Miércoles 12 de marzo: el viaje a Varadero o nuestro primer día de playa
Pipipipii pipipipii. Hoy no me molesta el ruido del despertador de mi móvil. Son las 9:00. He dormido unas trece horas –salvo el susto que me dieron mis tripas por la noche–. Aun así éste sería el último día que me despertara ese dichoso ruido –el de las tripas y el del móvil–. Hoy toca cambio de aires: abandonamos el Deauville en La Habana para alojarnos en el Punta Arenas en Varadero, un hotel con 24 horas todo incluído, o eso nos hicieron creer al contratarlo. Carlos y Nacho también se levantan. Les pregunto cómo les fue anoche. Me cuentan que estuvieron en Coppelia –una famosa heladería– comiendo un helado y que algunos (ellos no) volvieron en Cocotaxi. Vaya, parece que me voy a ir de La Habana sin montar en uno.

Carlos y Nacho me cuentan que estuvieron en Coppelia y que algunos volvieron en Cocotaxi
Por lo visto Carlos, Nacho y Javi estuvieron visitando la oficina de interesas americanos en La Habana antes de volver al Deauville. Otra cosa que me quedo sin ver.
Nos duchamos y bajamos a desayunar la misma mierda comida de cada mañana. Tomo mi habitual tazón de leche con chococereales y mi sucedáneo de jugo de naranja. Subimos rápidamente a la habitación ya que tenemos que abandonarla antes de las once. Hacemos las maletas. Yo no lo tengo muy difícil ya que no he sacado nada, sólo lo que he ido usando cada día. Aún así me cuesta cerrarla. No he metido nada que no trajera de España y me cuesta cerrarla. ¡Qué va a ser de mí cuando tenga que hacerla en Varadero! Revisamos una y mil veces la habitación: debajo de las camas, en los cajones del armario, en las sillas, de nuevo debajo de las camas… Parece que no nos dejamos nada. Antes de abandonar la habitación, una de las camareras va a pasar por ella para comprobar que no hayamos roto nada y podamos recuperar la fianza de 15 CUC por barba que depositamos al llegar al hotel. Me doy cuenta de que faltan los dos vasos que saqué de la habitación el lunes por la noche. Como los bajé a la habitación de Sara y Ana no sé me ocurre nada mejor que bajar a su habitación a preguntarlas por los vasos. Al llegar a la quinta planta me encuentro a Sara y Ana, maletas en mano, esperando el ascensor. “¿No sabréis dónde están los dos vasos que bajé el lunes por la noche?”, pregunto. “Ni idea pero Jorge M. se acaba de subir dos a su habitación”, me responden. El rastro de los vasos me lleva directamente a la habitación 1309. Le pregunto al Verjas por los vasos que ha cogido de la habitación de Sara y Ana y me asegura que son suyos y que todavía les falta uno. Puede que sí, puede que no. Aun así decido ir a buscar un par de vasos a la habitación que más vasos ha reunido jamás en la historia del Deauville: la famosa habitación 302 –el centro de la fiesta por uno momentos el lunes por la noche–. Cuando llego a la tercera planta, un grupo de magisterio está en la puerta de la 302. Les pregunto por los vasos. Me dicen que tenían una montaña de ellos pero los han ido saqueando a lo largo de toda la mañana y no les queda ninguno. Mierda. Decido probar suerte en la 1308. Toc toc. Diego me abre la puerta. Le pregunto por los vasos. No tiene ni idea de donde pueden estar pero ellos tienen tres en su habitación. Le como un poco la oreja –en el buen sentido de la palabra– para que nos dé uno ya que sólo tenemos uno en nuestra habitación. Se hace de rogar pero termina cediendo. Vuelvo a subir a mi habitación con Nacho y Carlos a esperar a la camarera. En menos de cinco minutos vuelve aparece Diego reclamando su vaso ya que su camarera se ha puesto un poco cabrona con ellos. Se lo devolvemos. Tenemos que pensar en algo y rápido para convencer a la camarera de que no se chive a la recepción de que faltan dos vasos –quién sabe, a lo mejor nos quitan los 45 CUC de fianza por dos vasos–. No tardamos en encontrar una solución: una generosa propina seguro que la convence. Dejamos unos 10 CUC en la mesita de la habitación junto con una nota: “Perdón por los dos vasos que faltan. Esperamos que no haya ningún problema”. El mensaje no puede ser más claro: ¡te estamos comprando para que no te chives, coño! La camarera no tarda en llegar. Esperamos fuera de la habitación mientras ella la inspecciona. Cuando termina el registro sale y nos dice que faltan dos vasos. ¿Acaso nos está pidiendo más dinero? Nos hacemos los orejas: “Ya lo sabemos. Esperamos que no haya ningún problema”, dice Nacho. La camarera nos pregunta donde pueden estar los vasos. Parece que va a hacer todo lo posible por recuperarlos. Le decimos que es posible que estén en la 302 pero que ya hemos mirado. Entonces la camarera se asoma por las escaleras de la planta once y grita: “Maríaaaaaaaaaaaaaaaa, ¿hay dos vasos de sobra en la habitación tres cero doooooooooooooooooooooooos?”. Tras unos instantes de silencio se escucha desde la tercera planta a María: “Nooooooooooooooooooo”. Aun estamos convencidos de que nuestra camarera va a hacer todo lo posible por conseguir dos vasos pero todas nuestras esperanzas se van a la mierda cuando nos dice: “Pues lo siento mucho muchachos pero tendréis que pagarlos en recepción. Creo que son unos 65 kilos cada uno”. Será zorra. Encima 65 kilos por vaso. Mientras bajamos con las maletas a recepción y nos preguntamos qué coño son 65 kilos, Nacho sugiere volver a la habitación y pagar los vasos con la propina que le hemos dejado a la camarera. Sólo se queda en una sugerencia. Al llegar a recepción y devolver las tarjetas nos dicen que se van a quedar con 2 CUC de la fianza en concepto de dos vasos que hemos perdido. Bueno, tampoco ha sido para tanto.
Salimos del hotel con Iago, Iván y Diego. El resto ya se ha marchado en el primer autocar pero antes le han hecho una última foto al Deauville.

Todavía sigo preguntándome como el Deauville aguantó de pie las cinco noches que pasamos allí
Antes de montar en nuestro autocar compramos agua en la tienda que está junto al hotel –la que nos ha provisto de ron y Tukola todos estos días–. Ahora sí que sí, subimos al autocar y arrancamos rumbo a Varadero. Avanzamos durante todo el trayecto por una carretera paralela a la costa. Por el camino, el señor conductor nos obsequia con una colección de los grandes éxitos cubanos del momento. Si tengo que elegir uno, sin duda alguna me quedo con el del celular, cuya letra no tiene desperdicio.
También suena el “Yves Larock – Rise up” –desde mi móvil–. Nacho y yo pegamos una cabezadita para que el viaje se haga más corto. Después de una hora y media de viaje –aproximadamente– nos detenemos en un mirador para descansar. En realidad nos han parado para comprar artesanía variada y consumir piñas coladas pero la mayoría aprovechamos la parada para descansar. Nos hacemos una foto en el mirador.

Parada en el mirador de la piña colada
Entonces Diego e Iván deciden pedirse una piña colada. Me comentan que está muy rica. Yo ya estoy bien –aparentemente– de la tripa pero decido no jugármela con la piña colada. Diego e Iván insisten en que la piña está cojonuda. Me la juego y la pruebo. Mmm. La vuelvo a probar. Mmm. Una vez más. Decido pedirme una. Al carajo la tripa, tengo Fortasec de sobra. Cuando voy a pedir mi piña colada, Nacho y Javi ya tienen la suya. Nacho la añade un poco bastante más ron. Yo espero mi turno para pedir pero se ha acabado la piña colada y tienen que hacerla. No puedo esperar tanto porque el autocar se va así que voy a gorronear un poco de piña colada a Nacho y Javi. Creo que desde ese momento soy adicto a la piña colada.
Se acabó el tiempo de descanso así que volvemos a montar en el autocar. No tardamos en llegar a Varadero –apenas una hora–. El paisaje es completamente distinto al de La Habana: casas de una altura, pavimento en buen estado, etc. Se nota que esta ciudad vive exclusivamente del turismo. Cuando llegamos al hotel, el responsable de Angalia que viaja con nosotros en el autocar –el mismo con el que tuve la bronca por el autocar en la excursión de Viñales, aunque ya hemos limado asperezas– nos recuerda una y mil veces que no nos olvidemos nada en el autocar, que no vamos a volver a viajar en él y que probablemente no recuperemos nada de lo que nos dejemos. Supongo que en el otro autocar hacen las mismas advertencias pero aun así Ana decide olvidarse la cámara en el autocar –evidentemente fue más tarde cuando se dio cuenta del despiste–. El responsable de Angalia tiene razón; las cosas que se olvidan en un autocar cubano jamás vuelven junto a su dueño. Echamos un primer vistazo al edificio del hotel. No es que sea una maravilla pero venimos del Deauville, no puede ser peor.

Hotel Punta Arenas 24 horas todo incluido hasta que se acaba, en Varadero
Bajamos nuestros equipajes del autocar. Por suerte –para él– no hay ningún maletero estafador esperándonos para ayudarnos con el equipaje a cambio de 10 CUC. Entramos en la recepción del hotel y nos ofrecen un cóctel de bienvenida –un refresco de color rojo que yo no probé–. Nos repartimos las habitaciones. En este hotel voy a compartir la habitación 1510 –en la quinta planta, no en la quince– con David y Kike. Nos entregan las tarjetas de la habitación y nos ponen la pulsera verde que nos dará acceso a todos los servicios de “24 horas todo incluido hasta que se acaba” del hotel.
Son las 14:00 y tenemos hambre después del viaje pero antes ir a comer tenemos que escuchar una charla de uno de los responsables del hotel. Subimos a la discoteca, en la primera planta y allí nos explican las normas básicas de comportamiento del hotel. Nada que no sepamos. También nos explican las excursiones, carísimas por cierto. Por último nos advierten sobre una norma importante: “Si ustedes vienen tomados por la noche desde la discoteca, por favor, no hagan ruido ni armen escándalo en el hotel. En esos casos, van directos a la playa. Allí pueden continuar la fiesta. Pueden seguir tomando, pueden cantar, bailar, bañarse, incluso bañarse con la rependeja al aire. Pero hay una norma muy importante. No pueden hacer fogatas. Nada de fogatas en la playa”. No hacer fogatas en la playa cuando vengamos tomados. Entendido. Ahora sí que sí, vamos a comer. El buffet del edificio del hotel está cerrado así que tenemos que ir al restaurante de la playa. No tardamos en encontrarlo pues el hotel tampoco es tan grande. Nos acoplamos en varias mesas de la terraza del restaurante. Entramos y nos servimos el primer plato de entre todo lo que hay para elegir en el buffet. Parece que los espaguetis son el plato estrella. Pedimos unas cervezas en la barra para pasar las migas.

Atención al copete de mi plato de espaguetis
Después de comer un par de pinchos de espaguetis nuestras tripas empiezan a hacer sonidos raros. Aun estamos algo convalecientes del estómago –prácticamente todos– y parece que estos espaguetis no nos van a sentar nada bien. Nos volvemos a levantar y nos servimos arroz cocido. Cuando estamos terminando, una camarera se acerca para tomarnos nota del segundo plato, ya que el segundo te lo traen a la mesa. Nos da a elegir entre pollo, pescado, hamburguesa, perro –caliente– y cerdo. La mayoría pedimos perro. Ana y Javi piden pescado. No tardan en servirnos los segundos platos. No sé como Ana y Javi pueden comerse el pescado ya que su segundo plato les está mirando directamente a los ojos.

¿De dónde viene el humillo blanco que está aspirando Javi?
Terminamos de comer y nos quedamos hablando un rato en la sobremesa. El tiempo es soberbio y no tenemos ninguna prisa por marcharnos. Aun así todavía no hemos subido las maletas a las habitaciones así que decidimos que es un buen momento para hacerlo. Pasamos a recoger nuestras maletas por la recepción y nos llevamos nuestra primera sorpresa –desagradable– cuando vemos que sólo funciona uno de los tres ascensores que tiene el hotel. Aun no sabíamos todas las salsas que íbamos a bailar esperando al ascensor todos estos días. Mientras esperamos al ascensor vemos un cartel colgado en una columna. Es un horario de las actividades programadas por el hotel: aquagym, torneos de voleibol, fútbol y baloncesto, clases de baile,… ¡Clases de baile! Iván, Jorge M. y yo comentamos que no nos vamos a perder ninguna. No nos podemos ir de Cuba sin aprender a bailar salsa. Por fin llega el ascensor. Subo a mi habitación con David y Kike y nos instalamos en ella. Las vistas no son al mar, sino a un canal. No está nada mal de tamaño aunque todavía tienen que subir la cama supletoria. No estamos dispuestos a compartir cama entre nosotros. Somos demasiado viriles para eso. Yo me pongo el bañador y bajo en busca del resto del grupo mientras David y Kike se quedan vaciando sus maletas en el armario. Bajo a la recepción después de esperar un buen rato al ascensor. Allí no encuentro a nadie así que decido hacerme con una toalla de playa ya que no la he traído desde España. Seguro que las toallas se consiguen cerca de la piscina así que me dirijo para allá. Hay un bar junto a la piscina y hace calor, la excusa perfecta para pedirme un cóctel. Como soy adicto a la piña colada desde esta mañana pues me pido una piña colada. No tiene nada que ver con la del mirador pero se deja beber. Continúo con la búsqueda de la toalla y me acerco a una caseta que hay junto a la piscina. Sí, allí tienen que dar toallas. Fuera de la caseta hay un gorilón en traje y dentro hay otro tipo muy moreno y con tres dientes de oro –del que cagó el moro–. Mantengo una breve pero agradable conversación con el tipo de los dientes de oro –del que cagó el moro–.
- (Dientes de oro) ¿Argentina?
- (Yo) Pues no.
- ¿De dónde entonces helmano?
- ¿De dónde crees?
- Ah amigo. ¡¡ESPAÑA!!
Desde ese momento, el tipo cubano encargado de las toallas se ganó el mote de Argentino. Él me llamó desde entonces España. Fue el principio de una bonita amistad. Le pido una toalla. Me dice que hay que dejar un depósito de 10 CUC en recepción por la toalla, que me lo devuelven cuando la entregue. Como no tengo dinero encima, tengo que subir a la habitación a por el dinero. Paso de esperar al ascensor así que busco las escaleras para subir andando. No están dentro del hotel. La única escalera por las que uno puede subir a las habitaciones es la escalera de incendios, que va por fuera del hotel. Podéis verla tres fotos atrás, en la foto del hotel, en la parte derecha del mismo. Subo a mi habitación por la escalera de incendios. Es muy inestable y los escalones no están separados por la misma distancia unos de otros. Tomo nota mental: “no subir ni bajar por esta escalera de noche”. Mientras subo, me cruzo con David y Kike, que bajan por la escalera. Van a la playa. Sigo subiendo y por fin llego a la habitación. Cojo los 10 CUC y bajo por la escalera –paso de esperar al ascensor– hasta la recepción. Allí me entregan una hoja de papel a cambio del depósito de los 10 CUC. Me dirijo de nuevo a la caseta de la piscina. Allí siguen el gorilón y el Argentino. Le entrego la hoja de papel al Argentino y él me entrega a cambio una toalla.
Como sigo sin encontrar al grupo decido probar suerte en la playa. La arena está llena de conchas y te destroza los pies a cada paso que das. Nada, ni rastro del grupo. Veo a David y Kike así que me quedo un rato con ellos. Me doy mi primer baño en aguas cubanas –en aguas saladas porque ya me bañe en la piscina del Deauville–. La temperatura del agua es agradable pero hay muchas algas cerca de la orilla. Cuando salgo del agua, el resto del grupo está llegando a la playa. Me uno a ellos. Vemos una red de voleibol en la playa así que decidimos jugar un rato. Voy de nuevo a visitar a mi colega el Argentino para pedirle un balón de voleibol. Cuando llego le gasto una pequeña broma. “Oye amigo, he perdido la toalla”. El gorilón, que aun sigue allí, me mira por encima de las gafas de sol. No se puede creer que haya perdido la toalla en diez minutos. “Pero España, ¿cómo es eso posible?”, me responde el Argentino. Después de unos segundos de silencio les explicó que es una broma y ambos se echan a reír. “Menos mal chico porque sino te habría tocado abonarla”, comenta el gorilón entre risas. El Argentino me presta un balón de voleibol bastante desinflado pero es lo único que tiene. Vuelvo a la playa con el balón. Jugamos un partido de voleibol. O al menos lo intentamos. Jorge no para de tirar balones hacía atrás –muy hacia atrás–. Todos acabamos con los antebrazos destrozados. De pronto cae una gota. Después otra. Empieza a diluviar. Corremos a resguardarnos de la lluvia al restaurante de la playa. Ya que estamos allí aprovechamos para pedir otro cóctel. Yo pido uno de colorines que sólo sabe a azúcar. En cuestión de cinco minutos, deja de llover y vuelve a salir el sol.
Iván comenta que son casi las 16:30 y que la clase de baile empieza a esa hora. Vamos hacia la piscina pues la clase de baile se da en el bar de la piscina. Nos sentamos en las mesas del bar de la piscina a esperar a que unos canadienses terminen de lanzar anillas a unos palos –antes de las clases de baile hay una actividad que se llama crazy pool games, aunque no sé qué tiene de crazy encestar anillas en unos palos–. No tardan en terminar. Gana un tal John. Le dan una botella de ron Mulata –el único ron que sirven en el hotel– de premio. Ahora sí, empiezan las clases de baile. Durante media hora aprendemos los pasos básicos de la salsa. Al termina la clase, Carlos (Relojes) nos ayuda a Iván, Jorge M. y a mí a repasar los conceptos vistos en clase. Un par de clases más y ya los tenemos dominados.
Nos pedimos otro cóctel que también es de colores –y que también sabe mucho a azúcar– y vamos a jugar un waterpolo en las porterías de la piscina. El partido está animado. Al fondo vemos como Carlos (Relojes) y Javi echan una partida de ajedrez en el ajedrez gigante del hotel. Yo también quiero jugar así que salgo de la piscina, cojo mi cóctel de mil colores sabor azúcar y voy para allá. Cuando llego, Carlos está jugando contra un chico de magisterio. Mate pastor. Pim pam pum. Mi turno. Carlos y yo nos disponemos a echar la partida de ajedrez gigante del siglo porque en la vida he jugado delante de tanto público.

Tablero de ajedrez gigante del hotel. La foto es de otro día porque no hay público
Jorge M. se une a Carlos. Juego contra los dos. La partida no está mal aunque se nota que hace mucho que no jugamos al ajedrez. Me ganan. Le echo la revancha a Carlos. Me vuelve a ganar. Suficiente ajedrez por hoy. Vamos con el resto del grupo a las tumbonas de la piscina. Está anocheciendo y ya no hay nadie en la zona de la piscina excepto nosotros. Sacamos las cartas y jugamos al comemierda. El bar de la piscina ha cerrado así que Javi y yo vamos al bar del lobby a por una docena de piñas coladas para todos. Volvemos a la piscina con las piñas coladas. La gente está con un subidón de azúcar del quince así que sobran la mitad de las piñas coladas. Jugamos un rato más a las cartas y la gente se retira a no sé dónde. Sólo nos quedamos Nacho, Carlos (Tacto), Javi y yo jugando una mano más al comemierda. Son las 9:20 y el buffet cierra a las 9:30 así que recogemos las cartas y subimos rápido a cenar. Allí está el resto del grupo. Se habían ido a cenar y nosotros tan felices tomando piña colada en la piscina. La gente del buffet pone pegas para dejarnos entrar porque es tarde pero finalmente acceden a dejarnos cenar. Incluso uno de los cocineros me saca un plato de embutido ya que han recogido prácticamente toda la comida del buffet. No me gusta nada el embutido cubano pero Nacho y Carlos dan buena cuenta de él. Cuando terminamos de cenar subimos a nuestras respectivas habitaciones a darnos una ducha, no sin antes esperar un buen rato al ascensor.
Después de ducharme, Iván me llama por teléfono y me dice que han quedado a las 22:30 en el bar del lobby. Bajo a la habitación de Carlos, Nacho y Javi para decírselo. Les espero y bajamos juntos al bar del lobby. Allí encontramos a Iago y Jorge jugando al pimpón. Jugamos un rey de la pista a once puntos. Va llegando más gente y se une al juego. Jorge no tarda mucho en convertirse el rey de la pista tras derrotarnos a todos varias rondas consecutivas. Unos polacos –aparentemente marido, mujer y padre de la mujer– no dejan de observarnos mientras jugamos. Pasado un tiempo nos preguntan –en inglés– que si pueden jugar. Empieza jugando Jorge contra la mujer. No es muy buena a pesar de jugar al despiste, pues no para de apoyarse en la mesa y de enseñarle a Jorge su generoso escote. Yo aprovecho y salgo fuera a buscar al resto. Están jugando a la petanca sin luz y con cuatro bolas. Juego un par de partidas pero como no veo un pimiento decido entrar a pedirme un mojito. Está asqueroso el mojito del hotel así que tomo nota mental: “no pedir más mojitos en el hotel”. De momento lo único que se ha dejado probar ha sido la piña colada. Sigo siendo adicto a ella.
Vuelvo a la zona del pimpón. Jorge está jugando ahora contra el marido polaco. El nivel ha subido en la mesa de pimpón. De hecho Jorge, el maestro del pimpón, pierde la partida. Entro a jugar yo. Si a Jorge le gana, a mí me da para el pelo. Estoy más tiempo fuera recogiendo las bolas que remata fuerte y salen por la puerta que jugando. Vuelve a entrar Jorge pero esta vez juega contra el padre polaco. El nivel es máximo en pista. No hay nada que hacer. Jorge vuelve a perder. No hay nada más que ver en la mesa de pimpón así que salgo de nuevo con los de la petanca. Decidimos ir a las hamacas de la piscina mientras decidimos que hacer. No tarda en llegar el resto del grupo. Javi, Nacho, Sara, Ana y yo encabezamos una avanzadilla para explorar el ambiente de la discoteca. Está vacía y ponen reggaetón. Me pido un ron Mulata cola Tukola. No se lo bebe ni el mismo Fidel en persona. Bajo de nuevo a la piscina a informar del resto de la situación en la discoteca. Aprovecho y me siento en una tumbona para contárselo. Me recuesto. Me tumbo. Me estoy quedando dormido. Abro un poco un ojo. El resto del grupo está en un estado similar al mío. Nacho baja a buscarnos pero no estamos como para ir a la discoteca. Es la 1:30. Decido que es el momento de ir a dormir. Subo a mi habitación –después de la habitual espera del ascensor–. Kike y David han ido con las chicas de magisterio a una discoteca de Varadero –el Castillo si mal no recuerdo– y aun no han regresado. Me tumbo en la cama y pongo la alarma del móvil a las 9:00 para llegar al desayuno del buffet, que cierra a las 10:00. Antes de dormirme cambio el tono de aviso del despertador de mi móvil. ¿Adivináis cuál pongo?
Alberto Sánchez :: Abr.09.2008 :: Viajes :: 17 Comments »


Ya sé que ha quedado un poco más densa de texto que las anteriores pero en Varadero apenas hicimos fotos. Lo siento pero es lo que hay :(
Se que no se puede estar en dos sitios a la vez, pero debido al pimpon te perdiste el duelo a muerte que teniamos en la “petanca”. Yo me doy mas merito porque mis dos dioptrias me lo ponian mucho mas dificil.
¿Que es ese resquemor que tienes con los vasos del Deauville? Los baje de mi habitacion junto con la botella de tukola. Seguro que te los llevaste al malecón y se los regalaste a alguno que te improviso como hizo relojes, xD.
Por cierto, la entrada no es extensa para nada. Para los que hemos estado alli, siempre nos sabe a poco…..
No los bajé al Malecón porque no estuve en el Malecón aquella noche. Estuve ya de día y sin vaso porque no había nada más que beber… ¡chorizo! Pero te perdono xD
Ey! Yo también soy de la opinión de q no es extensa, lo q me sorprende es q seas capaz de recordar tantos detalles!!
La partida de petanca sí q fue interesante, aunq es cierto q a veces era difícil reconocer qué bola era roja y cuál negra!
Cabrones!
Y dale con los vasos !! xD. Yo esto lo llevo hasta el final si hace falta, ¡ los vasos eran mios !, y sino preguntarselo a Jorge que le desperte para cogerlos…tengo coartada! jajaj
Da igual. Seguiré defendiendo que los vasos eran míos y aplicaré la censura en los comentarios si es necesario xD
Ana, sí que me acordaba de los de las bolas. De hecho creo que yo era el que menos veía porque hasta el final no me di cuenta de que eran de colores dintintos. Como quería publicar la entrada ayer por la noche omití algún que otro detalle.
Ya queda menos para la entrada en la que le tocan el paquete a Jorge Miguel…
También sufrimos el déficit de vasos, pero conseguimos comprar nuestro perdón con 4 camisetas, 20 pastillas de jabón, 5 bolígrafos, 6 revistas y 9 carretes de hilo…. 15 pesos de mierda. No sé dónde queríais llegar xD
Lo del ping pong… impresionante. Yo jugué contra la de las bufas grandes. Era un poco mala, pero tenía mucho que enseñarnos :/ Luego se puso el padre de la de las bufas, un abuelete. Nada más coger la paleta ya se le vieron las maneras. Se sufrió mucho mucho para no ser humillado. Y… bueno, pasa lo que pasa. Si a uno siempre le han dicho que si puede huir corriendo para evitar una paliza, que lo haga… pues es lo que hice xD
El ATP1 del ping pong, el Master, el Final Boss, el que os humilló a todos de una manera cercana a lo que ya no permite la ONU, ése, a mí ni me tosió xDD
Saludos
No tengo nada que comentar… sólo quería que supieras que sigo leyendo xDDD
Bueno, sí, que coño, me autoproclamo campeón de petanca de ese día sin haber jugado antes en mi vida xD
Jorge, sabes que yo te habria ganado al pingpong, no? ^^
Yo quiero leer lo del paquete!!
No, Nacho…. eso no se sabe. Que los campos de trabajo aumentan mucho el nivel, y hace que no jugamos un montón de tiempo :P
Sólo falta que me digas que tienes mesa alli en Eindhoven. Si es así… recojo alas y te doy por ganado sin dudarlo xD
Pero al polaco no había Dios que le ganase. Se comentaba que Alberto hizo mucho deporte yendo a por la pelota cada vez que la pegaba el polaco. Lo niegas, Alberto? xD
Jorge, no sólo no lo niego sino que lo he comentado en la entrada. De hecho, creo recordar que le dije algo así (en inglés): está última bola la he recogido en territorio americano. Y es que casi la manda a la piscina el cabrón de él xD
¡Pero bueno! Que aquí se dicen muchas cosas…………. no os creais todo. Lo del paquete no es mas que pura leyenda urbana de esas que se hacen mas y mas grandes…xDD
La tuya sí que se hacía más y más grande a medida que te la tocaba la señorita jinetera.
Y a Jorge R ya se le va la olla y se piensa que todo el mundo vive en Eindhoven xDDD
Sí jorge, que hay más ciudades que empiezan por E xD. Jorge M la verdad es que las dejas a huevo xDD. Y Jorge R, hace mucho que no juego, así que ya echaremos uno ahora en junio, que seguro que estudiar no tienes mucho que estudiar
Blablabla, detalles…
Eindhoven, Edimburgo. Si tienen hasta un número parecido de silabas y rima casi asonante xD