RSS entradas RSS comentarios 37 entradas y 127 comentarios (hasta ahora)

Jugando a las cocinitas

Alguna vez os he comentado por aquí que una parte fundamental de la dieta del erasmus en Grecia (y de nosotros, por extensión) es el gyros, alimento formado por un pan de pita, trozos de carne de pollo o cerdo (al gusto), vegetales, patatas fritas y salsas varias. Ayer decidimos dar un paso más y hacernos nuestras propias pitas caseras. El resultado: juzgad vosotros mismo. Por cierto, aprovechamos la ocasión para repasar nuestro amplio vocabulario griego.

Sanciones por impago del transporte público en Atenas

Y es que eso de que a la tercera va la vencida es mito, una leyenda urbana. Tan sólo dos avisos han sido suficientes para recibir mi primera sanción por impago del transporte público en Atenas. Vamos, que no saco billete para montar ni en metro ni en autobús y esta vez me han cazado. Y es que la culpa no es mía, sino del sistema. Sí sí, habéis leído bien, del sistema. Me explico. Hay unos bonos mensuales de transporte público a un precio más que asequible, 18€ mensuales para estudiantes, incluyendo bus, metro, tranvía y trolebús. Pero resulta que estos tickets sólo son válidos del día 1 del mes al último día del mes. No puedes comprar un bono mensual para usarlo, por ejemplo, del 15 de enero al 15 de febrero, de modo que al llegar a Atenas el 14 de enero, me ha sido imposible comprar dicho bono de transporte.

En base a mi experiencia y a la de otros compañeros que tienen auténticas colecciones de multas de metro y bus, he redactado el siguiente protocolo de actuación para que sepáis que hacer en caso de que os pesquen sin ticket en el bus, como ha sido mi caso. Comienzo.

Tú estás felizmente viajando en el bus sin ticket, mirando por la ventanilla. Lalala. El revisor aparece. Ya no hay escapatoria posible pues bloquea el camino hacia la puerta. Que no cunda el pánico. Lo primero que has de hacer es buscar un ticket en el suelo. Nunca se sabe lo que se puede encontrar (en mi caso encontré un ticket en el suelo). En caso de encontrar un ticket, entrégaselo con toda naturalidad al revisor. Puede que funcione. Pero también puede que no lo haga (como en mi caso). El siguiente paso es dejarle claro al revisor que no eres griego. Nunca se sabe si el revisor se apiadará de ti (en mi caso no se apiadó). No pasa nada si no se apiada. Probamos con el siguiente truco. Tal vez el revisor no habla inglés y puedes intentar confundirle (en mi caso si hablaba inglés). En caso de que hable inglés, no pierdas la calma. Pregunta amablemente al revisor que es lo que tienes que hacer. Sugiérele sutilmente que si es suficiente con bajarte en la próxima parada. Nunca se sabe hasta dónde puede llegar la bondad de un revisor (la bondad de mi revisor no llegaba tan lejos). Si esto tampoco funciona, sigue manteniendo la calma, sobre todo cuando el revisor te pida tu pasaporte o DNI y empiece a rellenar la multa. Si eres estudiante, házselo saber y entrégale tu carnet de estudiante. Obtendrás un descuento del 50% en tu multa, en caso de que finalmente decidas pagarla. Cuando el revisor te pregunte por la dirección en la que vives en Atenas, indícale amablemente en que barrio vives (Καισαριανή en mi caso). Ahora bien, cuando el revisor te pregunte por la calle, nada más fácil que decirle, con toda la educación del mundo, que no te acuerdas. Puede que el revisor te mire extrañado (como ocurrió en mi caso) pero no tiene mayor importancia. El siguiente paso es firmar la multa. El revisor te entregará para ello un bolígrafo. En el lugar donde se supone debes estampar tu firma dibuja, con elegante caligrafía, una X. El revisor te volverá a mirar extrañado (como ocurrió en mi caso), incluso puede que te pregunte que si tu firma es una X. De nuevo, con toda la educación del mundo, asiente con la cabeza mientras refuerzas tu respuesta con un sonoro “yes”. El revisor te entregará la multa y te pedirá que le abones inmediatamente el importe de la misma (en mi caso ascendía a 30€). Hazle saber que no dispones de efectivo suficiente para pagar la multa en ese preciso instante (tal y como yo hice). En ese momento, el revisor está vendido. Lo único que añadirá es que tienes que pagar la multa en un plazo de X días en una oficina de correo. Vuelve a asentir y sonríele cortésmente como gesto de despedida.

Y he aquí el protocolo de actuación ante sanciones por impago del transporte público en Atenas. Espero que os sirva de algo en caso de que alguna vez decidáis no pagar el autobús (¡pillastres!) y os revisen.

Por cierto, al coger luego otro autobús, he decidido ser un ciudadano de bien y he ido a comprar un ticket. He preguntado en tres quiscos y en ninguno les quedaban tickets. ¿Cómo esperan entonces que la gente pague el autobús?

Lo que no nos pase a nosotros…

Mañana tenemos una cita con nuestro tutor para ponernos al día con nuestro proyecto. Se supone que ya hemos terminado la fase de documentación así que esta mañana Nacho y yo hemos decidido ir pronto a la biblioteca de la universidad para poner nuestras ideas en orden e ir mañana a ver a nuestro tutor con las cosas claras. La verdad es que resulta increíble que una biblioteca tan nueva y con tanto espacio para estudiar esté prácticamente vacía a pocos días de los exámenes. Y más cuando yo he visto a gente casi pegarse por un trozo de mesa en la que apenas cabe un folio en la biblioteca de mi facultad en Valladolid.

Hemos subido a la primera planta de la biblioteca y hemos encontrado una pecera (sala aislada del resto de la biblioteca), ideal para trabajar sin molestar a los tres griegos que estaban estudiando en la biblioteca. Nos hemos sumergido en el apasionante mundo de los radares… y sí, me he dormido. Tras lo que creo que han sido diez o quince minutos de sueño, he recuperado toda la energía rápida que necesitaba para continuar. Hemos decidido bajar a la planta de abajo ya que en la pecera no teníamos conexión a internet. Tras una hora de estudio hemos oído una señal de megafonía similar a la que precede a las ofertas anunciadas en la megafonía del Carrefour. Tras la señal, una voz griega anunciaba un mensaje incomprensible para nosotros. Sólo entendimos la palabra biblioteca. “Anda que si nos quedamos cerrados dentro de la biblioteca”, comento a Nacho mientras bostezo.

Una hora después, cuando hemos decidido que era buena hora para ir pensando en la comida, nuestras sospechas se han hecho ciertas. Nadie. No había absolutamente nadie en la biblioteca. Y sí, las puertas estaban cerradas. Mierda. ¿Y ahora qué? Tiene que haber una salida de emergencia, así que nos ponemos manos a la obra para encontrarla. Nuestra aventura por la biblioteca nos lleva el sótano, donde aparentemente hay una salida. Abrimos una puerta y oímos gritos. Nos están gritando a nosotros claro. Son las amables señoras de la limpieza. No entendemos absolutamente nada pero evidentemente nos están preguntando acerca del motivo que nos ha impulsado a bajar al sótano de la biblioteca cuando ésta ha cerrado hace una hora y media. No tardan en percatarse de que no hablamos griego aunque sí podemos entender algo de lo que nos dicen. Y no nos gusta. Por lo visto vamos a tener que esperar hasta las 17.30 para poder salir de la biblioteca, situación nada divertida teniendo en cuenta que eran las 13.30. El motivo. ¿Aun no os lo imagináis? Huelga, como no. Las señoras parecen realmente enfadadas con nosotros. Intento suavizar la situación preguntando en mi arcaico griego que si viven en la biblioteca. Evidentemente no así que por algún sitio tienen que salir. La estrategia funciona. Ahora parecen divertirse con nosotros aunque nosotros sólo queremos salir de allí cuanto antes. Nos acompañan hasta la puerta principal, sin dejar de hablar en ningún momento. En el momento en que vemos que tienen llave para abrirnos, dejamos de escucharlas automáticamente. Finalmente conseguimos salir de la trampa.

Salimos directos al comedor de la universidad. Tenemos hambre. Las amables señoritas que sirven la comida son capaces de detectar si tienes mucha hambre y, en caso de tal, sólo te dejan coger un plato de comida. Matemático, nunca falla. Hemos comido un triste plato de guisantes. Sólo guisante. Y ahora estamos aquí, en la puerta del comedor, tomando frapé y planificando la tarde. Necesito una siesta.

Espeluznante documento gráfico

Y es que el otro día teníamos puesto en la tele un canal de música griega mientras limpiábamos la casa (sí mamá, limpiamos de vez en cuando) y esto fue lo que vimos. Sobran las palabras.

Promo “Ven al botellón”

Todo empezó como una broma. Una guitarra, un cubo de basura, unas cervezas y unas risas. Decidimos grabar una promo para el botellón del próximo martes día 20 de enero en Thissio. Pero la cosa se complicó. Y es que cantando la canción en la calle un individuo nos dijo que eramos buenos y que nos iba a ayudar a encontrar trabajo en un bar del centro de Atenas. Sin más comentarios, os dejo con la promo de “Ven al botellón”.

Grecia… ¡copón!

Next »

160,655 comentarios de spam
bloqueados por
Akismet