Viernes 14 de marzo: nos vamos de compras o el día que casi hacemos una fogata en la playa
Son las 8:00. El móvil de David suena una y otra vez pero David no se despierta. Es Kike quien le tiene que soltar un “el teléfono David, coño” para que reaccione. Parece que en España no se aclaran con la diferencia horaria, vaya horas de llamar. Nos quedamos en la cama pero ya no nos dormimos. Aprovechamos para contarnos que hicimos ayer. Al parecer, David y Kike estuvieron nadando con delfines. Finalmente decidimos levantarnos. Me doy mi habitual ducha matutina. Son las 10:30. Otro día que me quedo sin desayunar en el buffet. Pego un telefonazo a la habitación de Javi, Nacho y Carlos para ver si bajan a desayunar. Quedo en pasar a buscarlos por su habitación. Cuando salgo de mi habitación, la camarera de nuestra habitación me para y me pide, muy amablemente, que si las puedo subir un sándwich de jamón y queso para almorzar. “Faltaría más”. Como me voy a negar a hacerle ese pequeño favor a la persona que se curra cada mañana figuritas con nuestras toallas.

Una flor hecha con toallas
Cuando llego a la habitación de éstos, Nacho no está. Se ha marchado para hacer la excursión a Santa Clara, a visitar la tumba del Che. Carlos está literalmente achicharrado. Demasiado sol para tan poca crema ayer así que no baja a desayunar. Bajo con Javi al snack bar. Desayunamos nuestro habitual perro (caliente) rodeados de pájaros negros hinchables. Pido un par de sándwich y unas patatas fritas para la camarera (y su amiga). Subimos cada uno a nuestra habitación para equiparnos para la playa (bañador + toalla + crema). Antes de entrar en la habitación les doy el almuerzo a nuestra camarera y su amiga, que están arreglando la habitación de enfrente. Me dan las gracias trescientas veintisiete millones de veces. No ha sido para tanto. Cuando termino de equiparme bajo de nuevo a buscar a Javi y a Carlos, que esta vez sí que baja. Parece que ha llenado la bañera de crema protectora y se ha dado un buen baño. No me extraña. Tiene unas buenas quemaduras.

Las heridas producidas por las quemaduras en el cuerpo de Carlos podrían herir vuestra sensibilidad así que sólo os enseño un pie
Vamos directos a la playa. Otro día que llegamos los primeros. Estamos hechos unos madrugadores. Poco después de instalarnos en tres hamacas llegan ambos Jorges, Sara y Ana. Carlos, Javi, Jorge (Regalitos) y yo aprovechamos para ir a por un jugo de naranja con un chorrito de ron al restaurante de la playa. Carlos y Javi deciden quedarse allí, a la sombra, jugando a las cartas. Carlos no aguanta ni un rayo más de sol. Jorge también se queda allí. Mientras estoy pidiendo mi jugo de naranja con un chorrito de ron aparece Carlos (Relojes). Le acompaño mientras desayuna en el snack bar. Le comento que hoy voy a darlo todo en el hotel. Decide apuntarse. Termino mi jugo de naranja con un chorrito de ron y Carlos termina su hamburguesa. Vamos a por dos jugos más y volvemos a la playa con el resto. Hace calor así que nos damos un baño. Como no podía ser de otra forma, vamos a reponer nuestro vaso con más jugo y ron al salir del agua.
Son las 12:00. Va a empezar la clase de aquagym. Ésta no me la pierdo. Vamos todos hacia la piscina pero sólo nos metemos en el agua para hacer aquagym Jorge (Verjas), Sara, Ana y yo. No aparece la profesora de ayer sino un cubano del equipo de animación del hotel. Más que una clase de aquagym parece una exhibición de fulano cubano pues no para de salir del agua para enseñarnos a todos –más bien a todas– lo bien que mueve el culo.

¿A que se tira un aire a Vin Diesel pero en cubano?
La clase termina bailando un corro de las patatas cubano. Que desastre de clase. Tomo nota mental: mi primera y última clase de aquagym en Cuba. Salgo del agua. Carlos aun está apurando su jugo de naranja con ron cuando aparezco con una nueva ronda. “Empiezo a estar lleno. Que no borracho, eh, que quede claro, sino lleno”, dice Carlos. En ese momento acaba de caer un mito para mí. Decepcionado, busco a otra persona con la que seguir tomando jugos de naranja con un chorrito de ron. Ana parece animarse. “Bien. Pues espera que voy a por otra ronda”, digo mientras apuro mi jugo. Diego e Iván nos enseñan a cantar una pegadiza canción que han inventado: “Laralalala Iago huele a pis, laralala Iago huele a pis, laralalala Iago huele a pis, laralala”.
Pasamos el resto de la mañana entrando y saliendo de la piscina. Encuentro unas gafas de sol en el borde de la piscina y aprovecho para posar con ellas en una foto de grupo.

Todo en plan “sanotes”, con nuestros jugos de naranja
Cada vez que salgo de la piscina me doy crema protectora. Gasto casi medio bote de crema en una mañana pero me he propuesto no quemarme en Cuba y así será. Mientras tanto, tomo otro par de rondas más con Ana, que también empieza a estar llena. “¿Tú también?”, comento. Sin casi darnos cuenta –yo sobre todo– llega la hora de comer. Vamos todos a comer al restaurante de la playa. Hoy conseguimos juntar dos mesas para comer todos juntos. Durante la comida, Carlos (Relojes) no para de reírse sin decir nada. “Jijiji”. “En Puntacana esto no pasaba, eh”, dice Diego. Carlos no contesta y se vuelve a reír. “Jijiji”. Ahora no hay duda. Como dirían en cuba, está tomado, es decir, borrachísimo. Aun no me puedo creer que haya bebido mucho más que Carlos y a mí no me haya afectado.
Mientras comemos decidimos que vamos a ir de compras a los mercadillos de Varadero por la tarde. Una vez terminamos de comer, subimos a nuestras respectivas habitaciones para cambiarnos. Son las 16:00. Hemos quedado en el lobby a las 16:30 para coger el bus de las 17:00 en una parada cerca del hotel. Subo a mi habitación y me tumbo en la cama. La camarera ha dejado sobre la cama una figura de dimensiones desproporcionadas hecha con un edredón, en agradecimiento por el almuerzo de esta mañana.

Pájaro gigante hecho con el edredón. No quiero pensar que hubieran hecho si las hubiese subido una hamburguesa en vez de un sándwich
Ahora sí que sí, los jugos de naranja con un chorrito de ron empiezan a hacerme efecto. Me dejo caer en la cama. Hago malabarismos con los ojos para no dormirme. No paro de repetirme una y otra vez “no te duermas, no te duermas, no te duermas”, pero estoy cayendo poco a poco. Sin pensármelo dos veces, me levanto de golpe de la cama y me meto a la ducha. Justo lo que necesitaba. Salgo completamente nuevo de la ducha. Todavía no son las 16:30 pero como no quiero quedarme dormido en la habitación, bajo al lobby. Me acuerdo de que tengo un encargo de puros que llevar a España. No sé porqué pero tengo un flashback y también me acuerdo de lo mal que me sentó el puro de La Habana. Entro en la tienda del hotel –donde venden puros, ron, etc–. Pregunto por el precio de los puros que me han encargado. Parece que se salen del presupuesto. Mientras estoy pidiendo precio, Diego entra en la tienda. Me enseñan otros tipos de puros. Diego también pide precio. No vamos a comprarlos allí pero al menos ya tenemos un precio de referencia para cuando los compremos. Cuando salimos de la tienda, todo el grupo nos está esperando en los sillones del lobby. Cambio el dinero que he traído para los puros de euros a pesos convertibles. Supongo que me van a dar el palo con la comisión de cambio del hotel pero al final no es para tanto. Ya estamos todos listos. Salimos del hotel y nos dirigimos a la parada del bus turístico, a unos 500 metros del hotel.

Grupo saliendo del hotel
Cuando llegamos a la rotonda donde se encuentra la parada del bus turístico, un policía cubano que anda por el lugar nos dice que el autobús ha salido hace apenas cinco minutos y que tenemos que esperar media hora hasta las 17:30 para coger el siguiente. Vaya mala suerte. Vemos que alquilan ciclomotores. Discutimos sobre si cogemos unas motos para bajar a Varadero pero decidimos que es mejor que no. Mejor esperamos al autobús. Mientras esperamos a la sombra de los árboles de la rotonda, aparece Dengue II, el perro que vimos anoche beber de la piscina del hotel y restregarse por las hamacas. Para hacer tiempo, cantamos la pegadiza canción que hemos aprendido esta mañana: “Laralalala Iago huele a pis, laralala Iago huele a pis, laralalala Iago huele a pis, laralala”.
Por fin llega el autobús. Es de dos pisos; el de arriba es descubierto, como en cualquier bus turístico. Nos soplan 5 CUC por subir aunque con el billete podemos viajar todas las veces que queramos en un mismo día –por eso hemos preferido coger el bus que unos taxis–. Las calles en Varadero no tienen nombre sino números ya que hay una calle principal que recorre de punta a punta la estrecha península de Varadero y el resto de calles –calle 1, calle 2, calle 3, etc– cortan perpendicularmente a la calle principal. Nos bajamos del autobús en la calle 13, junto a un pequeño mercadillo donde venden productor artesanos, sobre todo de cuero y madera. Jorge M. y Iago, asesorados por Sara, compran dos bolsos.
Hace mucho calor. Voy con Diego al otro lado de la calle a comprar unas botellas de agua. Nos volvemos a reunir con el grupo y vamos todos hacia otro mercadillo más grande, un poco más adelante, en la calle principal de Varadero. Empezamos a dar vueltas por el mercadillo, buscando regalos para traer a España. Algunos tienen una habilidad especial para encontrar regalos –o para encontrar a alguien a quién regalarle lo que encuentran–. Después de un rato dando vueltas, el grupo está completamente disperso. Encuentro a Jorge y Javi merodeando entre los puestos del mercadillo. Jorge, al igual que yo, no ha encontrado todavía nada para regalar. De pronto vemos unas cajas de madera con la bandera de cuba en la tapa. Una señora de unos 80 años nos atiende y nos explica que las cajas son un poco caras porque son de fresno –del que cagó el moro–. Intentamos regatear con ella pero no hay manera. Se acerca un chico cubano que está al cargo de un puesto cercano. “No regateéis con ella que no se la da bien. Lo que se la da bien es…” y el cubano hace un gesto con la mano, como si se estuviera lavando los dientes pero sin cepillo, ya me entendéis –puede haber niños leyendo–. “No veis que no tiene dientes”, añade el cubano. Entonces, fuera de todo pronóstico –en España eso es equivalente a como mínimo un tortazo–, la anciana se echa a reír. “Como son. Os creéis que eso es manera de tratar a una anciana”, comenta entre risas. La mentalidad de esta gente es alucinante. Finalmente compramos dos cajas de fresno, sin regateo.

Telecos en el mercadillo de Varadero
Busco al resto de gente por el mercadillo. Veo a Diego y Carlos (Gandalf) mirando unas banderas y jarras del Che. Pillo a Diego desprevenido y le doy un susto, agarrándole fuerte del brazo. Veo a Iván con otra caja más grande que la mía. “Es un joyero para mi novia. Me lo han grabado con un dibujo de una puesta de sol por dentro. Lo han hecho con un quemador”, dice. Me gusta. Voy a por otro exactamente igual. El cubano que los graba es bastante simpático. Nos regala un coche de madera pequeñito.

El cochecito que nos regaló el tío que grababa las cajas
Volvemos con el resto del grupo a la parada del autobús. Vamos a adentrarnos un poco más en Varadero, hasta el mercado del Caracol. Nos sentamos en una terraza a esperar al autobús. Diego se pide una cerveza Bucanero y otra Cristal. No es que tenga sed. Tampoco es que se quiera emborrachar a las 19:00. Lo hace porque colecciona botellas y chapas de cerveza de todo el mundo.
Llega el autobús. Cuando pasamos por la calle 44 hacemos la típica broma de la calle 44. Ya sabéis, la canción infantil: “en la calle-lle cuarentra y cuatro-tro se ha cometido-do un asesinato-to porque una vieja-ja mató a su gato-to con la punta-ta del zapato-to”. Está anocheciendo cuando llegamos al mercado del Caracol. El conductor del autobús nos advierte que el último autobús sale a las 20:30. Bajamos y entramos en una especie de estanco, pues venden puros y más cosas de estánco. Le cuento al dependiente el encargo que traigo desde España. Parece que es un tío que entiende bastante de puros pues no para de hablar de ellos. Aprovecho para contarle mi experiencia con el puro en La Habana. Me explica que lo más probable es que fuera tabaco de mala calidad pero que pudo influir el que no esté acostumbrado a fumar puros. También aprovecho para preguntarle si hay tanta diferencia entre unos puros u otros. “Ay amigo, pues como cuando los españoles me hablan de un vino o de otro, si a mí todos me saben igual”. Al final encontramos unos puros que entran dentro del presupuesto que traía: los famosos Cohiba Lanceros. El resto de gente compra algún que otro puro suelto para llevar de regalo a España. Cuando salimos de la tienda, se nos acerca un cubano y nos ofrece los mismo puros que acabo de comprar, pero a un precio 25 veces inferior. “Seguro que me fumé unos de esa tirada en La Habana”, comento. Los rechazamos. Nos ofrece ron. Lo rechazamos. Nos ofrece droga. La rechazamos. Nos pide dinero. Le damos unos céntimos de peso convertible para que nos deje en paz. Lo hace. Se nos acerca otra pareja de cubanos y nos dan unos panfletos de publicidad de la discoteca La Comparsita. “Mu buena fiesta mañana mi helmano”, nos dicen. Pues si hay tan buena fiesta habrá que ir.
Volvemos a la parada del bus. Cuando llega y montamos, somos los únicos que estamos viajando en el autobús. Subimos al piso de arriba ya que la temperatura es todavía muy agradable. Paramos en un semáforo y Diego aprovecha para hacer una foto a una pintada en una casa.

Pintada en la fachada de una casa en Varadero
Cuando ya estamos llegando a la parada del autobús que está cerca de nuestro hotel ocurre algo inesperado. Por el camino bromeamos sobre la posibilidad de que una de las ramas de los árboles de las calles de Varadero nos golpeara en la cara. De hecho estuvimos gran parte del camino esquivándolas entre gritos y risas. Pero de pronto… ¡Zas, en toda la boca! Carlos (Madejón) se come –literalmente– la rama de una palmera con cáscara y todo. No podemos parar de reír. “Pues no sé de qué hostias os reís porque me he hecho daño de verdad”, dice Carlos enfadado, lo cual provoca más risas en el grupo. Seguro que si se hubiera llevado el ramazo esta mañana, bajo los efectos de los jugos de naranja con un chorrito de ron, hasta él mismo se hubiera reído.
Por fin llegamos al hotel, a eso de las 21:00. Subimos a nuestras respectivas habitaciones a descargar la mercancía que hemos comprado en Varadero. Bajamos a cenar al buffet. Allí encontramos a Nacho, que ya está prácticamente recuperado de su enfermedad. Nos cuenta sus aventuras y desventuras en Santa Clara –más desventuras que aventuras pues quitando la visita a la tumba del Che no han visto mucho más–. Volvemos a sentarnos en la mesa de anoche. En la cena probamos unas extrañas bolas de carne, cuyo sabor aun no podemos identificar. Cuando llega la gente de Magisterio se monta un poco de lío porque parece ser que han reservado unas mesas para cenar todos juntos, ya que están celebrando el cumpleaños de Pablo. El lío no va a mayores porque la gente del hotel les prepara enseguida unas mesas.
Terminamos de cenar y subimos a ducharnos. Antes de subir quedo con Iván a las 22:30 en el bar del lobby para tomarnos unos algos hasta que venga el resto de gente, a las 23:00. Cuando llego a la habitación, me encentro allí a mis dos compañeros de cuarto con un invitado. Al parecer han llegado al hotel unos conocidos de David y Kike de Salamanca. Me quedó un rato hablando con ellos. Finalmente me ducho y me maqueo un poco. Son sólo las 22:00 pero decido bajar al espectáculo de la piscina, que ha empezado a las 21:30. Mientras voy hacia la zona de la piscina, el deejay pone “Dj Tiesto – Lethal industry”. Aun no salgo de mi asombro. Es la primera vez que escucha trance en Cuba. La noche promete. Me pido un jugo de naranja con un chorrito de ron en el bar de la piscina y me siento en una silla a ver el espectáculo. Hoy no está bailando la gente de animación del hotel sino que han preparado una especie de competición de chicos –canadienses– contra chicas –una española y el resto canadienses–. Están jugando a un juego que consiste en que la animadora –que curiosamente es la profesora de baile del hotel– dice un objeto y los dos equipos tienen que intentar recuperar la mayor cantidad de ese tipo de objeto de entre el público. “Muy bien chicos, ahora traedme todos los pantalones que podáis”. Los participantes se ponen a correr como locos entre el público pidiéndoles sus pantalones. Un canadiense –con el que más tarde entablaríamos amistad Javi, Iván y yo– viene derecho a mi me pide los pantalones. “Pues va a ser que no artista”, le respondo en español. Parece que ha captado la idea. Después de los pantalones, los equipos también tienen que recuperar condones y sujetadores de entre el público. Gana el equipo de las chicas por goleada.
El espectáculo termina a las 22:45. Cuando llego al lobby me encuentro a Iván y Iago esperándome. Les cuento lo del espectáculo. Nos pedimos unos juegos de naranja con un chorrito de ron y salimos a las hamacas de la piscina a esperar al resto. Aparecen al rato. Nos cuentan que se han acabado los hielos en el hotel –cosa que no he comentado hasta ahora pero que sucede con bastante frecuencia–. Intentamos convencer a un tipo del hotel para que nos pongan algo de música en la zona de la piscina pero no hay forma de hacerle entrar en razón. Como en el hotel de al lado –un hotel de la misma cadena que el nuestro ya que el edificio es exactamente igual al nuestro– tienen música en la piscina, decidimos ir a investigar Iago, Iván y yo. El resto del grupo se queda en la discoteca de nuestro hotel.
De lo primero que nos damos cuenta al llegar al hotel –ya que vemos a varias personas salir de él– es que la pulsera en este hotel es blanca y no verde. Lo solucionamos dándonos la vuelta a nuestra pulsera ya que su reverso es, curiosamente, blanco. En la zona de la piscina tienen montada una especie de carpa con una barra de bar y música. Está muy bien preparado pero no hay nadie. Decidimos arriesgarnos con nuestra pulsera improvisada y pedir una copa en la piscina pero nos dicen que van a cerrar ya. Decidimos dar una vuelta por los alrededores y por el interior del hotel. No tiene nada que ver con el nuestro. En este hotel la petanca tiene todas las bolas, al campo de minigolf le cortan regularmente el césped, el billar tiene bolas y palos, los ascensores funcionan, hay gimnasio, etc. Toda una serie de detalles que marcan la diferencia entre un hotel –éste– y un hotel de mierda –el nuestro–.
Decidimos volver a nuestro hotel. Encontramos al resto del grupo en la discoteca. A la gente le cuesta arrancar pues el deejay no para de poner reggeaton del malo –lo de que hay reggeaton bueno se podría discutir–. También se le va la mano y nos pone cuatro canciones seguidas del amigo Bisbal. A medida que se vacían los vasos, la gente va arrancando. En un momento dado hasta hacemos una conga.

Javi se equivoca y baila la variante de la conga con el culo en pompa
La gente va cayendo poco a poco pero los que quedamos lo damos todos. Enloquecemos cuando empieza a sonar el “Yves Larock – Rise up”. Tampoco falta el “Dj Otzi – Hey baby”. A las 3:00 en punto paran la música de la discoteca. La gente quiere más. Un par de canadienses –uno de ellos es el que intentó quitarme los pantalones hace unas horas– se acercan a hablar con Nacho y conmigo. No sé cómo ni por qué, pero los cuatro terminamos gritando: “Fucking shit, fucking shit”. Al cabo de unos segundos lo está gritando toda la discoteca. En ese momento me doy cuenta de lo fácil que es manipular a un grupo de gente que ha ingerido grandes cantidades de alcohol. Alguien sugiere que sigamos la fiesta en la playa. Dicho y hecho. Subo a por el bañador y la toalla. Cuando bajo ya no queda ningún teleco en pie salvo Javi e Iván, que están con el bañador puesto y toalla en mano. Vamos a por unos jugos de naranja con un chorrito de ron para el camino y nos dirigimos a la playa.

Dándolo todo en la playa con Javi e Iván
Por el camino hacia la playa nos encontramos a los dos canadienses del “fucking shit” y les invitamos a que vengan a la playa. Uno está bastante borracho y apenas se tiene en pie pero el otro parece que quiere aprender español. No para de preguntarnos cosas. Le enseñamos a decir playa, arena y agua. De repente alguien grita: “¡¡¡al agua!!!”. No sabría decir cuanta gente hay en la playa pero tal vez unas 30 o 40 personas. Dicho y hecho, todos al agua. “A cualquier que le cuente que el primer baño en la playa de Cuba me lo he dado a las 3:30 de la mañana”, nos dice Iván. Salimos del agua. No hace falta que nos sequemos con las toallas porque la temperatura es muy agradable.
Justo en este preciso instante entendemos porque el tipo del hotel nos advirtió el primer día que no hiciéramos fogatas. Apenas podemos resistir la tentación de hacer una pero finalmente nos portamos como chicos buenos y nos la hacemos. Decidimos, como otra mucha gente, ir a quitarnos la arena a la piscina –si ya está llena de mierda qué más da que se ensucie un poco más–. No nos lo pensamos dos veces. Directos al agua. Hoy sí que está buena.

En la piscina a las 4:00 de la madrugada
El canadiense que quiere aprender español nos pregunta: “¿cómo show me?”. “Muestra o enseña”, le responde Iván. Y de pronto, sin nadie decirle nada más, comienza a gritar como loco por toda la piscina: “¡Muestra tus domingas! ¡Muestra tus domingas!”. No paramos de reírnos con el canadiense. Tratamos de enseñarle a decir: “Estoy envuelto en llamas y bailo”. Y casi lo conseguimos.
Salimos del agua para secarnos pero no encuentro mi toalla. Iván y Javi se suben a dormir mientras yo me quedo buscándola. Como no aparece decido subir a buscarlos por si la han cogido por error. Iván dice que no. Javi también dice que no pero se cambia otra vez y baja conmigo para ayudarme a buscarla. Aparece debajo de una hamaca, junto a la piscina.
Ya que estamos abajo aprovechamos para tomarnos el último jugo de naranja con un chorrito de ron. Aparecen Kike y David y nos acompañan. También aprovechamos para comernos un sándwich en el snack bar antes de subir a dormir.
Suficiente por hoy. Son las 5:00. Subimos a dormir. En ese momento no sabía que dentro de dos horas y media empezará mi día más largo en Cuba…
Alberto Sánchez :: May.12.2008 :: Viajes :: 27 Comments »

