba</em>” del hotel. </p>
<p>Son las 14:00 y tenemos hambre después del viaje pero antes ir a comer tenemos que escuchar una charla de uno de los responsables del hotel. Subimos a la discoteca, en la primera planta y allí nos explican las normas básicas de comportamiento del hotel. Nada que no sepamos. También nos explican las excursiones, carísimas por cierto. Por último nos advierten sobre una norma importante: “<em>Si ustedes vienen tomados por la noche desde la discoteca, por favor, no hagan ruido ni armen escándalo en el hotel. En esos casos, van directos a la playa. Allí pueden continuar la fiesta. Pueden seguir tomando, pueden cantar, bailar, bañarse, incluso bañarse con la rependeja al aire. Pero hay una norma muy importante. No pueden hacer fogatas. Nada de fogatas en la playa</em>”. No hacer fogatas en la playa cuando vengamos tomados. Entendido. Ahora sí que sí, vamos a comer. El buffet del edificio del hotel está cerrado así que tenemos que ir al restaurante de la playa. No tardamos en encontrarlo pues el hotel tampoco es tan grande. Nos acoplamos en varias mesas de la terraza del restaurante. Entramos y nos servimos el primer plato de entre todo lo que hay para elegir en el buffet. Parece que los espaguetis son el plato estrella. Pedimos unas cervezas en la barra para pasar las migas.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm4.static.flickr.com/3074/2402013268_7cc17fdd9e.jpg" alt="Atención al copete de mi plato de espaguetis" /><br />
<em>Atención al copete de mi plato de espaguetis</em></div>
<p>Después de comer un par de pinchos de espaguetis nuestras tripas empiezan a hacer sonidos raros. Aun estamos algo convalecientes del estómago –prácticamente todos– y parece que estos espaguetis no nos van a sentar nada bien. Nos volvemos a levantar y nos servimos arroz cocido. Cuando estamos terminando, una camarera se acerca para tomarnos nota del segundo plato, ya que el segundo te lo traen a la mesa. Nos da a elegir entre pollo, pescado, hamburguesa, perro –caliente– y cerdo. La mayoría pedimos perro. Ana y Javi piden pescado. No tardan en servirnos los segundos platos. No sé como Ana y Javi pueden comerse el pescado ya que su segundo plato les está mirando directamente a los ojos.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2236/2402013350_8d8051b34c.jpg" alt="¿De dónde viene el humillo blanco que está aspirando Javi?" /><br />
<em>¿De dónde viene el humillo blanco que está aspirando Javi?</em></div>
<p>Terminamos de comer y nos quedamos hablando un rato en la sobremesa. El tiempo es soberbio y no tenemos ninguna prisa por marcharnos. Aun así todavía no hemos subido las maletas a las habitaciones así que decidimos que es un buen momento para hacerlo. Pasamos a recoger nuestras maletas por la recepción y nos llevamos nuestra primera sorpresa –desagradable– cuando vemos que sólo funciona uno de los tres ascensores que tiene el hotel. Aun no sabíamos todas las salsas que íbamos a bailar esperando al ascensor todos estos días. Mientras esperamos al ascensor vemos un cartel colgado en una columna. Es un horario de las actividades programadas por el hotel: aquagym, torneos de voleibol, fútbol y baloncesto, clases de baile,… ¡Clases de baile! Iván, Jorge M. y yo comentamos que no nos vamos a perder ninguna. No nos podemos ir de Cuba sin aprender a bailar salsa. Por fin llega el ascensor. Subo a mi habitación con David y Kike y nos instalamos en ella. Las vistas no son al mar, sino a un canal. No está nada mal de tamaño aunque todavía tienen que subir la cama supletoria. No estamos dispuestos a compartir cama entre nosotros. Somos demasiado viriles para eso. Yo me pongo el bañador y bajo en busca del resto del grupo mientras David y Kike se quedan vaciando sus maletas en el armario. Bajo a la recepción después de esperar un buen rato al ascensor. Allí no encuentro a nadie así que decido hacerme con una toalla de playa ya que no la he traído desde España. Seguro que las toallas se consiguen cerca de la piscina así que me dirijo para allá. Hay un bar junto a la piscina y hace calor, la excusa perfecta para pedirme un cóctel. Como soy adicto a la piña colada desde esta mañana pues me pido una piña colada. No tiene nada que ver con la del mirador pero se deja beber. Continúo con la búsqueda de la toalla y me acerco a una caseta que hay junto a la piscina. Sí, allí tienen que dar toallas. Fuera de la caseta hay un gorilón en traje y dentro hay otro tipo muy moreno y con tres dientes de oro –del que cagó el moro–. Mantengo una breve pero agradable conversación con el tipo de los dientes de oro –del que cagó el moro–.</p>
<p>- (Dientes de oro) ¿Argentina?<br />
- (Yo) Pues no.<br />
- ¿De dónde entonces helmano?<br />
- ¿De dónde crees?<br />
- Ah amigo. ¡¡ESPAÑA!!</p>
<p>Desde ese momento, el tipo cubano encargado de las toallas se ganó el mote de Argentino. Él me llamó desde entonces España. Fue el principio de una bonita amistad. Le pido una toalla. Me dice que hay que dejar un depósito de 10 CUC en recepción por la toalla, que me lo devuelven cuando la entregue. Como no tengo dinero encima, tengo que subir a la habitación a por el dinero. Paso de esperar al ascensor así que busco las escaleras para subir andando. No están dentro del hotel. La única escalera por las que uno puede subir a las habitaciones es la escalera de incendios, que va por fuera del hotel. Podéis verla tres fotos atrás, en la foto del hotel, en la parte derecha del mismo. Subo a mi habitación por la escalera de incendios. Es muy inestable y los escalones no están separados por la misma distancia unos de otros. Tomo nota mental: “<em>no subir ni bajar por esta escalera de noche</em>”. Mientras subo, me cruzo con David y Kike, que bajan por la escalera. Van a la playa. Sigo subiendo y por fin llego a la habitación. Cojo los 10 CUC y bajo por la escalera –paso de esperar al ascensor– hasta la recepción. Allí me entregan una hoja de papel a cambio del depósito de los 10 CUC. Me dirijo de nuevo a la caseta de la piscina. Allí siguen el gorilón y el Argentino. Le entrego la hoja de papel al Argentino y él me entrega a cambio una toalla.</p>
<p>Como sigo sin encontrar al grupo decido probar suerte en la playa. La arena está llena de conchas y te destroza los pies a cada paso que das. Nada, ni rastro del grupo. Veo a David y Kike así que me quedo un rato con ellos. Me doy mi primer baño en aguas cubanas –en aguas saladas porque ya me bañe en la piscina del Deauville–. La temperatura del agua es agradable pero hay muchas algas cerca de la orilla. Cuando salgo del agua, el resto del grupo está llegando a la playa. Me uno a ellos. Vemos una red de voleibol en la playa así que decidimos jugar un rato. Voy de nuevo a visitar a mi colega el Argentino para pedirle un balón de voleibol. Cuando llego le gasto una pequeña broma. “<em>Oye amigo, he perdido la toalla</em>”. El gorilón, que aun sigue allí, me mira por encima de las gafas de sol. No se puede creer que haya perdido la toalla en diez minutos. “<em>Pero España, ¿cómo es eso posible</em>?”, me responde el Argentino. Después de unos segundos de silencio les explicó que es una broma y ambos se echan a reír. “<em>Menos mal chico porque sino te habría tocado abonarla</em>”, comenta el gorilón entre risas. El Argentino me presta un balón de voleibol bastante desinflado pero es lo único que tiene. Vuelvo a la playa con el balón. Jugamos un partido de voleibol. O al menos lo intentamos. Jorge no para de tirar balones hacía atrás –muy hacia atrás–. Todos acabamos con los antebrazos destrozados. De pronto cae una gota. Después otra. Empieza a diluviar. Corremos a resguardarnos de la lluvia al restaurante de la playa. Ya que estamos allí aprovechamos para pedir otro cóctel. Yo pido uno de colorines que sólo sabe a azúcar. En cuestión de cinco minutos, deja de llover y vuelve a salir el sol.</p>
<p>Iván comenta que son casi las 16:30 y que la clase de baile empieza a esa hora. Vamos hacia la piscina pues la clase de baile se da en el bar de la piscina. Nos sentamos en las mesas del bar de la piscina a esperar a que unos canadienses terminen de lanzar anillas a unos palos –antes de las clases de baile hay una actividad que se llama crazy pool games, aunque no sé qué tiene de crazy encestar anillas en unos palos–. No tardan en terminar. Gana un tal John. Le dan una botella de ron Mulata –el único ron que sirven en el hotel– de premio. Ahora sí, empiezan las clases de baile. Durante media hora aprendemos los pasos básicos de la salsa. Al termina la clase, Carlos (Relojes) nos ayuda a Iván, Jorge M. y a mí a repasar los conceptos vistos en clase. Un par de clases más y ya los tenemos dominados.</p>
<p>Nos pedimos otro cóctel que también es de colores –y que también sabe mucho a azúcar– y vamos a jugar un waterpolo en las porterías de la piscina. El partido está animado. Al fondo vemos como Carlos (Relojes) y Javi echan una partida de ajedrez en el ajedrez gigante del hotel. Yo también quiero jugar así que salgo de la piscina, cojo mi cóctel de mil colores sabor azúcar y voy para allá. Cuando llego, Carlos está jugando contra un chico de magisterio. Mate pastor. Pim pam pum. Mi turno. Carlos y yo nos disponemos a echar la partida de ajedrez gigante del siglo porque en la vida he jugado delante de tanto público.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2408/2401184547_2978262091.jpg" alt="Tablero de ajedrez gigante del hotel. La foto es de otro día porque no hay público" /><br />
<em>Tablero de ajedrez gigante del hotel. La foto es de otro día porque no hay público</em></div>
<p>Jorge M. se une a Carlos. Juego contra los dos. La partida no está mal aunque se nota que hace mucho que no jugamos al ajedrez. Me ganan. Le echo la revancha a Carlos. Me vuelve a ganar. Suficiente ajedrez por hoy. Vamos con el resto del grupo a las tumbonas de la piscina. Está anocheciendo y ya no hay nadie en la zona de la piscina excepto nosotros. Sacamos las cartas y jugamos al comemierda. El bar de la piscina ha cerrado así que Javi y yo vamos al bar del lobby a por una docena de piñas coladas para todos. Volvemos a la piscina con las piñas coladas. La gente está con un subidón de azúcar del quince así que sobran la mitad de las piñas coladas. Jugamos un rato más a las cartas y la gente se retira a no sé dónde. Sólo nos quedamos Nacho, Carlos (Tacto), Javi y yo jugando una mano más al comemierda. Son las 9:20 y el buffet cierra a las 9:30 así que recogemos las cartas y subimos rápido a cenar. Allí está el resto del grupo. Se habían ido a cenar y nosotros tan felices tomando piña colada en la piscina. La gente del buffet pone pegas para dejarnos entrar porque es tarde pero finalmente acceden a dejarnos cenar. Incluso uno de los cocineros me saca un plato de embutido ya que han recogido prácticamente toda la comida del buffet. No me gusta nada el embutido cubano pero Nacho y Carlos dan buena cuenta de él. Cuando terminamos de cenar subimos a nuestras respectivas habitaciones a darnos una ducha, no sin antes esperar un buen rato al ascensor.</p>
<p>Después de ducharme, Iván me llama por teléfono y me dice que han quedado a las 22:30 en el bar del lobby. Bajo a la habitación de Carlos, Nacho y Javi para decírselo. Les espero y bajamos juntos al bar del lobby. Allí encontramos a Iago y Jorge jugando al pimpón. Jugamos un rey de la pista a once puntos. Va llegando más gente y se une al juego. Jorge no tarda mucho en convertirse el rey de la pista tras derrotarnos a todos varias rondas consecutivas. Unos polacos –aparentemente marido, mujer y padre de la mujer– no dejan de observarnos mientras jugamos. Pasado un tiempo nos preguntan –en inglés– que si pueden jugar. Empieza jugando Jorge contra la mujer. No es muy buena a pesar de jugar al despiste, pues no para de apoyarse en la mesa y de enseñarle a Jorge su generoso escote. Yo aprovecho y salgo fuera a buscar al resto. Están jugando a la petanca sin luz y con cuatro bolas. Juego un par de partidas pero como no veo un pimiento decido entrar a pedirme un mojito. Está asqueroso el mojito del hotel así que tomo nota mental: “<em>no pedir más mojitos en el hotel</em>”. De momento lo único que se ha dejado probar ha sido la piña colada. Sigo siendo adicto a ella.</p>
<p>Vuelvo a la zona del pimpón. Jorge está jugando ahora contra el marido polaco. El nivel ha subido en la mesa de pimpón. De hecho Jorge, el maestro del pimpón, pierde la partida. Entro a jugar yo. Si a Jorge le gana, a mí me da para el pelo. Estoy más tiempo fuera recogiendo las bolas que remata fuerte y salen por la puerta que jugando. Vuelve a entrar Jorge pero esta vez juega contra el padre polaco. El nivel es máximo en pista. No hay nada que hacer. Jorge vuelve a perder. No hay nada más que ver en la mesa de pimpón así que salgo de nuevo con los de la petanca. Decidimos ir a las hamacas de la piscina mientras decidimos que hacer. No tarda en llegar el resto del grupo. Javi, Nacho, Sara, Ana y yo encabezamos una avanzadilla para explorar el ambiente de la discoteca. Está vacía y ponen reggaetón. Me pido un <del datetime="2008-04-09T22:16:25+00:00">ron</del> Mulata <del datetime="2008-04-09T22:16:25+00:00">cola</del> Tukola. No se lo bebe ni el mismo Fidel en persona. Bajo de nuevo a la piscina a informar del resto de la situación en la discoteca. Aprovecho y me siento en una tumbona para contárselo. Me recuesto. Me tumbo. Me estoy quedando dormido. Abro un poco un ojo. El resto del grupo está en un estado similar al mío. Nacho baja a buscarnos pero no estamos como para ir a la discoteca. Es la 1:30. Decido que es el momento de ir a dormir. Subo a mi habitación –después de la habitual espera del ascensor–. Kike y David han ido con las chicas de magisterio a una discoteca de Varadero –el Castillo si mal no recuerdo– y aun no han regresado. Me tumbo en la cama y pongo la alarma del móvil a las 9:00 para llegar al desayuno del buffet, que cierra a las 10:00. Antes de dormirme cambio el tono de aviso del despertador de mi móvil. ¿Adivináis cuál pongo?</p>
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		<title>Martes 11 de marzo: el día de la visita a Pinar del Río o que se siente tras 36 horas sin dormir</title>
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		<pubDate>Tue, 01 Apr 2008 23:58:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Sánchez</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Cuba]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Hoy no suena el <em>pipipipii pipipipii</em> de mi móvil para despertarme, estoy bastante despierto después de amanecer en el Malecón. Iago, Carlos y yo nos quitamos las legañas antes de entrar al buffet del Deauville. No hay nadie desayunando aun porque acaban de abrir. Nos hacemos con una mesa. Yo desayuno mi habitual tazón de leche con chococereales y un <del datetime="2008-04-06T21:23:30+00:00">zumito</del> juguito (tang) de naranja. No tenemos sueño pero somos conscientes de que las vamos a pasar canutas en la excursión a Viñales. Terminamos de desayunar. El cubano que me vendió las monedas del Ché está esperando a Iago en la puerta del hotel con un nuevo cargamento de monedas. Yo aprovecho para subir a mi habitación y darme una ducha. Cuando llego, Carlos se está levantando y Nacho aun no ha llegado. No pasa nada, tampoco ha aparecido flotando en el Malecón, estará durmiendo en algún pasillo del hotel. La ducha me da la energía rápida que necesito, al menos para mantenerme en pie durante la siguiente media hora. Cuando salgo, Nacho entra en la habitación. “<em>¡Te parece bonito llegar a estas horas!</em>”, le digo. Me siento como su madre por unos momentos. Nos cuenta que ha pasado la noche en no sé qué habitación con no sé quiénes personas (creo que con Cris y Pablo). Mientras Carlos y Nacho se duchan y desayunan, yo bajo a la recepción con mi baraja a hacer el ganso. El camarero del bar del lobby me mira con cara de circunstancias. “<em>¿Qué hace este perturbado con cara de ayer y gorra de pana recogiendo una y otra vez cartas del suelo?</em>”, piensa (o eso parece pensar). No sé cuánto tiempo estoy en el lobby, el reloj parece haberse detenido. Por fin empiezan a aparecer telecos en la recepción. Salimos a la calle y cogemos dos autocares (vamos también con las maestras) que nos llevarán a hacer la visita a la provincia de Pinar del Río. Todos (o casi), pese a resistirnos, caemos como moscas en el autocar.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm4.static.flickr.com/3119/2394040132_259f6f76be.jpg" alt="Iván y Diego putearon perrearon a los que dormíamos" /><br />
<em>Iván y Diego <del datetime="2008-04-06T21:26:54+00:00">putearon</del> perrearon a los que dormíamos</em></div>
<p>Después de un rato de viaje (no sabría decir cuánto, a ver quién controla el tiempo con la cabeza colgando, como se ve en la foto) el autocar se detiene en una plantación de tabaco, con un bar y una tienda adosadas. ¡Dios, no quiero ver como se seca el tabaco! ¡Quiero dormir! Hago un poder y trato de espabilarme un poco. Jorge es más listo y se queda durmiendo en el autocar (él sí había dormido pero estaba a Fortasecs). Después de ver la plantación de tabaco y como éste se seca colgado del techo de una cabaña, decido ir a pedirme una botella de agua al bar. Está bien fresquita así que pego un gran trago. Ya estoy algo más espabilado. Mientras, Iván y Diego se lo siguen pasando piruleta. Como se nota quien ha dormido.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2043/2393209123_8ec83bbb61.jpg" alt="Esta es mi pequeña gran venganza por grabarme en el autocar mientras me jodía el cuello dormido en vez de despertarme, mamones" /><br />
<em>Esta es mi pequeña gran venganza por grabarme en el autocar mientras me jodía el cuello dormido en vez de despertarme, mamones</em></div>
<p>Entro con el resto en la tienda. Algunos compran chocogalletas, otros café cubano. Carlos (de la Parra) se compra una bandera de Cuba de un tamaño descomunal. El banderazo. Volvemos al autocar. Antes de montar, el Líder da de comer unas chocogalletas a un par de perros hambrientos, aunque el perro grande se come la mayoría de las chocogalletas que el Líder les lanza. Reanudamos nuestra marcha en el autocar. Ya estoy completamente espabilado. Me acuerdo de la partida de cartas de ayer y le pido a Carlos (Relojes) que me pase al móvil el “<a href="http://www.youtube.com/watch?v=AjHSu4wNTyw">Yves Larock – Rise up</a>”. Aun no sabíamos que consecuencias iba a tener aquello (un poquito de paciencia, que pronto llegamos a Varadero y os lo cuento).</p>
<p>El autocar está pasando por Viñales cuando empezamos a oler a quemado. De pronto, el autocar se detiene dejando una espesa estela de humo blanco. ¡Hemos roto motor!</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2353/2394040454_84403337fd.jpg" alt="¡Trata de arrancarlo por Dios!" /><br />
<em>¡Trata de arrancarlo por Dios!</em></div>
<p>Nos bajamos del autocar. El conductor trata de arrancarlo (¡por Dios!) y lo consigue. Volvemos a montar. El autocar aguanta hasta la fábrica de puros, a las afueras de Viñales. Entramos a visitar la fábrica de puros, de la cual no podemos enseñar ninguna foto porque está prohibido hacerlas, no sé por qué motivo. Aun así, la visita tampoco nos aporta mucho. Hombres y mujeres enrollando tabaco. Otro hombre haciendo el control de calidad, pesando los puros. Otros tantos haciendo las cajas y pintándolas. Y unos últimos que separan los puros en función de su tonalidad para que todos los de la caja sean del color más parecido posible. Me acuerdo de nuestra experiencia hace dos días con el puro cubano. Ese sitio me da escalofríos. Salimos de la fábrica de puros y un hombre insiste en vendernos un jugo de naranja (recién exprimido) con ron. “<em>Si tú supieras helmano… Estoy como para rones con jugo</em>”, le comento. Aunque me quedo con ganas de tomarme un jugo de naranja recién exprimido a secas. Eso sí que me hubiera terminado de despejar. Nos tienen media hora tostándonos al sol (que hoy pega con ganas) mientras buscan una solución para el tema del autocar. Me quito la gorra de pana. En que estaría pensando cuando la metí en la maleta. Alguien (cuyo nombre no revelaré para preservar su intimidad) no aguanta más y vomita. Yo estoy a punto. Al fin parecen encontrar una solución para el tema del autocar. Vamos a viajar todos en un único autocar mientras envían otro para el viaje de vuelta a La Habana. Las maestras ya están sentadas en sus asientos del otro autocar así que nos toca sentarnos en el suelo.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2065/2394040602_c12c39457b.jpg" alt="Parece que viajamos en un camión de ganado en vez de en un autocar" /><br />
<em>Parece que viajamos en un camión de ganado en vez de en un autocar</em></div>
<p>A mí me toca sentarme debajo de unos asientos, en la parte del fondo a la derecha en la foto anterior. Estoy literalmente comprimido. Hace calor. El autobús nos conduce por un camino de montaña, con mil y una curvas a derecha e izquierda. Hago malabarismos para contener las chocogalletas dentro de mi estómago. Lo consigo. Por fin llegamos a nuestro destino: una pintura rupestre gigante de hace 50 años. Que digo yo que muy rupestre no será si sólo tiene 50 años pero bueno, no estoy para discutir. Bajamos del autocar y vemos un <del datetime="2008-04-06T21:26:54+00:00">ñufel</del> cebú. Algunos se suben en el cebú para hacerse fotos.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2296/2394040706_ed8b68c3c0.jpg" alt="Cebú cubano" /><br />
<em>Cebú cubano</em></div>
<p>Cuando veo la pintura rupestre no me puedo creer que nos hayan parado para ver eso. Me hago una foto con Iago y Diego para que quede constancia de que estuvimos allí.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm4.static.flickr.com/3212/2393209769_40b05bc37a.jpg" alt="Sigo sin verle la gracia a lo de la pintura" /><br />
<em>Sigo sin verle la gracia a lo de la pintura</em></div>
<p>Nos sentamos todos a la sombra porque el sol empieza a ser insoportable. Hablamos con el guía (no con Javi, sino con el de Angalia) y le preguntamos qué pasa con el autocar. Nos responde que está en camino, qué vamos a ir a comer todos en un autocar a un sitio que está a diez minutos pero que luego viene el otro autocar. No sé lo cree ni él pero tenemos hambre así que no discutimos. Esta vez somos más rápidos y nos montamos de los primeros en el autocar, de modo que nos toca asiento en vez de suelo. No tardamos en llegar al restaurante donde comeremos. Son una especie de merenderos gigantes con el techo de paja y en medio de la selva.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2420/2394041328_3c7f5337ca.jpg" alt="Restaurante en mitad de la selva cubana" /><br />
<em>Restaurante en mitad de la selva cubana</em></div>
<p>Nos repartimos en varias mesas. Los mosquitos nos están comiendo pero Javi saca un repelente de mosquitos de su bolsa y lo comparte con el grupo. No lo había dicho pero Javi es capaz de sacar cualquier cosa que le pidas de su bolsa. Si nosotros fuéramos los Fruitis, él sería algo parecido a Mochilo. Un grupo de cubanos empieza a tocar, cantar y bailar. ¡Por el amor de Dios, hoy no es buen día para que hagáis eso! A ninguno nos apetece escucharlos pero no podemos hacer nada. Y para colmo están justo a nuestro lado. No tardan en servirnos la comida: ensalada, pollo seco, arroz con frijoles, pan bollo (en Cuba no hay pan de verdad) y helado de postre. No está mal, pero a Diego parece que no le hace mucha gracia el pollo. Terminamos de comer y enseguida volvemos al autocar. Aun no ha llegado el otro autocar. Esto es de risa. Vuelvo a hablar con el guía. Vuelve a repetirme que el autocar está de camino. Le digo que no me lo creo y que ya puede hacer algo porque no hemos pagado 50 CUC para viajar en el suelo de un autocar, que una cosa son diez minutos y otra muy distinta son las tres horas que hay de viaje de vuelta a La Habana. Me responde que lo entiende y que están en ello pero que ahora vamos a ver la cueva del Indio, que está a diez minutos.</p>
<p>Montamos en el autocar. Tenemos suerte y nos vuelve a tocar asiento. En diez minutos hemos llegado a la cueva del Indio. Bajamos del autocar y la guía (hay un guía y una guía) nos enseña una planta muy curiosa que se encoge cuando la tocas. Después de jugar un rato con las plantas que se encogen cuando las tocas nos dirigimos a la cueva. Nos hacen pasar por una tienda de recuerdos antes de entrar en la cueva pero nadie compra nada. Mientras subimos unas escaleras que conducen a la entrada de la cueva, vemos un curioso cartel.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm4.static.flickr.com/3194/2393210115_068ecbc94a.jpg" alt="¡Ouch!" /><br />
<em>¡Ouch!</em></div>
<p>Entramos en la cueva. Dentro hace una temperatura muy agradable. La cueva está claramente orientada al turismo pues el suelo es de hormigón para que nadie tropiece. Aun así nos toca pasar agachado por un estrecho pasillo donde las pareces están muy juntas y el techo muy bajo. Bajamos unas escaleras (artificiales) y llegamos a un embarcadero. Una pequeña barca a motor nos está esperando.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2279/2393210259_5ffcd560b9.jpg" alt="Para mí, uno de los momentos más absurdos del viaje: el paseo en barca" /><br />
<em>Para mí, uno de los momentos más absurdos del viaje: el paseo en barca</em></div>
<p>Montó en la barca con Carlos (Relojes), Iago, Diego y más gente. El hombre que capitanea la barca nos da un pequeño paseo por la cueva. Mientras nos movemos, va señalando piedras con su linterna y explicándonos que tienen nombre (por su no muy evidente parecido a diversos objetos, personas o animales): el pirata, la bota, el conejo, el mango… Me siento como si hubiera viajado atrás en el tiempo y estuviera dando un paseo en la barca del Campo Grande, pero a motor. Salimos de la cueva y llegamos a un nuevo embarcadero. Al bajar de la barca, Carlos pisa el borde de la misma con la intención clara de tirar a alguien al agua, pero no lo consigue. Esperamos a que llegue el resto de barcas con el resto de gente. Son las 17:00 y estamos destrozados.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm4.static.flickr.com/3084/2394041864_b990ced6b3.jpg" alt="Vaya panorama" /><br />
<em>Vaya panorama</em></div>
<p>Volvemos al autocar. Aun no ha llegado otro autocar. La gente monta y el autocar arranca. Yo no aguanto más; somos estudiantes pero no somos tontos. Voy a la parte de delante a hablar con los guías y el conductor. Le digo que no vamos a hacer ningún viaje sólo en un autocar. Dicen que están haciendo lo que pueden pero que no hay ningún autocar disponible para mandarnos. “<em>Pues no es suficiente. No vamos a ir tres horas sentados en el suelo del autocar</em>”. La verdad es que me pongo un poco cabrón pero terminan llamando a no sé quién y consiguen una furgonetilla “grande”, de unas once o doce plazas. Nos bajamos los que vamos sentados en el suelo o de pies y montamos en la furgonetilla. Entre ellos estamos Diego, Jorge M., Sara, Ana y yo. La verdad es que vamos como en una latilla de sardinas pero es mejor que viajar en el suelo del autocar. A los pocos kilómetros paramos en un mirador. Javi se curra una de sus habituales panorámicas.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2166/2394042008_06f451e9ce.jpg" alt="Bonita panorámica desde el mirador, ¡pero queremos dormir ya!" /><br />
<em>Bonita panorámica desde el mirador, ¡pero queremos dormir ya!</em></div>
<p>No nos entretenemos mucho tiempo en el mirador y enseguida reanudamos la marcha en nuestra furgonetilla. Algunos (los que van menos comprimidos) aprovechan para dormirse. El resto hablamos de todo un poco para hacer más llevadero el viaje. A medio camino recibo una llamada de mis padres. Un rato después, Ana y yo decidimos mandar un mensaje a Albano pues aun estamos pendientes de la nota de un examen de febrero y parece que ya ha salido. Nos contesta: “<em>Me consta que habéis sacado sendos notables. Salud y heavy metal, que por Cuba habrá poco</em>”. Que grande Albano (mil gracias desde aquí). ¡Toma castaña! Ya tenemos excusa para beber esta noche. Lo que no tenemos son ganas. De pronto empieza a llover muy fuerte. Apenas se ve la carretera pero confiamos en el señor conductor. Adelantamos nuestro autocar, el del motor roto, que va remolcado por una grúa. Continuamos viajando…</p>
<p>… y por fin llegamos a La Habana. Al poco de entrar, la policía nos para. El conductor se baja. Se ha ganado una receta por exceso de velocidad. Vuelve a montar en la furgonetilla, bastante cabreado. Se desahoga con nosotros pero yo no entiendo lo que dice porque estoy en la parte de atrás de la furgonetilla.</p>
<p>Llegamos al Deauville. Cada cual sube a su respectiva habitación. Ahora estoy bastante espabilado así que decido bajar a la piscina a darme un baño. El agua tiene mejor temperatura hoy. No tarda en aparecer Javi, que también se da un baño. Chapoteamos durante un rato pero yo ya no puedo más. Me seco y subo a mi habitación. Allí ya están Carlos (de la Parra) y Nacho. Han quedado con el resto para ir a Coppelia, la famosa heladería. “<em>Yo paso</em>”, le digo mientras me tumbo en la cama. Salen de la habitación y me quedo sólo. Me pongo música en el móvil para dormir: “<em><a href="http://www.youtube.com/watch?v=AjHSu4wNTyw">My dream is to fly over the rainbow, so high</a></em>”. Son las 20:00. Se acabó el día para mí.</p>
<p>Un ruido me despierta a las 5:00. Carlos y Nacho ya están en la habitación, durmiendo. Busco el origen del ruido. ¡Caramba, si son mis tripas! Corro al baño. Me tomo mis dos primeros Fortasec (y por suerte los últimos) en Cuba. No tardo en volver a dormirme.</p>
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		<title>Lunes 10 de marzo: el día de los mojitos o como amanecer en el Malecón</title>
		<link>http://tresjorobas.es/2008/03/lunes-10-de-marzo-el-dia-de-los-mojitos-o-como-amanecer-en-el-malecon/</link>
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		<pubDate>Fri, 28 Mar 2008 00:18:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Sánchez</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Cuba]]></category>
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		<description><![CDATA[Un ruido me despierta. Aún no ha amanecido. Vaya, parece que Carlos ha sido el siguiente en caer. Se toma un par de Fortasec. Volvemos a dormirnos.

Pipipipii pipipipii. ¡Dios, ese ruido se me mete por todos los sentidos! Son las 9:00 de un nuevo día. Nos levantamos, no queremos perdernos el buffet. Necesitamos comer algo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Un ruido me despierta. Aún no ha amanecido. Vaya, parece que Carlos ha sido el siguiente en caer. Se toma un par de Fortasec. Volvemos a dormirnos.<br />
<em><br />
Pipipipii pipipipii</em>. ¡Dios, ese ruido se me mete por todos los sentidos! Son las 9:00 de un nuevo día. Nos levantamos, no queremos perdernos el buffet. Necesitamos comer algo para aguantar el día de los mojitos. ¿Qué es eso que se ve por la ventana? ¡El sol! “<em>¡Buenos días, señor sol! ¿Dónde coño ha estado todos estos días?</em>”. Antes de bajar nos damos una ducha para terminar de despejarnos. Aún tenemos secuelas del puro de ayer. Nacho y yo juramos no volver a fumar un puro cubano (y lo cumplimos). Necesito cargar las pilas de la cámara pero no tengo adaptador de corriente (los enchufes cubanos son distintos a los españoles). Bajo a recepción a por uno. Me dicen que ahora mismo tienen todos prestados, que me avisan en cuanto tengan uno disponible. No puedo esperar. Voy a la 1308 a pedirle a Iván su adaptador. Iago parece que está mejor que ayer. Bajo a mi habitación para dejar cargando las pilas de la cámara mientras desayuno. No funciona. Subo de nuevo a la 1308. Iván me explica que hay que girar una ruleta ya que el adaptador tiene varias entradas y sólo hay una activa a la vez. “<em>Y llevo cinco años de ingeniería</em>”, comento. Vuelvo a bajar a la 1109 para dejar cargando las pilas mientras desayunamos. Carlos ya ha bajado. Nacho me está esperando.</p>
<p>Bajamos al buffet. Carlos está sentado con Javi, Sara y Ana. Sólo desayuna un té con Fortasec. Yo comparto mesa con Nacho. Desayuno mi habitual tazón de cereales. Decido comer también huevos revueltos con perro (caliente) y pomelo. Nacho se pone las botas. La resaca del puro parece haberle abierto el apetito. Terminamos de desayunar y subimos a la habitación a lavarnos los dientes y coger nuestras cosas. Hoy nos damos crema a conciencia. Bajamos a recepción a esperar al resto del grupo. No tardan en llegar. Decidimos ir a uno de los colegios que vimos ayer para dejar unos regalos que ha traído Jorge. Desde ese momento le asignamos el mote de Regalitos (a lo mejor no fue desde ese momento pero se me ha olvidado escribirlo antes). Nos dirigimos hacia el Paseo de Martí por el Malecón. Nos hacemos la primera foto con sol desde que llegamos a la isla.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm4.static.flickr.com/3080/2391973329_e0f49b655a.jpg" alt="Bajo el sol cubano" /><br />
<em>Bajo el sol cubano</em></div>
<p>Continuamos caminando y enseguida llegamos al Paseo de Martí. No tardamos en encontrar las tres escuelas que vimos ayer ya que están juntas. Vemos a los niños en clase por las ventanas. No sabemos a cuál entrar. Mientras nos decidimos por una, una señora cubana de unos 70 años se nos acerca tambaleándose. ¿Está ebria a las 11:30? Se acerca a Jorge M. <em>“Qué chico más lindo</em>”, dice mientras se le acerca peligrosamente. Sin más, se aleja unos pasos, saca una petaca de Havana Club y le pega un gran lingotazo ante nuestra atónita mirada. Se marcha. Increíble.</p>
<p>Por fin nos decidimos por una de las escuelas. Entramos y preguntamos por el director o directora. Es directora. Sale a recibirnos a la puerta de la escuela y nos conduce a su despacho.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2335/2391973505_f8d4a48a89.jpg" alt="<br />
Despacho de la directora del colegio" /><br />
<em>Despacho de la directora del colegio</em></div>
<p>Nos pregunta el motivo de la visita. Le explicamos que hemos traído regalos a los niños. Dice que le parece bien pero que puede ser un problema porque es probable que no haya regalos para todos y sería injusto dejar a algún niño sin regalos. Aún así los acepta. Ya encontrará el modo de repartirlos. Nos lleva a una clase para que conozcamos mejor la vida en la escuela en Cuba. Los niños que están en la clase tienen unos 10 años y parecen acostumbrados a las visitas pues no se sorprenden al recibirnos. La directora reparte un bolígrafo a cada uno. Uno de los niños parece haber cogido dos bolígrafos sin querer y devuelve uno a la directora. “Anda, igual que los niños de 10 años de España”, le comento a Jorge. “<em>Igualito</em>”, me responde. La directora nos lleva a ver otra clase de niños un poco más mayores. Nos cantan una canción que hace referencia a la Revolución. Parece que los tienen bien adoctrinados desde pequeños, así no se les desvía ninguno. Salimos de la clase y nos quedamos charlando un poco más en el patio con la directora acerca del sistema escolar cubano. Nos despedimos y volvemos a salir al Paseo de Martí. Javi desenfunda su guía y localiza en ella la catedral de La Habana. Le seguimos. Mientras callejeamos por la ciudad le saco una foto a un curioso cartel.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2244/2392806558_3690568dac.jpg" alt="¿Quién no se toma en serio este cartel?" /><br />
<em>¿Quién no se toma en serio este cartel?</em></div>
<p>Ya hemos llegado a la catedral. La fachada da una plaza con una terraza. Algunos aprovechan para comprar postales e incluso enviarlas a España en una pequeña tienda de la plaza. Saben que probablemente nosotros llegaremos antes que las postales. Nos hacemos la foto oficial frente a la catedral.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2269/2392806756_5443432d2a.jpg" alt="Telecos en la catedral de La Habana" /><br />
<em>Telecos en la catedral de La Habana</em></div>
<p>La Bodeguita del Medio (uno de los bares más famosos de La Habana) está muy cerca de la catedral así que vamos allí para tomar el que dicen que es el mejor mojito de La Habana. Subimos por una estrecha escalera al primero piso ya que la planta baja es un restaurante. Las paredes están llenas de firmas y de fotos de gente famosa.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2270/2392807028_1052ddfc18.jpg" alt="Dejando a un lado las caras del Guía y del Líder, se pueden ver las paredes llenas de firmas y fotos" /><br />
<em>Dejando a un lado las caras del Guía y del Líder, se pueden ver las paredes llenas de firmas y fotos</em></div>
<p>Entramos en una pequeña sala con una barra donde un camarero nos sirve una docena de mojitos. Parece que esta vez sí que estamos tomando el mejor mojito de La Habana (para mi, el mejor mojito que probamos en Cuba). ¡Ya puede ser el mejor mojito del mundo porque cuesta 4 CUC! Nos sentamos en una mesa de las que hay en la sala que aparece al fondo de la foto anterior. Entran tres cubanos con dos guitarras un par de maracas. Sin mediar palabra con ellos, empiezan a tocar y cantar. Son buenos. Cuando terminan se presentan: <a href="http://www.vigometropolitano.com/article.php3?id_article=24020">Los Hermanos Lores</a>. Nos cuentan que tienen un disco en España, por si alguna vez lo vemos en alguna tienda. Nos cantan otro par de canciones. Diego, Jorge M. y Ana les compran un disco cada uno. Los demás les damos una propina. Se muestran muy agradecidos. Se despiden y se marchan a por otro grupo de turistas. Nosotros apuramos nuestro mojito y salimos a la calle.</p>
<p>Sara busca una tienda de lienzos que le han recomendado para comprar un cuadro del Malecón. No tardamos en encontrarlo. Enseguida entendemos por qué le han recomendado la tienda. Los lienzos son buenos y los de la tienda aseguran que son exclusivos pues los pintan ellos mismos. Se decide por un gran lienzo a óleo y en color del Malecón. Se lo envuelven “para regalo” separándolo de las tablas y enrollándolo dentro de un tubo de cartón. Continuamos nuestro paseo hacia la calle Obispo. Es una calle muy comercial, llena de tiendas y de guiris. Entramos en una especie de mercadillo que hay en la misma calle Obispo. En uno de los puestos vemos unas perchas de las que cuelgan unos pequeños trozos de cuero. Valen 10 CUC. Nos miramos sorprendidos y la señora del puesto ríe. “<em>De ahí colgaban cintos mi amol, pero ya los hemos vendidos todos jijiji</em>”. Diego compra una mini-maraca-llavero. El tercer instrumento que compra en La Habana. Seguimos caminando y hacia el final de la calle Obispo vemos un taller de reparación de gafas.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm4.static.flickr.com/3050/2392807236_c85c502019.jpg" alt="No es por nada pero el tío de la foto está cosiendo unos playeros, nada de espejuelos" /><br />
<em>No es por nada pero el tío de la foto está cosiendo unos playeros, nada de espejuelos</em></div>
<p>Llegamos a la Floridita, otro de los bares más famosos de La Habana. Entramos para probar el mejor daiquirí de La Habana (el primero y el último que tomé en Cuba, así que fue el mejor). El aire acondicionado está a tope. Juntamos tres mesas y pedimos una docena de daiquirís. Nos ponen unos platos con plátano frito para picar (rico rico). Aprovechamos para hacernos unas fotos con la estatua de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ernest_Hemingway">Hemingway</a>, amante de los daiquirís de la Floridita.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2352/2392807406_0c38a29080.jpg" alt="<br />
Nacho, Hemingway y yo" /><br />
<em>Nacho, Hemingway y yo</em></div>
<p>Un grupo empieza a tocar y cantar junto a nosotros. Suena el “María Cristina me quiere gobernar”. Ya es una especie de himno, la oímos en cada sitio en el que estamos. Pedimos la cuenta. ¡6 CUC cada daiquirí! Normal que ya no probásemos más en toda Cuba aunque hay que reconocer que está más rico (y fresquito) que el mojito. Pagamos (¡ouch!) y salimos de la Floridita.</p>
<p>Tenemos hambre y buscamos un restaurante que nos han recomendado desde España, el Centro Asturiano. No debe estar lejos. Lo buscamos. Mientras lo hacemos volvemos a encontrarnos con la simpática anciana ebria que vimos por la mañana. Se ha bebido por lo menos otras tres petacas de Havana porque ya no puede hablar y apenas se tiene en pie. Preguntamos a un policía por el restaurante. Nos da indicaciones de cómo llegar. No tardamos en encontrarlo pero tenemos que esperar para entrar a comer porque parece que está lleno. Charlamos con el simpático empleado del restaurante que está en la puerta. Nos cuenta que tiene familia en España. Por fin nos toca (el empleado no, el turno para comer). Subimos unas escaleras y entramos al restaurante. Apenas hay luz ya que el local está iluminado con velas. Un hombre ameniza la comida tocando en directo un piano. Un camarero nos conduce a otra sala, más iluminada y sin música, al fondo del restaurante. Nos ponemos cómodos. Nos atiende un simpático camarero (después del mojito y el daiquirí todos parecen muy simpáticos). Nos entrega la carta. La verdad es que tienen de todo. Iván y Jorge se piden un plato de cada. Parece que el paseo les ha abierto el apetito (y tanto). Diego pide una ensalada. Parece que ha caído enfermo también. Los demás pedimos diferentes platos, sobre todo carne. La primera carne que como en días que no procede de un pollo. Mientras esperamos la comida, el simpático camarero nos sirve unos mojitos. La cosa se complica.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2395/2391974769_57954cab3c.jpg" alt="Uno no se puede morir de sed en La Habana" /><br />
<em>Uno no se puede morir de sed en La Habana</em></div>
<p>Nos traen la comida. ¡Vaya platos! A Carlos (Gandalf) y Ana les traen un plato con tres escalopes como tres paracaídas. A Sara y a mí nos traen unas “bolinches de res” (vamos, que nos trajeron unos filetes de ternera). Comemos sin prisa. Pedimos la cuenta y dejamos una propina. El camarero se queda un poco decepcionado porque no hemos dejado mucha propina. Que quiere, somos estudiantes. Salimos a la calle y nos vamos a ver una exposición de coches antiguos. Cuando llegamos, el museo ya está cerrado. Así que decidimos volver al hotel. Vamos a ir de cabeza a la piscina. No hay quien aguante este calor. De camino paramos en un par de librerías porque Iván está buscando un libro de cocina para su hermana. No le convence ninguno porque no tienen imágenes así que continuamos dando un agradable paseo de vuelta al hotel.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm4.static.flickr.com/3186/2391974933_08e25f1441.jpg" alt="Me encanta esta foto (la hizo Javi)" /><br />
<em>Me encanta esta foto (la hizo Javi)</em></div>
<p>Cuando llegamos al Malecón vemos como un hombre empuja un coche porque no le arranca. ¡Qué bárbaro! El tío empuja el coche durante medio Malecón. Finalmente un grupo de cubanos se le acerca para echarle una mano.</p>
<p>Hemos llegado al hotel. Carlos, Nacho y yo hacemos nuestra habitual visita a la tienda del hotel para comprar una botella de Santiago y otra de Tukola. Subimos a ponernos el bañador a la habitación. Las camareras (las chicas que hacen la habitación en el hotel) no han hecho formas con las toallas.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2172/2391975039_92da0bf4ca.jpg" alt="Barquito y olas en la cama de Nacho" /><br />
<em>Barquito y olas en la cama de Nacho</em></div>
<p>Bajamos a la piscina y nos reunimos con el resto de los telecos. Iván y Carlos (Madejón) se tiran sin pensárselo dos veces. Por las caras que ponen el agua no está muy caliente que digamos. Se les une Iago. Finalmente me animo yo también. “<em>Arrrrrrrrrrrrrrrrrrrrg. Ah, pues no está tan fría</em>”, digo. Como ya es de noche, nos dan las luces la piscina. Nadamos como sirenas durante un rato hasta que nuestra temperatura corporal desciende hasta el mínimo soportable. Salimos y nos secamos. Nos quedamos un rato hablando en la piscina. La gente se sube a la habitación a cambiarse. Carlos (Tacto), Nacho y yo bajamos la botella de Santiago y mi baraja de póker a la piscina. Jugamos a un juego que nos explica Nacho. Es fácil. Tienes que predecir si la siguiente carta es roja o negra, luego si es mayor o menor, si está dentro o fuera del rango de las dos anteriores y, finalmente, el palo. Llevamos buen ritmo. Empieza a hacer un poco de frío así que subimos a la habitación. Allí seguimos jugando al mismo juego. Como empieza a parecerme monótono hago alguna que otra trampa. Que divertido es acertar siempre. Nacho empieza a pagar las consecuencias de mis trampas. Cuando queremos darnos cuenta nos hemos terminado una botella más. Aún es pronto y como no tenemos nada que hacer subimos a la 1309, donde está el resto del grupo jugando un comemierda. Se masca la tensión en el ambiente. Suena “<a href="http://www.youtube.com/watch?v=AjHSu4wNTyw">Yves Larock – Rise up</a>” en el móvil de Carlos. “<em>Me la tienes que pasar</em>”, le digo. No sabíamos que consecuencias iba a tener aquella frase (lo entenderéis cuando leáis las entradas de los días en Varadero). Parece que también han estado bebiendo ron (Caney), sobre todo Carlos. ¡Mierda! Me había olvidado por completo de que hoy teníamos una barra abierta (barra libre) en el hotel. Jugamos un par de partidas más al comemierda y decidimos ir a cenar. Como no coma algo esto puede acabar mal.</p>
<p>Antes de ir a cenar, Carlos, Nacho, Javi y yo bajamos a tomar la primera a la barra abierta. La entrada son 6 CUC (a ver quien ha estado en alguna barra libre alguna vez por 4€). Tomamos una piña colada. Le pregunto la hora a Carlos que mira su reloj y empieza a tocar botones. “Vaya reloj de mierda, nos vamos y no aprendo a usarlo”, comenta. Subimos a la recepción del hotel. Nacho se queda en la barra abierta. Vamos a cenar (Javi, Iago, Sara, Ana, Carlos y yo) a la terraza en la que estuvimos tomando el mojito ayer por la noche. Comemos perros y sándwiches de jamón y queso, acompañados de unas Bucanero bien fresquitas. Nos despedimos de nuestro amigo el camarero y volvemos a la barra abierta. Hay muy buen ambiente, la mayor parte de la gente es de nuestro grupo (telecos y profes). Un ruso (al que, por cierto, no vi pero me lo han contado) es la sensación de la pista de baile. La piña colada se acaba así que todos nos pasamos al cubalibre. Están poniendo la misma música que la primera noche. Empezamos a desfasar con el “<a href="http://www.youtube.com/watch?v=G6eBg8QnuJI">Freed from desire</a>”.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2019/2391975181_81cc8fda32.jpg" alt="Javi y Carlos desfasando" /><br />
<em>Javi y Carlos desfasando</em></div>
<p>Como no hemos venido a Cuba a escuchar house, me acerco al deejay (Dj Alex). Le pido un poco de música local, salsa por ejemplo. “<em>Ok, helmano</em>”. Dicho y hecho. Aprovecho para pedirle a Carlos que me enseñe unas nociones de salsa (es un superprofesional). Mientras estamos en ello se nos acerca un cubano, nos mira y se pone a bailar. Baila de lujo. Nos hace el briquindans y el maiquelyason. Le dice a Carlos que le enseñe lo que sabe hacer. Carlos da también una exhibición. Hace mi paso favorito (el de tocarse los talones). El cubano le aplaude y se queda bailando con nosotros. Es un tipo majete (si a las cinco de la tarde ya eran simpáticos, a las dos de la madrugada y después de una botella de Santiago y una barra abierta ni os cuento). La barra termina a las 2:30. Salimos a la puerta del hotel. ¿Quién se va ahora a dormir? Mientras estoy fuera del hotel con Carlos, se nos vuelve a acercar el cubano bailarín. Nos dice que quiere venir a España a sacar un disco porque también es cantante y que su cantante favorito es David Bisbal. Improvisa unas cuantas canciones con la música de Bisbal: “<em>Estamos aquí en el Malecón uuuh aaah y yo Carlos te improviso uuuh aaah</em>”. La verdad es que baila mejor que canta. No sé cómo pero Carlos termina regalándole su reloj. No sé quién de los dos sale ganando porque las encendidas de Carlos con su reloj en La Habana han sido épicas (y eso que era digital). El cubano bailarín se ofrece a llevarnos a un bar que aún está abierto. No nos inspira mucha confianza pero como no tenemos otro plan le seguimos. Llegamos enseguida al bar. Al entrar, la poca confianza que teníamos se esfuma del todo. No sé porqué pero tengo la sensación de que nos van a estafar de alguna manera. Un reducido grupo de gente, entre los que estamos Carlos y yo, nos marchamos de vuelta al Deauville. Parece que se está organizando una fiesta en la habitación 302. Cuando subimos apenas hay gente pero en menos de diez minutos aparecen unas veinte personas. Entre ellos, Nacho, Iago, Javi, Jorge M., Sara y Ana. En vista del panorama, y de que no iba a tardar en aparecer alguien a echarnos la bronca por armar tanto escándalo, me voy con Sara, Ana y Jorge M. a la habitación de las chicas. Tienen una botella de Havana Club así que podemos seguir la fiesta allí. Subo un momento a mi habitación a por dos vasos (sería la última vez que los vería) y la Tukola light que sobró de ayer. Vuelvo a la habitación con Ana, Sara y Jorge M. Allí jugamos a un juego parecido al que estuvimos jugando por la tarde en la piscina, de cuyas reglas, no me acuerdo. Al cabo de un rato, y casi sin enterarnos, terminamos con la botella entre los cuatro. Llaman a la puerta de la habitación. Son Iago y Carlos. Nos cuentan que un empleado de seguridad del hotel los echó de la 302 y todo el mundo bajó al Malecón.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2028/2391975271_b75b63a457.jpg" alt="Algunos siguieron la fiesta en el Malecón" /><br />
<em>Algunos siguieron la fiesta en el Malecón</em></div>
<p>Soy consciente de que si me voy a la cama es posible que no me levante hasta el martes así que decido seguir danzando por ahí con Iago y Carlos. Subimos primero a mi habitación a ver si está Nacho (al que le perdí la pista al salir de la 302). No ha llegado. “<em>Había bebido bastante. Espero que no aparezca mañana flotando en el Malecón</em>”, comentamos entre risas. Carlos (Gandalf) está dormido. Aprovechamos la hierbabuena de lo que en su momento fue un mojito para sacarle una foto a lo Paco Porras.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2273/2391975401_d5a9a12c2f.jpg" alt="El que sujeta la hierbabuena no soy yo..." /><br />
<em>El que sujeta la hierbabuena no soy yo&#8230;</em></div>
<p>Carlos se despierta. “Sois unos cabronazos”. Y qué razón tiene. Le pregunto a Carlos (Madejón) la hora. Había olvidado que no tiene reloj. Miro la hora de mi móvil. Las 6:30. Salimos de la habitación para dejar dormir un rato más al otro Carlos. Oímos como suben y bajan los ascensores. Alguien está paseando por el hotel. Como no tenemos nada mejor que hacer, intentamos averiguar quién es, utilizando las escaleras. Bajamos a la 5. Subimos a la 13. Bajamos al lobby. Subimos a la 7. Bajamos a la 3. Subimos a la 6. Nos cansamos. El sol está empezando a salir. Decidimos bajar al Malecón a ver amanecer y a esperar la hora del desayuno. Carlos lleva su móvil así que ponemos un poco de música para hacer más llevadera la espera.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm4.static.flickr.com/3055/2392808308_cbb362bcf0.jpg" alt="Amaneciendo en el Malecón con Iago y Carlos" /><br />
<em>Amaneciendo en el Malecón con Iago y Carlos</em></div>
<p>Mientras estamos en el Malecón, un cubano se nos acerca. Nos ofrece tres monedas del Ché por 1 CUC. No damos crédito de nuestra suerte. “<em>Sabemos que cuestan mucho menos, pero no están mal de precio. Es lo que hemos pagado por ellas ya</em>”, le comento. Me llevo tres monedas. Iago también quiere pero el cubano no tiene más. Dice que esperemos, que volverá. Son las 7:00. El buffet del hotel acaba de abrir… (continuará)</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Un paréntesis cubano: os presento a Dengue</title>
		<link>http://tresjorobas.es/2008/03/un-parentesis-cubano-os-presento-a-dengue/</link>
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		<pubDate>Mon, 24 Mar 2008 22:31:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Sánchez</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Cuba]]></category>
		<category><![CDATA[dengue]]></category>

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		<description><![CDATA[En la entrada anterior no pude adjuntar su foto porque aún no la tenía. Amigas, amigos, os presento a Dengue, el perro que nos siguió por media Habana y que se ganó un hueco en nuestros corazones.

Dengue
Aprovecho para mandarle un beso cubano a Diego, por buscarme para el blog las mejores fotos de cada día [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En la <a href="http://dizk.info/2008/03/domingo-9-de-marzo-visita-a-pie-por-la-habana-o-el-dia-que-temimos-por-nuestra-vida/">entrada anterior</a> no pude adjuntar su foto porque aún no la tenía. Amigas, amigos, os presento a Dengue, el perro que nos siguió por media Habana y que se ganó un hueco en nuestros corazones.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2269/2392755488_052ecf28d6.jpg" alt="Dengue" /><br />
<em>Dengue</em></div>
<p>Aprovecho para mandarle un beso cubano a Diego, por buscarme para el blog las mejores fotos de cada día en Cuba. Y en un tiempo record :)</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Domingo 9 de marzo: visita a pie por La Habana o el día que temimos por nuestra vida</title>
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		<pubDate>Sun, 23 Mar 2008 23:24:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Sánchez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Viajes]]></category>
		<category><![CDATA[Cuba]]></category>
		<category><![CDATA[dengue]]></category>
		<category><![CDATA[La Habana]]></category>
		<category><![CDATA[teleco]]></category>
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		<description><![CDATA[Pipipipii pipipipii. El despertador de mi móvil vuelve a sonar a las 9:00. Contra todo pronóstico, no tenemos resaca. Bien. El día vuelve a amenazar con romper a llover. Parece que el sol no quiere salir nunca en este país. Nos damos una ducha. Carlos no encuentra la tarjeta de la habitación. Vaya. Le acompaño [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Pipipipii pipipipii</em>. El despertador de mi móvil vuelve a sonar a las 9:00. Contra todo pronóstico, no tenemos resaca. Bien. El día vuelve a amenazar con romper a llover. Parece que el sol no quiere salir nunca en este país. Nos damos una ducha. Carlos no encuentra la tarjeta de la habitación. Vaya. Le acompaño a recepción a por otra. En recepción nos hacen tres tarjetas nuevas, por seguridad. No queremos que ningún malote entre en la habitación mientras dormimos. Le preguntamos a la señorita de recepción cuando va a salir el sol. Nos dice que ahora mismo ha entrado un frente frío en la isla pero que mañana saldrá el sol. Subimos de nuevo a la habitación, no muy convencidos con la predicción meteorológica de la recepcionista. Recogemos a Nacho y bajamos a desayunar. Hoy no tengo tanta hambre como para desayunar lo mismo que ayer así que tomo un par de tazones de leche con cereales. Mientras desayunamos, Diego nos cuenta que Iago ha sido la primera baja en combate. Parece que está bastante fastidiado del estomago. Encuentro a unas chicas de Magisterio en la recepción del hotel, esperando al ascensor. Parece que tienen suero oral, sabor naranja. Las acompaño a la habitación para coger el suero. Su habitación es una de las dobles que queríamos coger cuando llegamos al hotel. ¡Menos mal que al final cogimos una triple! ¡La habitación doble tiene una minúscula ventana que da a un patio interior de medio metro cuadrado! Bajo de nuevo a la recepción y allí encuentro a Iago, que está esperando a unos conocidos cubanos para darles medicamentos y más cosas. Le doy el suero y subo a la 1109 a por mis cosas y a recoger a Nacho y Carlos. Ya estamos listos. Cuando vamos a salir de la habitación descubrimos una cortina en la pared. ¡Hay otra ventana en la habitación! La abrimos. Da a un patio muy oscuro. Da algo de miedo. La cerramos y decidimos no volver a abrirla nunca más.</p>
<p>Nos reunimos con el resto de compañeros en la puerta del hotel. Hoy vamos a explorar La Habana con la ayuda de la guía que Javi ha traído de la biblioteca. Desde ese momento le asignamos el mote de Guía. Salimos del Deauville y giramos a la izquierda, por la calle San Lázaro. Las casas están muy deterioradas por fuera. Vemos bastantes aparcamientos privados o parqueos.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm4.static.flickr.com/3057/2384914913_a90d66f299.jpg" alt="Parking privado 24 horas" /><br />
<em>Parking privado 24 horas</em></div>
<p>Enseguida llegamos al Paseo de Martí (José Martí, todo un referente en las esculturas y bustos de La Habana), que conecta el Malecón con el Capitolio. Vemos varias escuelas. Tomamos nota para volver otro día y darles regalos a los niños. Alguien comenta que todos vamos con la botella de agua de la mano. Nos hacemos una foto para que nuestras mamás vean que somos unos niños sanos. Seguimos caminando y el Guía nos hace una seña para que le sigamos hacia la izquierda. Enseguida llegamos al Museo de la Revolución. Entramos con la idea de visitarlo pero como está en reformas decidimos no hacerlo. Rodeamos el museo y nos dirigimos al Capitolio. Por el camino alguien comenta que algo extraño pasa con los semáforos. ¡Carajo, están al otro lado de los cruces! ¡Están locos estos cubanos! Tomo nota mental: tengo que preguntarle a algún taxista el porqué de la colocación de los semáforos. Continuamos y no tardamos en llegar al Parque Central. Una estatua de José Martí (cómo no) se alza en el centro del parque. Mientras hacemos algunas fotos, un cubano con una tarjeta de acreditación (no sé de dónde, no llegué a fijarme) en la camisa se nos acerca. Dice que no viene a pedirnos propinas. Dice que no viene a engañarnos. Dice que sólo viene a ofrecernos un paseo en coche hasta el Buena Vista Social Club® para tomar “el mejor mojito” de La Habana. Siempre nos ofrecen “el mejor mojito”. Le respondemos que tenemos otros planes. Hoy toca visita cultura. Ya habrá tiempo para mojitos (y ciertamente lo hubo, pero otro día). El hombre insiste en llevarnos al Buena Vista Social Club®. Le volvemos a dar un no, que esta vez parece aceptar como definitivo. Cruzamos el Parque Central, directos hacia el Capitolio. Estamos a punto de abandonar el parque cuando aparece el hombre de la acreditación delante de nosotros. ¡Como lo ha hecho! Antes de que podamos preguntarle, nos ofrece ir a tomar unos mojitos al Buena Vista Social Club®. Empieza a resultar un poco molesto. Aparece un segundo hombre y nos pide unas monedas. El primero le recrimina al segundo que él ha llegado antes, que somos sus clientes. El segundo le responde que sólo quiere estafarnos. Mientras discuten aprovechamos para huir.</p>
<p>Llegamos al Capitolio. El edificio es una réplica del norteamericano. Actualmente no se usa y se puede visitar, previo pago de 3 CUC. Decidimos entrar más tarde. El Guía tiene prisa por llevarnos a no sé qué sitio. Él tiene la guía de la ciudad. Él manda. Nos hacemos una foto antes de irnos.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2344/2384915019_ec2d2c4154.jpg" alt="Telecos en el Capitolio de La Habana" /><br />
<em>Telecos en el Capitolio de La Habana</em></div>
<p>Nos internamos hacía el corazón de La Habana, directos al barrio chino. Cabe señalar que únicamente vimos a una persona con rasgos asiáticos durante todo el tiempo que estuvimos en el barrio chino. Recorremos un par de calles muy comerciales, repletas de restaurantes. En la puerta de todos los restaurantes por los que pasamos, un empleado del restaurante nos para y nos vende el menú del día. Sólo son las 12:00, aún no tenemos hambre. De todos modos hace falta tener mucho hambre para comer en alguno de esos restaurantes (lo siento, pero la comida asiática no va conmigo).</p>
<p>Abandonamos el barrio chino y salimos a una avenida bastante deteriorada. Carlos ve unos grafitis en una pared y saca unas fotos. Yo hago una foto de unos timbres en un portal, curiosa cuanto menos.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm4.static.flickr.com/3086/2385746560_170bd92523.jpg" alt="Timbres cubanos" /><br />
<em>Timbres cubanos</em></div>
<p>La calle parece estar cortada por precaución debido a una zanja.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2295/2385746672_7c2cf6c546.jpg" alt="Calle zanja" /><br />
<em>Calle zanja</em></div>
<p>Seguimos caminando por la ciudad detrás del Guía. Nos dirigimos a Centro-Habana. Vemos un camión de la basura vaciar contenedores. En el camión podemos leer la inscripción “Ayuntamiento de Sevilla”.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm4.static.flickr.com/3098/2385746792_9df02e65cf.jpg" alt="Camión de la basura del Ayuntamiento de Sevilla" /><br />
<em>Camión de la basura del Ayuntamiento de Sevilla</em></div>
<p>¡Qué curioso! En los contenedores reza la inscripción “Ayuntamiento de Murcia”. Los autobuses son de Barcelona y Bilbao. Parece que España manda lo que le sobra para Cuba (seguro que los cubanos están más que agradecidos). Buscamos un autobús rojo de Pucela, pero no hay suerte. El Guía nos conduce hacia el <a href="http://madl.ath.cx/cuba2/cuba2.html">callejón Hamel</a>, un centro de adoración de santería. Se trata de una calle muy estrecha con las paredes llenas de murales de mil colores y mensajes como: “<em>La envidia es la peor de todas las brujerías</em>” o “<em>La vida es un paso, la muerte una carrera</em>”.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://www.panoramio.com/photos/original/6446816.jpg" alt="En el callejón Hamel (la foto no es mia, es de Antje, de Panoramio.com)" width="500" height="375" /><br />
<em>En el callejón Hamel (la foto no es mia, es de Antje, de Panoramio.com)</em></div>
<p>Jorge se entretiene a hablar con un grupo de gente a los que entrega regalos. En el centro del callejón un grupo de personas toca, canta y baila música étnica. Aprovechamos para sentarnos en una especie de bañeras dispuestas a modo de bancos para hacer un descanso. Reanudamos la marcha unos minutos después. Llegamos a la calle Hospital y no sabemos qué dirección tomar para llegar al Malecón. Como el sol sigue oculto entre las nubes, tratamos de orientarnos con el plano de la guía. Decidimos girar hacia la izquierda (error). Avanzamos durante unos metros. Llegamos a una plaza. Nos damos cuenta de nuestro error y decidimos volver sobre nuestros pasos. Mientras, Jorge se funde en unos cariños abrazos con un cubano (ebrio) que pasa por el lugar.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm4.static.flickr.com/3116/2385746912_2d28fea776.jpg" alt="¡Viva el comandante!" /><br />
<em>¡Viva el comandante!</em></div>
<p>Mientras tratamos de orientarnos vemos como Jorge M. se queda embelesado mirando una verja. “<em>Tres meses</em>”, comenta. Le miramos, extrañados. “<em>Sí hombre, tres meses se tarda en hacerla. Es que mi abuelo era el herrero del pueblo</em>”. Desde ese momento le asignamos el mote de Verjas. Iván saca una foto a un coche (creo recordar que era un Ford). Los dueños del coche salen de la casa que está frente al coche. Nos explican que lo tienen desde 1949 y que funciona como el primer día (depués de alguna que otra reparación).</p>
<p>Continuamos callejeando hasta que llegamos a una plaza, con el Malecón al fondo. Iago entra en una librería y compra un “Diario del Ché en Bolivia”, primera edición, y a buen precio. Le comento a Diego, malintencionadamente, que a él le costó más ayer y además no era una primera edición. Me lanza una mirada de esas que matan (pero con cariño). Cruzamos la plaza y una simpática mujer cubana se acerca y nos indica donde podemos encontrar un paladar (casa cubana en la que se ofrecen comidas). Aun no tenemos hambre pero recordamos la situación del paladar para volver a comer. Javi consulta una vez más la guía. Estamos cerca de la Universidad de La Habana. Vamos pues a visitarla. Comenzamos el ascenso por una calle que desemboca directamente en la gran escalinata de la Universidad. La verdad es que los universitarios de La Habana tienen que estar en forma después de subir tanta escalera.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2049/2384915693_a36bb37a44.jpg" alt="Escaleras de la Universidad de La Habana. Alguno tuvo que parar a coger aire para llegar arriba." /><br />
<em>Escaleras de la Universidad de La Habana. Alguno tuvo que parar a coger aire para llegar arriba.<br />
</em></div>
<p>ubimos las escaleras. Damos un paseo por el campus. Es muy grande. Nos hacemos una foto subidos en la tanqueta que hay en la plaza central del campus. Ahora sí que tenemos hambre. Decidimos ir al paladar que nos comentó la simpática señora. Comenzamos el descenso por las escaleras de la Universidad. Jorge se tuerce el tobillo varias veces. Paramos a descansar un momento. No queremos tener un tercer mosquetero lesionado (aunque Iván y Carlos ya están funcionando al 95%). Bajamos por la misma calle por la que subimos a la Universidad, directos al paladar. Cuando estamos a punto de llegar, un individuo (cubano) nos ofrece comer barato (por 6 CUC) y además incluyendo un líquido (la bebida) en un restaurante cercano. Amablemente, le decimos que no, qué queremos probar la comida en un paladar. El individuo insiste pero volvemos a rechazar su oferta. Continuamos hacia el paladar. El individuo nos sigue y no para de repetir su oferta. Le ignoramos. Al llegar al paladar, sale a recibirnos el cocinero, vestido con una camiseta del Fórum Valladolid. ¡Qué pequeño es el mundo! Nos dice que el paladar no tiene capacidad para doce personas pero que un compañero suyo nos va a llevar a otro paladar cercano. Aparece el compañero del cocinero. Entonces, el individuo (pesado como nadie) increpa al compañero diciendo que nosotros éramos sus clientes. Hay gritos. Nosotros tratamos de tomar parte en la discusión a favor del compañero. Entonces los dos cubanos nos explican que no pasa nada, que es normal que discutan por el pan que tienen que llevar a sus hijos. El individuo pregunta quién es el líder del grupo. Todos señalamos a Diego. Desde ese momento le asignamos el mote de Líder. El individuo vuelve a explicar al Líder la oferta y el Líder responde que no. “<em>Te estás poniendo un poco cabrón</em>”, dice el individuo. Diego le pregunta que por qué le insulta y decide no volver a abrir la boca. Entonces, por insistencia, decidimos seguir al individuo hasta el restaurante. El ayudante se marcha. Por el camino, el individuo sigue comentándonos la oferta de la comida por 6 CUC, incluyendo un líquido. Es realmente pesado. Qué necesidad tiene de repetirlo si ya le estamos siguiendo. Llegamos al restaurante. Es pequeño pero entramos doce personas. Alguien comenta que, sólo por lo pesado y desagradable que ha sido el individuo, deberíamos irnos. Dicho y hecho. El individuo sale detrás de nosotros. Trata de convencernos pero nadie le hace caso. Se rinde y da media vuelta. A ver donde comemos ahora por 6 CUC y que incluya un líquido… Volvemos a encontrarnos con el compañero del cocinero del paladar. Le explicamos lo que ha ocurrido. Nos lleva a otro paladar. El sitio es acogedor aunque hace frío porque el aire acondicionado está a toda pastilla. Nos explican los menús y los precios. No es barato (entre 12 y 15 CUC, sin incluir el líquido) pero son las 14:00 y tenemos hambre. Nos quedamos a comer. Todos comemos pollo y cerdo, preparados de diferentes modos (a la campechana, a la hawaiana, etc) con arroz y frijoles. Iago está todavía apurando su suero oral así que, por precaución, decide no comer. Mientras lo hacemos los demás, nos ameniza la comida con una lectura de su recién adquirido “Diario del Ché en Bolivia”.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2289/2385747130_9a432caa3b.jpg" alt="Como se ve en la foto, Iago estuvo cerca de la muerte" /><br />
<em>Como se ve en la foto, Iago estuvo cerca de la muerte</em></div>
<p>Terminamos de comer y pagamos. El dueño del paladar decide obsequiarnos con un puro (más tarde descubrimos que el motivo del regalo fue que no le dejamos propina). Salimos del paladar. Acaban de cerrar los colegios electorales en España y nadie tiene noticias. Javi manda un mensaje a casa para preguntar. Decidimos continuar nuestra visita y dirigirnos hacia la Plaza de la Revolución. Nos orientamos con la guía del Guía. Está algo lejos así que empezamos a caminar. Caminamos y caminamos. Llegamos a la estación de autobuses, cerca de la Plaza de la Revolución. Un cubano nos para y nos pide fuego. Ana viene por detrás así que nadie lleva mechero encima. Nos pregunta que si somos de España. Nos cuenta que tiene una novia en España y que ahora va a mandarla un email (estamos frente a un locutorio). Nos pregunta que si hemos visto la estatua de John Lennon. Le respondemos que no. Nos dice que le esperemos dentro de media hora en el Teatro Nacional, que ha quedado con su novia cubana que vive cerca de la estatua de John Lennon y que nos acompaña. Le respondemos con un sí. Se marcha. Mientras nos alejamos nos miramos los unos a los otros y no hace falta que nadie diga nada. No vamos a ir. Con la experiencia del maletero tuvimos suficiente. No nos fiamos ni de nuestra propia sombra cubana.</p>
<p>Seguimos nuestro camino hacia la Plaza de la Revolución. Ya la vemos al fondo. Una pelea de perros en mitad de la carretera nos sobresalta. Un perro con camisa ha mordido a otro perro gris y sin pelo. El perro con camisa vuelve a la acera, triunfal pero antes de que llegue, un coche le da un pequeño toque. El perro con camisa ni se inmuta. Es un perro duro, muy duro.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2188/2384915907_9ea5f5cb03.jpg" alt="El perro con camisa" /><br />
<em>El perro con camisa</em></div>
<p>El perro con camisa se aleja. El perro gris sin pelo parece seguirnos. Sí, nos está siguiendo. La verdad es que su aspecto es lamentable. Diego comenta que si algún mosquito pica a ese perro, lo más seguro es que el mosquito se contagie de dengue. Le respondo que ese perro no tiene dengue, es “el dengue”. Desde ese momento le asignamos el mote de Dengue. Llegamos a la Plaza de la Revolución acompañados por Dengue. Intentamos subir al monumento del Memorial (a José Martí, quién sino) pero un militar nos hace señas inequívocas de que no lo hagamos. Decidimos no hacerlo. Continuamos nuestra visita hacia el cementerio de La Habana. La guía del Guía afirma que es uno de los más grandes y bonitos de Sudamérica. Vamos allá. A los pocos pasos, un niño se acerca a pedirnos caramelos, bolis, dinero, etc. Jorge le da un boli. El niño se une a la expedición y decide ayudarnos a llegar al cementerio. Torcemos a la izquierda, por un barrio más bien poco turístico. Dengue aún nos sigue. Parece que le agrada nuestra compañía. Las calles por las que nos guía el niño están todavía más deterioradas que el resto de La Habana. Nos internamos cada vez más en el siniestro barrio. Varios grupos de cubanos nos miran con recelo. Parece que no están muy acostumbrados a la presencia de turistas por su zona. “<em>Hemos llegado</em>”, dice el niño. Y tiene razón. Estamos junto a una de las puertas laterales del cementerio pero ésta está cerrada. Nos detenemos un segundo a pensar en nuestra situación: un niño y un perro llamado Dengue nos han guiado hasta la puerta lateral de un cementerio por un barrio nada turístico donde la gente no para de echarnos extrañas miradas. Y para colmo queda poco para que anochezca. El niño dice que esperemos, que va a buscar a alguien. Por un momento tememos por nuestra vida. El niño va a venir con sus primos cubanos de Zumosol Ciego Montero y nos van a dar para el pelo. Dengue parece indiferente y espera sentando a que el niño vuelva (no exactamente sentado ya que no llega a tocar el suelo). A los pocos minutos aparece el niño con un hombre cubano. El hombre dice que le sigamos. Lo hacemos. Alguien señala a otro hombre que empuña un gran machete de los que se usan para partir cocos. Mierda. No nos separamos de nuestro nuevo guía. Parece un tipo agradable. “<em>2-1</em>”, me comenta. “<em>El Real Madrid ha perdido</em>”. Me sorprendo. ¿Cómo se ha enterada del resultado del Madrid si sólo hace media hora que ha terminado? “<em>Con la Roma</em>”. ¡Ah! Me cuenta que se reúne con unos compañeros en un bar para ver los partidos de Champions. Es seguidor del Barsa y fan de Messi. Durante el camino al cementerio seguimos hablando de fútbol. Le pregunto por la vida en La Habana. Me cuenta que no gana mucho dinero pero que es suficiente para vivir. Dice que Raúl (Castro) les va a subir el sueldo. Me pregunta por mi edad. 22. “<em>Eres un crío. Te voy a dar un consejo. No te metas en peleas y procura hacer tu vida al margen de guerras absurdas</em>”. Me está hablando de la Revolución.</p>
<p>Por fin llegamos al cementerio. Encontramos un par de gallos decapitados en la puerta. Algún rito de santería. Le damos mil gracias a nuestro improvisado guía (además de una generosa propina, él se la ha ganado). Pagamos 2 CUC de entrada al cementerio. El guardia nos dice que no tardemos, que están a punto de cerrar. Diego le quita la guía a Javi y nos hace una visita guiada “en cubano” (con acento cubano).</p>
<div style="text-align:center;"><object width="425" height="355"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/qRyJS676vss&#038;hl=en"></param><param name="wmode" value="transparent"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/qRyJS676vss&#038;hl=en" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" width="425" height="355"></embed></object></div>
<p>Continuamos caminando por el cementerio. Javi encuentra un seto con un asombroso parecido al encapsulado de un LED. Iván encuentra algo aún más curioso: el mausoleo del Sindicato Nacional de Trabajadores de Telecomunicaciones. Como buenos telecos, nos hacemos una foto de grupo.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2136/2385747342_1788e3f584.jpg" alt="Telecos y al fondo el mausoleo del Sindicato Nacional de Trabajadores de Telecomunicaciones" /><br />
<em>Telecos y al fondo el mausoleo del Sindicato Nacional de Trabajadores de Telecomunicaciones</em></div>
<p>Junto al mausoleo encontramos una tumba abierta y repleta de huesos (no creo que sea de buen gusto que adjunte la foto). Un hombre nos sigue. Creo que nos está lanzando la indirecta de que quieren cerrar el cementerio y que tenemos que ir terminando. No discutimos con él. Estamos hechos polvo de tanto andar y empieza a oscurecer. Antes de irnos visitamos la famosa tumba de la Milagrosa. Tiene flores frescas.</p>
<p>Suficiente visita por hoy. Son las 18:00 y está anocheciendo. Cogemos unos taxis para volver al hotel. De nuevo vuelvo a compartir taxi con Carlos (Gandalf), Javi y Nacho. Recuerdo la nota mental que tome por la mañana y le pregunto al taxista que pasa con los semáforos, por qué están al otro lado de los cruces. El taxista responde que ni el mismo lo sabe, que no tiene ningún sentido. Comenta que muchos turistas le hacen esa pregunta y que a los extranjeros que conducen por La Habana les cuesta adaptarse a los semáforos cubanos.</p>
<p>Llegamos al hotel. Carlos, Nacho y yo pasamos por la tienda junto al hotel antes de subir a la 1109 para comprar una botella de ron. Si ayer probamos el Santiago, hoy toca el Caney. Como no tienen Tukola de dos litros, compramos una botella de Tukola Light. Subimos a la habitación. Encendemos la tele y sintonizamos TVE internacional. Aún no sabemos nada de las elecciones. Y parece que no nos van a decir mucho en TVE porque están dando un documental de anatomía forense. Nos servimos unas copas y nos encendemos los puros que nos regalaron en la comida (Carlos no lo enciende, sólo posa con él). La situación pide una foto a gritos.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2195/2384916203_65b8629d8d.jpg" alt="Una pena que no se vea La Habana de fondo por la ventana" /><br />
<em>Una pena que no se vea La Habana de fondo por la ventana</em></div>
<p>Alguien llama a la puerta. Es Javi. Comienza el telediario en TVE. Reelección de ZP. Brindamos los cuatro. Recibo un sms de mi madre confirmándome el resultado electoral. Saco un paquete de lomo que traía envasado al vacío en la maleta. Nos servimos alguna copa más (acabamos la botella). Nacho termina su puro. Yo no puedo con él. Empiezo a marearme. “<em>Este puro está en mal estado</em>”, comento mientras caigo en la cama. Nacho ríe. “<em>Eres una nena. Me voy a terminar tu puro</em>”, comenta. Yo sigo muy mareado. Nacho le pega un par de caladas a mi puro y tiene que apagarlo. “<em>Pues si que está en mal estado…</em>”. Y vaya que si lo estaba. Nacho también cae.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2360/2384916411_e1e98b8834.jpg" alt="¿Quién es la nena ahora?" /><br />
<em>¿Quién es la nena ahora?</em></div>
<p>Me doy una ducha para despejarme. Parece que funciona, ya lo veo todo algo más claro. Llama Javi al teléfono (no me había dado cuenta hasta entonces de que se había marchado de la habitación). Hemos quedado en media hora en la recepción para ir a cenar. Espabilo a Nacho y a Carlos, al que también parece haberle afectado el Caney. Se dan una ducha para despejarse y bajamos a reunirnos con el resto de gente a la recepción. Decidimos ir a cenar cerca. En el mismo Malecón, y no muy lejos del Deauville, encontramos un local donde sirven comida rápida. Cenamos hamburguesas y perros (calientes). Cuando nos marchamos, Sara y Ana compran un paquete de chicle. Saben a flúor. Están realmente asquerosos. Estamos derrotados del paseo que hemos dado durante el día. Algunos se retiran al hotel pero Carlos (Madejón), Javi, Sara, Ana, Nacho y yo decidimos ir a tomar un mojito a la terraza en la que Nacho y yo compramos el agua y las cervezas la noche en que llegamos. Está abierta pero no hay clientes. Nos sentamos justo en el momento que empieza a llover. No pasa nada, estamos protegidos con un toldo. Un camarero muy simpático se acerca a servirnos cinco mojitos y un cubalibre. Como no tiene nada más que hacer se queda hablando con nosotros. Mantenemos una agradable charla con él. Nos habla de la verdadera situación de la isla, de cómo la gente se muestra indiferente a la revolución, de las cosas que tienen que hacer los cubanos para sobrevivir. Decidimos tomarnos otra ronda allí. Disfrutamos de la compañía del simpático camarero. Pero el cansancio se apodera por completo de nosotros. Apenas podemos mantener los ojos abiertos. Nacho se duerme y el camarero decide invitarle a un trago cubano (un vaso de ron blanco a palo seco) para animarle. Se lo toma. Decidimos que ya ha sido suficiente por hoy. Pagamos y dejamos una generosa propina al camarero. Volveremos por esa terraza.</p>
<p>Cada uno vuelve a su habitación del hotel. No tardamos en dormirnos, de nuevo bajo el ruido de la lluvia.</p>
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		<title>Sábado 8 de marzo: primer día en La Habana o cómo navegar con un Lada</title>
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		<pubDate>Thu, 20 Mar 2008 03:21:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Sánchez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Viajes]]></category>
		<category><![CDATA[Cuba]]></category>
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		<category><![CDATA[Lada]]></category>
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		<description><![CDATA[9 de la mañana (GTM -5 siempre desde ahora). El molesto pipipipii pipipipii del despertador de mi móvil nos despierta. No hemos dormido muchas horas pero el buffet del hotel termina a las 10:00 y tenemos hambre. Corremos las cortinas de las dos ventanas de la habitación. La persiana parece que no ha llegado aún [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>9 de la mañana (GTM -5 siempre desde ahora). El molesto pipipipii pipipipii del despertador de mi móvil nos despierta. No hemos dormido muchas horas pero el buffet del hotel termina a las 10:00 y tenemos hambre. Corremos las cortinas de las dos ventanas de la habitación. La persiana parece que no ha llegado aún a Cuba. Nacho y yo comentamos que tampoco ha llegado a otros tantos países. No llueve pero el cielo amenaza con romper a llover en cualquier momento.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2031/2385628570_2e83b3f4a9.jpg" alt="Vista desde la ventana de la piscina" /><br />
<em>Vista desde la ventana de la piscina</em></div>
<p>Nos damos una ducha. ¡Diablos, son las 9:00 y ya hace calor! Salimos de la habitación y llamamos al ascensor para bajar a desayunar. Parece que hoy sólo funciona uno de los ascensores. Esperamos. Nada. Decidimos bajar andando desde nuestra habitación, en el piso once, hasta el comedor, en la planta baja. Encontramos a Javi esperando para entrar al buffet. No tardan en darnos una mesa para cuatro. Echamos un vistazo a la comida: leche, cereales, perro (sí, perro, perro caliente), huevos cocidos, fruta, zumo y una serie de preparados que prefiero no recordar. El desayuno no es muy atractivo pero tenemos hambre así que desayunamos.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2015/2384797479_57f0c255f2.jpg?" alt="Desayuno en el Deauville (¡puag!)" /><br />
<em>Desayuno en el Deauville (¡puag!)</em></div>
<p>Hemos quedado a las 10:00 en la piscina del hotel (sexta planta) así que volvemos a subir a la habitación (andando) para lavarnos los dientes y coger cartera, gafas, darnos cremita (por lo visto el sol de Cuba quema hasta cuando llueve), etc. Sólo llevamos unas horas en el hotel y ya tenemos la habitación hecha un asco.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2327/2385628756_4c406b6820.jpg" alt="Habitación 1109" /><br />
<em>Habitación 1109</em></div>
<p>Cogemos las cosas y bajamos a la piscina (una vez más, andando). Son las 9:55. Entramos en la zona de la piscina. El hombre que limpia la piscina nos saluda con un gruñido (“<em>grrr</em>”). Un empleado del hotel aparece desde el <em>snack bar</em> de la piscina. Nos dice que no podemos entrar en la zona de la piscina hasta las 10:00 y nos acompaña amablemente a la puerta. Salimos de nuevo al pasillo de la planta sexta del hotel. Aparecen los representantes de Angalia. Entran a la piscina. Aún no son las 10:00 pero el empleado no les dice nada. Los seguimos. Aparece algún compañero más. Oímos ruido de sirenas abajo en la calle y nos asomamos al balcón del sexto piso del hotel. Vemos varias motos de policía y coches llenos de gente con banderas cubanas.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm4.static.flickr.com/3128/2385628870_4c762308a5.jpg" alt="Foto desde la sexta planta del hotel" /><br />
<em>Foto desde la sexta planta del hotel</em></div>
<p>Javi, Nacho y yo empezamos a hacer conjeturas sobre si Fidel en persona va a pasar frente al Deauville. Nos parece poco probable. Al cabo de unos instantes aparece un hombre corriendo. Le sigue otro. Y otro. Y detrás de ellos decenas de personas. Se trata de una especie de carrera popular. Hay cubanos y turistas corriendo en ella.</p>
<div style="text-align:center;">
<img src="http://farm4.static.flickr.com/3154/2385628994_34b83e4a82.jpg" alt="Carrera popular por las calles de La Habana" /><br />
<em>Carrera popular por las calles de La Habana</em></div>
<p>Parece que ya estamos todos en la reunión. Comienza a hablar la representante de Angalia que nos recogió en el aeropuerto. Nos explica cómo funcionan las dos monedas del país. Nos advierte que no compremos puros ni ron en la calle y que no cambiemos dinero en la calle. A continuación nos habla el que parece ser el gerente del hotel. Nos explica cómo funcionan las dos monedas del país. Nos advierte que no compremos puros ni ron en la calle y que no cambiemos dinero en la calle. Apenas se le entiende cuando habla. También nos pide que cuidemos las instalaciones del hotel y que no hagamos como algunos, que se tiraron desde la ventana la piscina (con erótico resultado). Por último, nos habla un tipo que parece ser de Angalia y está al cargo de las excursiones. Nos explica cómo funcionan las dos monedas del país. Nos advierte que no compremos puros ni ron en la calle y que no cambiemos dinero en la calle. Como les gusta hablar sin decir nada a estos cubanos. También nos explica las excursiones que podemos hacer durante nuestra estancia en La Habana. Nos propone una cena tipo buffet libre en el hotel La Riviera el mismo sábado día 8, que incluye un espectáculo de cabaret, estilo Tropicana. El precio es de 20 CUC. La contratamos. Nos ofrece una excursión a Viñales, en Pinar del Río, para el lunes (que finalmente hicimos el martes) por 50 CUC. La contratamos. Por último, nos ofrece tirarnos por no sé que tirolina de 800 metros para ver no sé qué recinto hotelero. No creo que sea agradable estar colgando de una tirolina durante 800 metros. Y menos por 75 CUC. No la contratamos.</p>
<p>Una vez pagadas las excursiones pertinentes salimos del hotel. Las olas rompen con fuerza sobre el Malecón. Montamos en dos autocares para realizar la visita panorámica (cuyo nombre aun no entiendo ya que la visita fue en autocar) por La Habana, cortesía de Viajes Eroski (lo dudo, seguro que nos la incluyeron en el precio). El autocar nos lleva en primer lugar la plaza de la Revolución. Bajamos y nos hacemos mil y una fotos: en grupo, individuales, por parejas, haciendo el típico montaje de meterle el dedo por la nariz al Ché, etc.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2153/2385629076_087d96428a.jpg" alt="De izquierda a derecha y de arriba abajo: Pato, Corbatas, Regalitos, Responsable, Plastiquitos, Líder, Verjas, Guía, Relojes, Pañuelitos, Botera y Tacto." /><br />
<em>De izquierda a derecha y de arriba abajo: Pato, Corbatas, Regalitos, Responsable, Plastiquitos, Líder, Verjas, Guía, Relojes, Pañuelitos, Botera y Tacto.</em></div>
<p>Continuamos la visita por La Habana. Vamos a una casa de ron y tabaco (básicamente es una tienda de ron y tabaco). En la puerta hay unos niños y Carlos, Javi e Iván les hacen fotos. Mientras compramos ron aparecen muchos más niños. Carlos se pone nervioso y borra las fotos (si ha tenido que darle 10 CUC a un maletero que va a hacer con veinte niños). Salimos de la casa del ron y tabaco. Los niños nos rodean. No podemos darle nada a ninguno porque no tenemos para todos. Montamos en el autocar. Nos dirigimos al museo del ron. La gente del museo del ron está comiendo así que posponemos la visita. Nos hacemos fotos con la estatua del Caballero de París.</p>
<div style="text-align:center;">
<img src="http://farm4.static.flickr.com/3015/2384798057_f6522c49b1.jpg" alt="Foto con el Caballero de París" /><br />
<em>Foto con el Caballero de París</em></div>
<p>Vemos a una mujer de avanzada edad fumándose un puro de dimensiones desproporcionadas. Alguien se hace una foto con ella y le entrega 1 CUC a cambio. Visitamos un hotel temático (basado en un monasterio). La guía decide que es hora de comer y nos lleva a un restaurante de la Plaza Vieja que tiene pinta de ser caro. No nos apetece comer tan caro así que nos buscamos la vida. Entramos en una cervecería de la misma Plaza Vieja. Cuatro personas están tomando un <a href="http://imagenes.solostocks.com/media/9/8/9/media_1416989.jpg">metro</a> de cerveza en la terraza. Tenemos sed. Queremos un metro de cerveza cubana (¡pero qué rica está, coño!). Ahora tenemos hambre. Pedimos una hamburguesa. Tardan en servírnosla. Tiene unos extraños tropezones dentro (como ternilla). Nos da igual. Tenemos hambre. Mientras apuramos el último trago de cerveza y los últimos bocados de la hamburguesa, una orquesta callejera nos ameniza la comida al son del “<em>María Cristina me quiere gobernar, y yo le sigo, le sigo la corriente, porque no quiero que diga la gente que María Cristina me quiere gobernar</em>”. Son buenos. Al terminar se acercan a la mesa a pedirnos una propina. No les damos nada. Creo que aún estamos resentidos con el maletero que nos estafó y lo pagamos con la orquesta.</p>
<p>Terminamos de comer casi una hora después de la hora prevista por la guía. Somos españoles, ¿qué esperaba? Nos dirigimos al museo del ron. Un hombre con un asombroso parecido a Will Smith me ofrece puros a buen precio. Los rechazo. Entramos al museo. Tenemos que esperar para hacer la visita en español. Tomamos un ron con zumo de naranja y caña de azúcar (no recuerdo el nombre del cóctel) para hacer tiempo y matar la sed. Llega nuestro turno para hacer la visita. ¡Vaya, un extinguidor!</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm4.static.flickr.com/3232/2384798125_8916e31204.jpg" alt="Extinguidor" /><br />
<em>Extinguidor</em></div>
<p>En el museo nos explican cómo se fabrica el ron. Hay una maqueta gigante que nos llama la atención, ¡hasta tiene un trenecito eléctrico! Al terminar la visita nos ofrecen un trago de Habana 7. Nos quema la garganta pero nos hacemos los valientes delante de las chicas de Magisterio. Salimos del museo y nos dirigimos a un mercadillo. Por el camino, un individuo se dedica a retratarnos en forma de caricatura. La primera caricatura (de Iago) nos hace gracia. De la segunda caricatura en adelante nos damos cuenta de que todas son iguales. Aún así le damos una pequeña propina por cada dibujo. Recorremos el mercadillo. Casi todo es artesanía. Iván y Diego compran dos dominós por 6 CUC. Más tarde descubren que no todas las piezas están pintadas. Nacho y yo conseguimos pesos del Ché (las monedas y billetes de tres pesos cubanos, no convertibles, tiene la cara del Ché) a un precio razonable. Aparece la guía. Nos dice que el autocar está esperando. Es hora de volver al hotel.</p>
<p>Llegamos al hotel cuando empieza a anochecer. Carlos (Gandalf), Nacho y yo decidimos probar una botella de ron Santiago. Compramos una botella de Tukola de dos litros para acompañar. Ya hemos comprobado en el museo del ron que es imposible beber ron a palo seco. Subimos a nuestra 1109 a dar cuenta de la botella. Parece que ya funcionan los dos ascensores. Cae una copa. Dos. Se oye ruido desde la piscina. Algunas valientes de magisterio se atreven a estrenar la piscina. Cae una copa más. Empezamos a tener conversaciones profundas. Nos hacemos una foto.</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2366/2385629386_b14d5fcc6b.jpg" alt="Atención a la cara de felicidad de Carlos" /><br />
<em>Atención a la cara de felicidad de Carlos</em></div>
<p>Apuramos la botella con otro par de copas. Estamos cantando canciones populares. Decidimos bajar a darnos un baño. Carlos y yo nos adelantamos. Bajamos a la sexta planta. Meto el pie en la piscina. “<em>Que buena está el agua</em>”, comento (mentira). Pero a Carlos no le importa. No ha venido desde Ávila hasta La Habana para no bañarse en una piscina con el agua a 20 grados (más fría que los cubatas, que no tenían hielos). Llega Nacho. No se baña. Yo tampoco. Carlos sale del agua. Parece estar al borde de una hipotermia. Subimos a la habitación ya que tenemos que estar a la 20:15 en el hotel La Riviera. Nos duchamos y arreglamos. Cuando bajamos, el autocar que nos lleva a La Riviera se ha marchado. Javi nos está esperando. Decidimos usar el taxi. Nuestro primer taxi en La Habana. Un Lada blanco. Fabricación rusa. Montamos. “<em>Al hotel la Riviera, caballero</em>”. El conductor decide ir por el Malecón. Las olas siguen rompiendo igual que por la mañana. Parece que nuestro taxista no es muy hablador. El Malecón está encharcado. Varias olas rompen sobre el Lada. Voy de copiloto y estoy calado. De repente el Lada se para. No arranca. Continúan rompiendo olas. No arranca. Carlos, Javi, Nacho y yo bajamos a empujar el taxi. El agua nos cubre los pies por completo. Conseguimos mover el Lada fuera del alcance de las olas. Estamos borrachos y empujando un coche ruso a través del mar cubano. La situación es dantesca. El taxista se baja y abre el capó del coche para operar. La imagen del interior del Lada me hace gracia y me río. El taxista me devuelve una sonrisa. Empieza a trastear y consigue arrancar el taxi. Montamos y terminamos la carrera en el hotel La Riviera.</p>
<p>Llegamos con el tiempo justo al buffet pero conseguimos cenar. La cena no está nada mal. Terminamos de cenar y vamos junto al resto de compañero a ver el espectáculo del cabaret. Nos sirven un mojito. Comienza el espectáculo. La noche promete…</p>
<div style="text-align:center;"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2310/2385629566_c3cd11b3ae.jpg" alt="Espectáculo en el hotel La Riviera" /><br />
<em>Espectáculo en el hotel La Riviera</em></div>
<p>¡Mierda, esto no hay quién lo aguante! Nos dormimos viendo el espectáculo. Recobramos algo de interés cuando aparece un hombre haciendo equilibrios sobre una escalera de mano. Termina su número. Volvemos a dormirnos. Termina el espectáculo. Un camarero nos acosa para que le compremos una botella de ron. Decidimos irnos a otra parte. Cogemos tres taxis hacia el Deauville. De nuevo un Lada. Habrá que darle una nueva oportunidad a estos coches rusos. Vuelvo a compartir taxi con Carlos, Javi y Nacho. Le pedimos al taxista que encienda el taxímetro. Parece no oírnos. Insistimos. Ni caso. A la tercera va la vencida y pactamos un precio con él. Durante el trayecto no para de preguntarnos que a cuantas cubanas nos hemos tirado ya. Parece obsesionado con el tema. Por fin llegamos al hotel. Esperamos al resto. Decidimos ir a una discoteca que se llama La Casa de la Música y que está cerca del hotel. Llegamos a la discoteca. Nos ven cara de turistas y nos piden 15 CUC por barba. Hemos espabilado después del incidente de las maletas. Decidimos ir a la discoteca de nuestro propio hotel, que es gratis gratis. No hay mal ambiente. Reggeaton, salsa, merengue y mucha gente cubana. Las cervezas están tiradas de precio (1 lata de Bucanero = 1 CUC). La gente empieza a estar cansada. El deejay empieza a poner algo de house y música de los 90. “<em><a href="http://www.youtube.com/watch?v=JGqaAV0WNQw">Heeeeey baby, uh ah, I want to know if you’d be my girl</a></em>” (los del vídeo no somos nosotros pero la escena era parecida). La gente empieza a retirarse poco a poco a sus habitaciones. Javi, Nacho y yo aguantamos hasta la hora de cierre de la discoteca (2:30). También estamos cansados (y templados). Decidimos ir a dormir. Mañana será otro día.</p>
<p>PD: Olvidé comentar que en la discoteca del Deauville conocimos a un cubano de 38 años que aparentaba 25. Es increíble como se conserva esta gente.</p>
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		<title>Viernes 7 de marzo: el viaje de ida</title>
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		<pubDate>Wed, 19 Mar 2008 02:23:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Sánchez</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Cuba]]></category>
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		<description><![CDATA[Viernes 7 de marzo de 2008. 9:00 AM. Feria de Muestras de Valladolid. 60 personas esperan a las puertas de un autocar. Marta llega y da la señal. Subimos al autocar y el conductor arranca. Comienza el viaje. Por cierto, nos vamos a Cuba :)
Dos horitas y media de autocar y nos plantamos en la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: justify;">Viernes 7 de marzo de 2008. 9:00 AM. Feria de Muestras de Valladolid. 60 personas esperan a las puertas de un autocar. Marta llega y da la señal. Subimos al autocar y el conductor arranca. Comienza el viaje. Por cierto, nos vamos a <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Cuba">Cuba</a> :)</p>
<p>Dos horitas y media de autocar y nos plantamos en la T1 de Barajas. Recogemos a <a href="http://imunper.blogspot.com/">Nacho</a>, que venía de Barcelona. Embalamos nuestras maletas. Iván decide embalar la maleta que no quiere embalar e intentar detener la máquina de embalaje, lo cuál provoca la risas del personal presente. Facturamos y decidimos comer algo para matar el tiempo (y el hambre). Que pocas papeleras hay en barajas para tirar los envoltorios de los últimos bocadillos que comeríamos en días. Nos aburrimos y decidimos pasar el control hacia la zona del <span style="font-style: italic;">dutty free</span>. Nos despojamos de nuestros objetos metálicos y los dejamos sobre la bandeja para pasar el control de rayos. Jorge M. pasa el arco y éste pita como loco. Es el pasajero un millón y un policía nacional decide obsequiarle con un cacheo exhaustivo. Sin problema, está limpio. Otro hombre pita al pasar el arco. El policía de turno le pide que se quite las botas, ya que tienen hebillas metálicas. El hombre obedece y vuelve a pasar el arco con las botas de la mano. El arco vuelve a pitar. Los policías de alrededor se preguntan con la mirada qué carajo le pasa al tipo de las botas. Este parece entenderlo y decide pasarlas por los rayos. Mientras todo esto ocurre, Jorge M. ha perdido el pasaporte y el visado a Cuba unas dos o tres veces. Suerte que Nacho lo encuentra repetidas veces (no serían las últimas). Vagamos sin rumbo por el <span style="font-style: italic;">dutty free</span> para hacer tiempo. Varias señoritas de traje azul entablan una breve conversación con nosotros:</p>
<p>- Hola. ¿Cuál es su destino?<br />- La Habana, amable señorita.<br />- Pues que tengan un feliz viaje y una feliz estancia.</p>
<p>Cansados, decidimos sentarnos frente a la puerta de embarque. Entonces aparece el cartel: DELAYED. Parece ser que hemos sido premiados con una hora de retraso en el vuelo. En ese preciso instante recibimos la última noticia de España en unos días: atentado en Mondragón, un concejal socialista muerto. Llega la hora de embarque. Montamos en el autobús lanzadera que nos lleva hasta el avión de Cubana Airlines que nos llevará hasta La Habana. Nos miramos y nos preguntamos si alguien alguna vez sobrevivió a un vuelo de ocho horas en semejante artefacto. Subimos al avión y ocupamos nuestros respectivos asientos, no los que teníamos asignados sino los que nos vienen en gana para estar juntos en el viaje. Ajusto mi reloj a la hora cubana (GTM -5) para ir acostumbrando el cuerpo. Despegamos. Un video informativo nos pone al tanto de los artistas de moda en Cuba: “Manolito y su Trabuco”, “Juán y su Hélice”, … Mientras, Carlos empieza a recolectar el bote para comprar el ron en el avión y pegarnos un fiestón tal y como aseguró la comercial de la agencia de viajes Eroski. Al poco tiempo nos sirven un refrigerio a base de macarrones con queso, ensalada de caca (vegetales cubanos) y un hojaldre de Astorga. Iván nos comenta que es de Astorga mientras se come un par de hojaldres. Seguimos volando…</p>
<p>El tiempo no pasa en este avión. Hemos cambiado de sitio veinte millones veces, jugado a las cartas, hecho juegos de magia, contado chistes, conocido gente, hasta hicimos un test de la Cosmopolitan: ¡conoce tu IS!  (índice de sensualidad). A medio vuelo (siempre teníamos la sensación de que faltaban cuatro horas para llegar) aparecen dos azafatas con el carro de las bebidas. Carlos empieza a impacientarse. Las amables azafatas nos ofrecen un <span style="font-style: italic;">trago</span> de ron (creo recordar que era ron x) por dos euros. El trago es una botella de 5 cl (como las que ganas en la feria). La <s>Cocacola</s> <a href="http://www.webdesigncuba.com/index.php?/esp/content/view/full/210">Tukola Ciego Montero</a> cuesta un euro adicional. Todos estamos indignados. La comercial de la agencia nos la ha jugado. No sería la última vez. Aún así tomamos dos o tres tragos para hacer más llevadero el viaje. También probamos la cerveza cubana (Bucanero). No está nada mal. Volvemos a mirar el reloj. Aún quedan cuatro horas de vuelo. Nos sentamos y nos traen un nuevo refrigerio: medio sándwich de jamón y queso con un chocobollo y un café. Nacho vuelve a encontrar el pasaporte y visado de Jorge M. en el suelo del avión. El tiempo no pasa en este vuelo…</p>
<p>Aterrizamos. “<span style="font-style: italic;">Welcome to La Habana Airport</span>” anuncia el comandante por megafonía en un pésimo ingés. &#8220;<span style="font-style: italic;">Por motivos de seguridad vamos a proceder a su desinsectación. Rogamos disculpen las molestias</span>”. Reímos. Es la primera vez que nos desinsectan, aunque no sería la última. Bajamos del avión y nos echan un cubo de agua caliente por encima. La humedad en La Habana es del 99%. Aún así la temperatura es agradable. Un autobús nos acerca a la terminal del aeropuerto. Cruzamos los diversos controles de seguridad. Una señorita policía me pide que me vacíe los bolsillos. Saco mi baraja española y mi Bycicle (de póker). La señorita sonríe y me pregunta que si soy <s>cartómago</s> <span style="font-style: italic;">cartómano</span>. Llegamos a la zona de recogida de equipaje. La maleta de David aparece rota. “<span style="font-style: italic;">Ya reclamaremos en Bajaras</span>”, comenta. Días más tarde yo mismo diría algo parecido. Vamos a salir de la zona de recogidas de maletas. Un policía se acerca a Carlos (Gandalf). Le pide que le acompañe. Reímos y hacemos bromas sobre la posible exploración rectal a la que está siendo sometido. Pasa el tiempo. Carlos no aparece. Mientras otro policía cubano no para de preguntar a Nacho que si fuma. Aparece Carlos. Nos comenta que le han registrado la maleta y que no ha habido ningún problema (iba limpio). Volvemos a reír. Desde ese momento le asignamos el mote de Tacto (con evidente explicación). Nos recoge una representante de Angalia y nos indica donde podemos cambiar dinero. Cambiamos unos cuantos euros a pesos convertibles, la moneda cubana para extranjeros.</p>
<p>Salimos del aeropuerto y vamos hacia los autocares que nos llevarán hasta nuestro hotel en La Habana: el Deauville (en la zona de Centro-Habana, frente al Malecón). Un individuo surge de la nada y nos arrebata las maletas a Diego y a mí. “<span style="font-style: italic;">Que buena gente estos cubanos</span>”, pensamos. El tipo nos sube la maleta al autocar. Nos pide indirectamente una propina sacando un billete (de 10€). Diego y yo nos miramos. No tenemos suelto. El tipo nos presiona. Muy a nuestro pesar decidimos darle 10 CUC (pesos convertibles cubanos, 1 CUC ≈ 0,72 €). Subimos al autocar completamente derrotados. No llevamos ni quince minutos en Cuba y ya nos han estafados. Nos sentimos como un par de turistas estúpidos. Decidimos que ese será nuestro pequeño secreto que nunca contaremos. Mientras Diego suda como no he visto sudar a nadie nunca. Hace mucho calor en La Habana. El autocar nos deja en la puerta del Deauville. Parece que el hotel está en una zona de guerra. En realidad parece que ha habido una guerra en La Habana pues todos los edificios están muy deteriorados por su exterior. Descargamos nuestro equipaje del autocar, pendientes de cualquier maletero al acecho. No aparece ninguno. Entramos en el hotel y repartimos las habitaciones. No conseguimos una habitación doble (lo que a la larga fue mejor). Voy a compartir la habitación 1109 con Nacho y Tacto. Mientras reparten las llaves, Nacho y yo salimos en busca de agua embotellada por el Malecón. Encontramos una pequeña terraza a pocos metros del hotel, donde compramos dos botellas de agua de litro y medio por 1,5 CUC cada una. Parece que este país no es ni caro ni barato. Más bien es un país barato con precios especiales para turistas. Regresamos al hotel. Allí Jorge M., Iván y alguno más comentan como un maletero les ha estafado 10 CUC. Cuento que a Diego y a mí también nos ha estafado, pero menos (sólo 5 CUC). Subimos a nuestra habitación. El (molesto) <span style="font-style: italic;">ding</span> del ascensor nos anuncia que estamos en el piso once. La puerta del ascensor se abre y vemos un teléfono y un puñado de cables colgando de la pared. El panorama no es muy reconfortante. Abrimos despacio la habitación. No está nada mal. Es grande y tiene vistas al Malecón y al centro de La Habana. Nos acomodamos y decidimos bajar a por unas cervezas a la terraza de antes. Subimos a la habitación con un <span style="font-style: italic;">sexteto cervecil </span>de Bucanero (que también cuesta 1,5 CUC por unidad). Qué rica está la dichosa cerveza. Mientras Carlos, Nacho y yo apuramos la segunda cerveza, aparece Javi en la habitación. Estamos cansados del viaje y no tenemos ganas de salir a dar una vuelta por el Malecón. En vez de eso decidimos gastar una broma telefónica a nuestros compañeros de la 1309 (Carlos y Jorges). No pican. Lo intentamos de nuevo con los compañeros de habitación de Javi en la 1009 (David y Kike).</p>
<p>-    (yo con acento cubano) Hola, buenas noches. ¿Está David *******?<br />-    (Kike) Sí.<br />-    Pues debe bajar inmediatamente a recepción para checar su visado ya que parece que hay un problema.<br />-    Enseguida bajamos.</p>
<p>Bajamos a recepción para contemplar la escena. No aparece nadie. Decidimos subir a buscarlos a la 1009.</p>
<p>-    (yo con acento cubano) ¡POLICÍA CUBANA! ¡ABRAN LA PUERTA!</p>
<p>Nos abre la puerta Kike con mucho cuidado.</p>
<p>-    ¡Ah, menos mal que sois vosotros! Es que acaban de llamar a David porque ha habido problemas con el visado o no sé que rollos.<br />-    ¿Y no bajáis?<br />-    Bueno. Esto es Cuba…<br />-    Pues hay un policía con un fusil en la recepción.<br />-    ¡Joder! ¡David, sal de la ducha ya!</p>
<p>Bajamos a recepción una vez más para contemplar la escena. Aparecen David y Kike unos instantes después. Los observamos sentados en los sillones de recepción mientras hablan con la recepcionista. La señorita de recepción sonríe. David y Kike se percatan de nuestra presencia. Risas.</p>
<p>Decidimos que ha sido suficiente por hoy. El viaje y el <span style="font-style: italic;">jetlag</span> nos han dejado sin fuerzas. Subimos a dormir.</p>
<p>Una tormenta nos despierta en mitad de la noche. La imagen de las olas rompiendo en el Malecón es impresionante. Volvamos a dormirnos con el ruido de los truenos sobre La Habana de fondo.</p>
<p></div>
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